Los Gobiernos europeos no deberían proteger en exceso a las empresas y a los consumidores del encarecimiento de la energía, ya que eso distorsiona la señal de precios destinada a reducir el consumo y podría resultar muy costoso desde el punto de vista fiscal, según ha señalado el Fondo Monetario Internacional (FMI).
La fuerte dependencia de Europa de las importaciones de petróleo y gas la ha dejado expuesta a una espiral de precios desde que el estrecho de Ormuz, una ruta vital para el transporte mundial de petróleo y gas, quedara cerrado como consecuencia de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y de los ataques de Teherán contra infraestructuras energéticas en Oriente Medio.
La Comisión Europea quiere permitir que los países destinen más fondos públicos a ayudar a las empresas con las facturas de combustible y fertilizantes, mientras los Gobiernos se apresuran a contrarrestar el impacto económico de la subida de los precios.
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"Los precios ayudan a reducir la demanda y a restablecer el equilibrio entre la oferta y la demanda. Muchas de las medidas que se están debatiendo debilitan esa señal", dijo a Reuters el jefe del Departamento Europeo del FMI, Alfred Kammer.
Si los Gobiernos intervienen, deberían centrarse en los hogares más pobres, ya que las intervenciones generales tienden a beneficiar a los hogares con mayores ingresos, que consumen más energía.
"Recomendamos transferencias a tanto alzado a los hogares vulnerables. Durante la crisis energética rusa, el coste fiscal medio en Europa fue de alrededor del 2,5% del PIB. Entre el 70% y el 80% de esas medidas no estaban dirigidas a un colectivo específico. Si las ayudas se hubieran dirigido al 40% de los hogares con menos recursos, habrían costado solo alrededor del 0,9% del PIB", señaló Kammer.
Por último, todas estas medidas de amortiguación deberían tener una fecha de finalización clara. "Algunos países siguen aplicando medidas 'temporales' de la última crisis, lo cual es claramente demasiado tiempo", señaló.
Indicó que la disciplina fiscal era crucial porque los países europeos ya se enfrentaban a enormes presiones de gasto en defensa, el envejecimiento de la población, las pensiones y la sanidad, que el FMI estimaba en un 5% del PIB para 2040.
Sin embargo, la presión de los votantes sobre los políticos para que intervengan y compensen los elevados precios del combustible era muy alta, señaló Kammer, ya que los europeos han llegado a esperar el apoyo del Estado cada vez que se produce una crisis, tras la pandemia del COVID-19 en 2020 y la crisis energética rusa en 2022.
Con información de Reuters
