En los últimos días, el caso del depredador sexual Jeffrey Epstein volvió a cobrar relevancia tras la difusión de archivos reservados por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Entre la documentación desclasificada surgieron menciones a nombres vinculados con la Argentina, entre los que se destaca el del peluquero Roberto Giordano.
Estos registros también revelaron que Epstein mantenía un interés particular y persistente por la genética y por su propio material biológico. Algunos de los correos difundidos indican que el financista se realizó análisis de ADN en el marco de investigaciones vinculadas a la medicina regenerativa y la longevidad.
De hecho, el médico Joseph Takuria, jefe clínico de un hospital vinculado a la Facultad de Medicina de Harvard, afirmó que Epstein acudió al centro de salud para someterse de manera voluntaria a análisis en el marco del Proyecto Genoma Personal de Harvard, una iniciativa de investigación orientada a estudiar en profundidad la relación entre los genes y diversas enfermedades.
Epstein realizó estos estudios luego de ser condenado por delitos de trata de personas y prostitución en el año 2008. El empresario parecía tener una fijación con la modificación de las células madre, pero no solo para fines personales: quería involucrarse en cambios genéticos de mayor alcance, según detalló el medio CNN.
Más adelante, en 2014, el abusador incluso recibió una propuesta de Takuria para financiar un estudio sobre genética que incluía hasta datos y material del propio Epstein. No está confirmado que esos análisis se hayan concretado, pero la intención resultaba evidente: el magnate mostraba una marcada obsesión con su propio material genético y con la posibilidad de ralentizar el envejecimiento de las células de su organismo.
La obsesión de Epstein con la genética: llegó a mostrarse a favor de ideas eugenésicas
Las posturas de Jeffrey Epstein generaron aún más controversia cuando, en un intercambio con un científico, expresó afinidad por planteos vinculados a la eugenesia. El correo, difundido por el diario británico The Telegraph, revela una conversación con Joscha Bach, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en la que hacía referencia a la posibilidad de modificar genéticamente a personas afroamericanas para volverlas “más inteligentes”.
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Además, mostró interés en investigaciones sobre alteración de embriones humanos. Distintos mensajes que mantuvo durante años con académicos y especialistas evidencian también su intención de recurrir a la inseminación artificial combinada con intervenciones genéticas, una práctica asociada al concepto de “bebés de diseño”.
