El pasado 7 de abril, una quincena de los más influyentes empresarios del país cenaron con Marine Le Pen, líder del partido Agrupamiento Nacional (RN) en el restaurante Drouant, uno de los más exclusivos y emblemáticos de París. Este lunes 20 de abril, el comité ejecutivo del Medef (Movimiento de Empresas de Francia) recibió en un almuerzo a Jordan Bardella, presidente del RN, un gesto que marca un punto de inflexión en la relación entre el mundo empresarial y la extrema derecha francesa. Ni Bardella ni ninguno de los participantes se pronunciaron sobre el contenido del encuentro realizado a puerta cerrada.
Un cambio de paradigma histórico
Desde la liberación de Francia en 1945, el patronato francés había mantenido una postura de rechazo público a cualquier contacto con la extrema derecha, señala Laurent Mauduit en el portal Mediapart. Este periodista y escritor que acaba de publicar el ensayo «Colaboraciones: investigación sobre la extrema derecha y los círculos empresariales» alerta sobre los recientes encuentros entre los grandes patrones y los dirigentes del RN demostrando que esta barrera está desapareciendo. Este acercamiento no es casual: la historia nos recuerda que la extrema derecha rara vez llega al poder sin el apoyo o la complicidad de las élites económicas. Ejemplos como el ascenso de Mussolini en Italia, Hitler en Alemania o Pinochet en Chile confirman esta tendencia. En todos estos casos, los sectores financieros e industriales jugaron un papel clave en la consolidación de regímenes autoritarios.
MÁS INFO
¿Por qué este giro?
Tras la disolución de la Asamblea Nacional en 2024, decidida por Emmanuel Macron, muchos empresarios se sintieron traicionados y buscan alternativas políticas. La izquierda, percibida como una amenaza mayor que la extrema derecha, ha impulsado a los líderes empresariales a explorar alianzas con el RN. Además, el partido de Le Pen ha moderado su discurso económico, adoptando posturas más cercanas al liberalismo y al "capitalismo libertario" que seduce a las élites, inspirado en modelos como los de Donald Trump en Estados Unidos o Javier Milei en Argentina.
Entre los asistentes a la cena con Marine Le Pen destacan figuras como Bernard Arnault, el hombre más rico de Francia y CEO de LVMH, quien históricamente había evitado cualquier vinculación pública con el RN. Sin embargo, en los últimos meses, Arnault ha mostrado señales de simpatía hacia la extrema derecha, incluyendo su cercanía con Donald Trump y Elon Musk, así como el apoyo de su grupo a medios afines al RN, como CNews y Le Journal du Dimanche.
Otros nombres relevantes incluyen a Patrick Pouyanné (TotalEnergies), Catherine MacGregor (Engie), Sébastien Bazin (Accor) y Jean-Dominique Senard (Renault). También estuvo presente Paul Hermelin, presidente de Capgemini, quien organizó la cena a través del club patronal Entreprises et Cités.
El Medef, la principal organización patronal de Francia, ha abandonado su postura histórica de "barrera republicana" contra la extrema derecha. Aunque en el pasado sus líderes, como Ernest-Antoine Seillière y Laurence Parisot, llamaron a votar en contra de Jean-Marie Le Pen, hoy la organización parece dispuesta a colaborar con el RN. Patrick Martin, presidente del Medef, mantuvo reuniones secretas con Marine Le Pen antes de las elecciones de 2024 y ahora promueve abiertamente el diálogo con ese partido.
El acercamiento de las élites empresariales a la extrema derecha refleja una fascinación creciente por un modelo económico radicalmente desregulado, incluso autoritario, insiste Mauduit en su nota. Muchos empresarios ven en el RN una oportunidad para avanzar hacia un "capitalismo sin democracia", donde los intereses económicos primen sobre los derechos sociales y las libertades civiles. Este fenómeno no es exclusivo de Francia: en Brasil, Argentina y Estados Unidos, líderes como Bolsonaro, Milei y Trump han demostrado que el capitalismo puede coexistir e incluso prosperar, bajo regímenes autoritarios.
Terremoto en el mundo editorial
Tras el despido de Olivier Nora de la prestigiosa editorial Grasset por parte de Vincent Bolloré, más de 170 autores anunciaron su salida de la prestigiosa editorial en señal de protesta. Entre los autores más destacados que abandonaron Grasset se encuentran: Virginie Despentes, Bernard-Henri Lévy, Sorj Chalandon, Frédéric Beigbeder, Vanessa Springora, Delphine Horvilleur, Anne Sinclair, Jean-Paul Enthoven, Anne Berest, Alain Minc (quien llevaba cuarenta años en la editorial).
En una carta abierta publicada el 15 de abril los autores sostienen que el despido del director de Grasset supone un «atentado inaceptable contra la independencia editorial y la libertad creativa». « Una vez más, Vincent Bolloré dice “esta es mi casa y hago lo que quiero”, despreciando a quienes publican, a quienes acompañan, editan, corrigen, fabrican, difunden y distribuyen nuestros libros. Y despreciando a quienes nos leen. No queremos que nuestras ideas, nuestro trabajo, sean de su propiedad ».
David Dufresne, uno de los autores publicados por Grasset, rompió su contrato en directo en la televisión sosteniendo que “hay que dejar de hablar de batalla cultural, en primer lugar porque es muy despectivo hacia Gramsci, pero sobre todo porque es un eufemismo de lo que está pasando. No es una batalla, es una guerra industrial, mediática y política. Bolloré declara la guerra a todo lo que no se le parece. La ferocidad del capitalismo, que siempre se ha aplicado en la gran distribución y en la industria, llega al mundo de los medios de comunicación y la literatura”
Un colectivo de más de 200 editores y editoras, entre los que se encuentran Antoine Gallimard, Françoise Nyssen y Denis Olivennes, consideran que la destitución de Olivier Nora «supone un cambio sin precedentes: por primera vez un grupo mediático y editorial no oculta sus intenciones políticas y libra una guerra cultural e ideológica a plena luz del día ».
En un texto publicado por La Tribune dimanche, más de 300 autores y autoras o actores y actrices del mundo editorial también han pedido la creación de una cláusula de conciencia: «Es hora de poner un límite. Este límite tiene un nombre: la cláusula de conciencia. Existe para los periodistas. Debe ampliarse, no para debilitar a las empresas, sino para restablecer un equilibrio elemental entre la libertad de emprender y la libertad de no servir aquello que se desaprueba». Mientras tanto, un centenar de empleados y empleadas del grupo Hachette, perteneciente a Bolloré, se pronunciaron preocupados por el futuro de la editorial manifestando su apego a la libertad de creación y a la pluralidad de voces.
MÁS INFO
La influencia de la extrema derecha en la cultura y la prensa francesa: el papel de Vincent Bolloré y Pierre-Édouard Stérin
Vincent Bolloré, uno de los empresarios más poderosos de Francia, utiliza su imperio mediático para difundir ideas afines a la extrema derecha. A través de su grupo Vivendi, controla medios clave como CNews Canal de televisión conocido por su línea editorial conservadora, con programas que promueven discursos anti inmigración, anti islam y euro escépticos. Figuras como Éric Zemmour han encontrado en CNews una plataforma para normalizar sus ideas. Le Journal du Dimanche (JDD), la radio Europe 1 y Prisma Media, principal grupo de revistas (40 millones de lectores), contribuyen a un ecosistema mediático favorable a narrativas de extrema derecha. Bolloré mantiene una relación cercana con Marine Le Pen y Jordan Bardella. Su amistad con Bernard Arnault (LVMH) refuerza la alianza entre las élites económicas y los partidos nacionalistas. Además, su apoyo a figuras como Donald Trump y su admiración por modelos de capitalismo desregulado reflejan su alineación con una agenda política conservadora en lo social y liberal en lo económico.
Pierre-Édouard Stérin: el estratega de la "reconquista cultural"
Pierre-Édouard Stérin, fundador de Smartbox y conocido por su activismo político, ha jugado un papel clave en la financiación y promoción de la extrema derecha. Su influencia se extiende a través del "Plan Périclès", un proyecto diseñado para movilizar recursos económicos y mediáticos con el objetivo de llevar a la extrema derecha al poder. Stérin ha buscado financiamiento en fondos de inversión como Eurazeo (vinculado a Lazard, uno de los bancos más influyentes de Francia) apoyando a figuras clave como Éric Zemmour y Marine Le Pen, facilitando conexiones entre el mundo empresarial y la política de extrema derecha, promoviendo una narrativa de "reconquista cultural", donde la identidad nacional, el rechazo a la inmigración y la crítica al "wokismo" son centrales. La alianza entre Bolloré, Stérin y las élites empresariales envía un mensaje claro: la extrema derecha ya no es un paria, sino un actor válido en el tablero político.
La historia advierte sobre los riesgos de esta alianza. Como señalaba el escritor Daniel Guérin en su libro Fascisme et grand capital (1936), “el fascismo no surge solo para reprimir revoluciones, sino para garantizar los beneficios del capital”. Hoy podemos escuchar como un eco, la indignación de Daniel Guérin de hace 90 años: « Otra razón por la que el fascismo pudo arraigarse con relativa facilidad fue, ¿acaso hace falta repetirlo?, la división entre los trabajadores: la división fratricida entre socialistas y comunistas contribuyó en gran medida a desarmar a la izquierda frente al adversario fascista ». El acercamiento entre el mundo empresarial y la extrema derecha en Francia podría sentar las bases para un futuro político y económico incierto, donde la democracia quede definitivamente subordinada a los intereses del capital.
