El crudo relato de una mujer palestina detenida por ICE y las similitudes con la ocupación israelí

En una entrevista con The Guardian, Leqaa Kordia contó lo que vivió en su detención durante más de un año bajo custodia de ICE. Qué cosas le recordaron a su vida en la ocupada Cisjordania.

01 de abril, 2026 | 16.42

El testimonio de Leqaa Kordia, una mujer palestina detenida durante un año bajo control de ICE en Estados Unidos, expone las ilegales e inhumanas condiciones dentro del sistema migratorio. En una entrevista exclusiva con The Guardian, relató abusos, negligencia y situaciones que, según afirma, le recordaron a su infancia bajo la ocupación israelí.

Leqaa Kordia vive hace casi una década en Estados Unidos tras emigrar desde el territorio palestino ocupado de Cisjordania para reunirse con su madre, ciudadana estadounidense. Sin antecedentes penales y con un trámite de residencia en curso, su situación migratoria parecía encaminarse a regularizarse. Sin embargo, en abril de 2024 fue arrestada durante una protesta pro-palestina frente a la universidad de Columbia, en rechazo al genocidio en Gaza.

Aunque los cargos fueron retirados al día siguiente, su detención derivó en un prolongado encierro bajo custodia de ICE. Durante ese período, también fueron detenidos otros estudiantes palestinos, como Mahmoud Khalil y Mohsen Mahdawi, cuyos casos luego fueron considerados inconstitucionales por la Justicia estadounidense.

Kordia pasó más de un año detenida en el centro Prairieland, en Texas, donde convivió con decenas de mujeres en condiciones de hacinamiento. Según su relato, durante semanas durmió en un colchón “tan fino como papel” sobre el suelo, en un ambiente marcado por el frío constante y la falta de recursos básicos. La experiencia, dijo, estuvo atravesada por múltiples situaciones de degradación que, en sus palabras, “llevarían días” de enumerar.

Entre las más graves, destacó la falta de atención médica adecuada, que derivó en su hospitalización tras sufrir una convulsión, así como el acceso limitado a agua potable, que en ocasiones presentaba impurezas visibles. También cuestionó la calidad de la comida, que describió como incomible, y las restricciones para ejercer su religión. A esto se sumaba, afirmó, un trato deshumanizante por parte de los guardias, quienes se dirigían a las detenidas por números en lugar de sus nombres.

Para Kordia, estas condiciones no solo reflejan fallas estructurales del sistema de detención migratorio, sino que también evocan experiencias de su infancia en los territorios palestinos ocupados. Según explicó, el patrón de humillación, indiferencia y pérdida de dignidad le resultó familiar, al punto de trazar paralelismos directos entre ambas realidades.

El desconocimiento sobre los centros de detención 

Tras más de un año bajo custodia de ICE, Kordia aseguró que existe un fuerte desconocimiento público sobre lo que ocurre dentro de estos centros. “La gente no sabe cómo es realmente”, advirtió y describió un sistema que, según su experiencia, despoja a las personas de su dignidad.

La mujer también relató que muchas detenidas sufrían crisis emocionales ante la indiferencia de los guardias, mientras que otras —incluidas embarazadas, enfermas o ancianas— no recibían asistencia adecuada. “La palabra ‘centro de detención’ suena bien, pero no lo es. Es una cárcel”, insistió.

Además, denunció prácticas que calificó como “inhumanas”, como los traslados constantes entre centros —que en algunos casos impedían asistir a audiencias judiciales— y condiciones básicas deficientes, desde la falta de agua segura hasta instalaciones en mal estado. “La humillación es diaria”, resumió.