Para los niños desnutridos de Somalia, que ya sufren la doble catástrofe de una hambruna inminente y recortes drásticos en la ayuda exterior, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán supone algo más que un aumento vertiginoso de los precios del combustible; es una cuestión de vida o muerte.
La escasez de alimentos terapéuticos vitales, agravada por las interrupciones en el transporte marítimo, está obligando a las clínicas a rechazar a niños gravemente desnutridos y a racionar los suministros, según informa Reuters.
Casi medio millón de niños menores de 5 años padecen "desnutrición aguda grave" o "emaciación", la forma de hambre más letal, y los retrasos están agravando el efecto de las reducciones de la ayuda.
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LOS NIÑOS DE SOMALIA DEPENDEN DE UNA AYUDA ALIMENTARIA CADA VEZ MÁS ESCASA
Los trabajadores sanitarios de Baidoa y Mogadiscio afirman que han tenido que estirar las escasas existencias de leche especializada y pasta a base de cacahuete rica en nutrientes, vitales para salvar a estos niños.
"Dado que las necesidades son grandes y no disponemos de muchos suministros, nos hemos visto obligados a seguir reduciendo la cantidad que damos a los niños", dijo el enfermero Hassan Yahye Kheyre.
Las 225 cajas de pasta de cacahuete que quedan en su clínica, que atiende a más de 1.200 niños, probablemente se agotarán en dos semanas, según el Comité Internacional de Rescate (IRC, por sus siglas en inglés), que abastece al centro.
"Si el tratamiento es intermitente, los niños se debilitarán mucho, tanto física como mentalmente. Y puede que no sea posible revertir esa situación", añadió Kheyre.
El IRC es una de las tres organizaciones humanitarias que han señalado que los retrasos en el transporte y el aumento de los costos relacionados con la guerra en Irán están agravando una situación ya de por sí complicada.
En la clínica de la ciudad de Baidoa, en el suroeste del país, gestionada por READO, socio local del IRC, Muumino Adan Aamin, madre de nueve hijos, ha estado intentando conseguir pasta de cacahuete para Ruweido, su hija de 11 meses.
Ruweido sigue un tratamiento de tres sobres al día, pero a Aamin la han rechazado dos veces porque la clínica se había quedado sin existencias en ambas ocasiones.
Aamin estuvo a punto de perder a su hija Anisa por el hambre cuando una sequía anterior llevó a Somalia al borde de la hambruna en 2017. "Solo piel y huesos", la niña solo sobrevivió gracias a la pasta de cacahuete, dijo Aamin.
Nueve años después, una nueva sequía ha sumido a 6,5 millones de personas, es decir, a uno de cada tres somalíes, en una situación de hambre aguda, y las organizaciones humanitarias intentan desesperadamente cubrir las carencias.
Un pedido de pasta de cacahuete del IRC que habría alimentado a más de 1.000 niños quedó bloqueado hace dos meses en el puerto indio de Mundra, ahora congestionado con cargamentos desviados que no pueden atracar en el golfo Pérsico, según explicó Shukri Abdulkadir, coordinador del IRC en Somalia.
Tras ser informados de que la pasta de cacahuete, fabricada en India, tardaría al menos 30 días más en llegar, el IRC canceló el pedido.
Realizó un pedido de emergencia de 400 cajas desde Nairobi y está trasladando los suministros de Mogadiscio a Baidoa mientras los espera.
Sin embargo, el aumento de los costos de transporte y fabricación ha elevado el precio de una sola caja de 55 a 200 dólares, según CARE International, cuyo último pedido ahora solo alcanza para 83 niños en lugar de 300.
LA AYUDA ALIMENTARIA VITAL TARDARÁ MÁS Y COSTARÁ MÁS
En 2024, las entregas de leche terapéutica y alimentos terapéuticos listos para el consumo desde Europa a Somalia solían tardar entre 30 y 35 días, lo que aumentó a entre 40 y 45 días en 2025, ya que los buques se desviaban alrededor de África debido a las amenazas de seguridad en el mar Rojo.
Desde que Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero e Irán cerró la entrada al golfo Pérsico, la falta de buques ha alargado ese plazo a entre 55 y 65 días, según Mohamed Omar, responsable de Salud y Nutrición de Acción contra el Hambre en Mogadiscio.
Mientras tanto, en Somalia, el indicador global de hambre del IPC señala que más de 2 millones de personas se encuentran ahora en la fase de "emergencia", un nivel antes de la hambruna.
Las admisiones de niños con desnutrición grave entre enero y marzo en los centros de salud apoyados por Acción contra el Hambre aumentaron un 35% con respecto al año pasado.
El personal del Hospital General de Daynile, que está tratando a 360 niños por emaciación, dijo el 20 de abril que apenas tenían suministros suficientes para la semana.
"El estado nutricional de algunos niños ya ha empeorado", dijo la supervisora de salud y nutrición, Xafsa Ali Hassan.
Somalia no figuraba entre los 17 países empobrecidos seleccionados para recibir una parte de los fondos de este año asignados a la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés) por Estados Unidos, que ha realizado los recortes más drásticos entre los donantes de ayuda exterior.
La OCHA afirma que se han cerrado más de 200 centros de salud y se han disuelto equipos móviles.
En diciembre señaló que, como consecuencia, más de 60.500 niños con desnutrición grave habían quedado sin tratamiento, y que la cifra podría ascender a 150.000 si persistían los déficits de financiación.
Luego, cuando estalló la guerra de Irán, los precios internos del combustible se dispararon un 150%.
"Somalia se ha visto muy afectada por la guerra de Irán porque la población aún se está recuperando del impacto de la sequía anterior", dijo Abdulkadir, del IRC. "Es muy difícil para la gente absorber estas crisis".
La OCHA ha solicitado 852 millones de dólares a los donantes internacionales para evitar una hambruna total.
Esta cifra está muy por debajo de los 1.420 millones de dólares que solicitó el año pasado; sin embargo, apenas ha recibido el 14% de esta cantidad.
(Información adicional de Abdirahman Hussein en Mogadiscio y Charlotte van Campenhout en Ámsterdam; edición de Mike Collett-White y Kevin Liffey; edición en español de Paula Villalba)
