El precio internacional del petróleo volvió a escalar en los últimos días impulsado por la tensión geopolítica en Medio Oriente. El barril de Brent, referencia para el mercado argentino, subió cerca de 20 dólares en la última semana hasta ubicarse alrededor de los 90 dólares, con un aumento acumulado de 49% en lo que va de 2026.
Si bien, por un lado, mejora la ecuación para las empresas que exportan crudo desde la Argentina, especialmente a partir del crecimiento de la producción en Vaca Muerta; también introduce presión sobre el precio de los combustibles que se venden en el mercado interno.
El crudo europeo Brent avanza otros 7,02% hasta los u$s91,42 el barril, acumulando un incremento semanal de 26% y alcanzando su nivel más alto desde marzo del año pasado. De manera, el petróleo estadounidense WTI salta 10% hasta los u$s89, su cotización más alta desde septiembre de 2023, luego de que esta semana avanzara 33%.
MÁS INFO
Algunos analistas advierten que una guerra prolongada con corte de suministro podría elevar los precios por encima de los u$s100. La pregunta es hasta qué punto el aumento del precio internacional se trasladará al surtidor. En los últimos años, el mercado local pasó a tener una mayor vinculación con las cotizaciones globales, lo que implica que los movimientos externos terminan influyendo en los costos de refinación y comercialización.
Las empresas del sector energético siguen de cerca la evolución del barril. Un precio más alto mejora los ingresos de las compañías que exportan petróleo, pero al mismo tiempo encarece el insumo que utilizan las refinadoras para producir combustibles.
Impacto en Vaca Muerta
Durante los últimos años, la producción de hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta permitió que el país incrementara sus exportaciones energéticas. En ese contexto, un barril más caro mejora el valor de los embarques de petróleo y refuerza los ingresos externos del sector.
Por un lado, aumenta la facturación de las empresas que exportan crudo. Por otro, eleva el ingreso de dólares que llegan al país a partir de esas ventas.Ese escenario es seguido de cerca por el Gobierno, que en distintos momentos planteó al sector energético como uno de los motores para la generación de divisas. Con precios internacionales más altos, la rentabilidad de los proyectos de extracción también mejora, lo que podría incentivar nuevas inversiones en exploración y producción.
Sin embargo, el impacto no es homogéneo para toda la economía. El aumento del petróleo también encarece los combustibles que se utilizan en transporte, producción industrial y actividades agrícolas. En ese punto aparece una tensión habitual en los países productores: el beneficio que genera el precio alto para las exportaciones convive con un efecto inflacionario sobre el mercado interno.l mercado interno.
