El ajuste en la mesa: crecen los recortes en alimentos y el cambio a marcas más baratas

Mientras las consultoras prevén un IPC cercano al 3% para febrero, 6 de cada 10 consumidores reemplaza productos por opciones más económicas y el 70% financia gastos cotidianos con crédito o préstamos.

09 de marzo, 2026 | 00.05

En la semana en la que se conocerá el dato oficial de inflación del segundo mes del año las proyecciones señalan una aceleración de los precios, a la par que la preocupación central de las familias sigue siendo cómo llegar a mitad de mes. El golpe al bolsillo, se traslada al momento de comprar los productos de consumo esencial: un relevamiento mostró que al menos 4 de cada 10 personas considera que su situación económica empeoró el último año, el 60% de los hogares declaró que “no le alcanza o apenas llega a fin de mes” y que tuvo que hacer ajustes en alimentos por falta de recursos y para sumar ingresos, y más de la mitad recurrió a sus ahorros, pidió créditos formales o préstamos a familiares e, incluso, sumó un trabajo extra. 

Así las cosas, como consecuencia de la aceleración inflacionaria y la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos, 6 de 10 consumidores ya cambió a marcas más baratas. Mientras crece la fragmentación social, el 60% no pudo comprarse ni ropa ni calzado y el 80% no compró ningún electrodoméstico. De forma que el orden de prioridades se reconfiguró al punto de que lo que más miran al comprar es el precio y las promociones o cuotas (65%).

En este marco, la inflación preocupa el doble que hace cuatro meses atrás y, de hecho, las proyecciones del mercado confirman lo que las familias ya sientes en sus bolsillos. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central ajustó al alza la inflación para febrero (sería del 2,7%, un +0,6 puntos porcentuales que el pronóstico anterior) y para 2026 se ubicaría en 26,1% (antes era de 22,5%). Las consultoras privadas, por su lado, esperan una inflación más cercana al 3% con el rubro Alimentos como principal motor inflacionario del mes (suba en torno al 4%, explicado por el aumento de carnes, frutas, lácteos, aceites). El dato oficial (IPC-INDEC) se conocerá este jueves.

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La cotidianeidad del ajuste familiar 

Al inicio del tercer año del Gobierno de Javier Milei, las familias argentinas siguen sin llegar a fin de mes: control del gasto día a día, cambio de marcas, búsqueda de precios, uso de diferentes medios de pago y restringirse a lo más necesario aparecen entre las principales características que definen el día a día de la mayoría de los hogares, a lo que se suma el creciente endeudamiento que ahoga aún más a las economías domésticas.  

Esto ocurre en una coyuntura en la que, pese al discurso oficialista en redes sociales, los datos evidencian que en los últimos meses la inflación viene mostrando una sostenida aceleración que la ubicó por encima del 2% mientras, en contraste, los ingresos atraviesan un deterioro como resultado del ancla salarial (techo a las actualizaciones paritarias) mediante el cual el Ejecutivo busca contener los precios vía un consumo en franco retroceso.

Desde junio del 2025, la inflación no ha parado de crecer y pasó de un 1,5% mensual en mayo al 2,9% en enero de este año, máximo registro en 9 meses. Particularmente, tras una calma momentánea, los alimentos y bebidas acumularon tres meses por encima del total. En noviembre y diciembre de 2025 y enero de 2026 la inflación mensual de alimentos y bebidas fue de 2,8%, 3,1% y 4,7% respectivamente, más que el nivel general (+2,5%, +2,8% y +2,9%, en cada caso).

De esta forma, con salarios que vienen en caída libre desde al menos la última década sumado a la pérdida de fuentes laborales, el ajuste estatal en partidas sociales, y aumentos sostenidos en servicios públicos, para mayoría de las familias argentinas es prácticamente imposible llegar a cubrir el costo de vida básico. Así lo revelan diferentes informes privados a los que accedió este medio.  

El ingreso disponible de los hogares (poder de compra una vez que se realizan los gastos fijos) cayó durante los últimos meses y no parece emitir señales de recuperación próxima. “Si bien aún estamos lejos de los mínimos experimentados a principios de 2024, el ingreso disponible se ha ubicado claramente por debajo del promedio de 2023”, señaló un documento de la consultora Ecolatina y la plataforma de análisis de consumos ShopApp. A la combinación de mayor inflación y menor poder adquisitivo de ingresos hay que sumar un mercado de trabajo que continúa deteriorándose y muestra que los ocupados deben trabajar más horas y tener más de un trabajo para subsistir. A su vez, el Gobierno anunció un esquema de actualización tarifaria para 2026 que también golpeará en el ingreso disponible.

En ese escenario, el relevamiento de dichas consultoras mostró que actualmente, el 60% de los hogares declaró que “no le alcanza o apenas llega a fin de mes” mientras que la proporción de encuestados que declaró que ahorra solamente entre 0% y 10% de su ingreso pasó de ser el 25,7% en junio de 2025 a más de la mitad en enero de 2026. 

La pérdida de poder de compra tiende a reordenar rápidamente la canasta de consumo de los hogares relegando, por ejemplo, los gastos recreativos y las salidas fuera del hogar, a la vez que pone sobre la mesa la creciente heterogeneidad y fragmentación social resultado de las políticas económicas actuales. “Cada vez hay una mayor proporción de personas que declaran no salir a comer, hoy ese valor llega al 48,6% y creció 1,4 puntos desde octubre”, precisó el informe. Sin embargo, como contrapartida, “hay una creciente proporción de hogares que indican que comen dos veces por semana fuera de su casa. Este valor pasó de 3,1% en octubre a 5,6% en enero de este año”. 

Esto da cuenta de que “el consumo fuera del hogar no desaparece, pero se vuelve más desigual, crece con fuerza el grupo que deja de salir a comer, mientras un segmento más chico mantiene o incluso aumenta esa frecuencia y el resultado es una mayor polarización del consumo, que refleja que la mejora agregada sigue concentrada en pocos hogares”, señalaron.

Por su lado, el reciente informe de QMonitor titulado “Argentina: clima político, económico y social” señaló que el 71% de los encuestados tuvo que hacer recortes para llegar a fin de mes y el 50% admitió no tener capacidad de ahorro en tanto que un 30% solo “ocasionalmente”. Otros datos alarmantes precisaron que, en los últimos 5 meses, en promedio el 60% no pudo comprarse ni ropa ni calzado y el 80% no compró ningún electrodoméstico.

Como resultado de esta situación que atraviesan las familias argentinas, en materia de consumos, el 63% de los encuestados debió optar por marcas más económicas, de forma que el orden de prioridades se reconfiguró y lo que más miran al comprar es el precio (39%) y las promociones o cuotas (24%), relegando la calidad como aspecto relevante (8%). De esa manera, en caso de que una marca habitual aumente demasiado, el 50% de los consumidores opta por “reemplazarla de inmediato por una opción más barata".

No obstante, la elección de marcas más económicas y el seguimiento casi constante de los precios no son suficientes para paliar el golpe al bolsillo de los trabajadores. Tal es así que creció también la dependencia del crédito para el sostenimiento de la vida cotidiana: el 70% de los argentinos financia sus gastos cotidianos, como alimentos y servicios, de manera frecuente o eventual.

Para la consultora, estos números evidencian " un límite claro en la calidad de vida que podría condicionar el humor social en los próximos meses si la presión sobre el bolsillo no cede".

No es menor, ya que con la toma de deuda aparece en escena otro fenómeno que condiciona el presente y futuro de los hogares, la mora.  “El análisis realizado sobre la Central de Deudores del BCRA (que contempla deuda de todos los tipos, tarjetas o créditos) arroja que son las deudas más pequeñas las que muestran niveles de mora más alto: las deudas del decil uno; es decir, las deudas de aquellas personas que adeudan entre $25.000 y $123.000, entre ellos la mora llega al 27,9%”, indicó un informe del Instituto Argente Grande (IAG).

Para entender la dependencia de sectores medios y bajos de la deuda hay que considerar el deterioro sostenido del poder de compra de los salarios. “La evolución del salario mínimo, que debería ser el piso de referencia, muestra claramente la decisión de pisar los ingresos”, alertó un informe sobre ingresos del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE). El salario mínimo perdió 35% de su poder de compra en lo que va de la gestión libertaria, y actualmente ni con 5 mínimos una familia llega a comprar una canasta básica que define la línea de pobreza para un hogar tipo.

En el caso del salario real privado, quedó 6% debajo del nivel previo a la asunción de Milei y cada trabajador acumula una pérdida de 2,1 millones de pesos. Los más afectados son los estatales, ya que el salario perdió 4% adicional en los últimos cuatro meses y quedó 22% por debajo del nivel previo a la asunción de La Libertad Avanza (LLA). Cada estatal perdió 10,7 millones de pesos en promedio desde entonces

Del mismo modo, las jubilaciones perdieron 24% de poder de compra y cada jubilado acumula, en promedio, una pérdida de 5,4 millones de pesos. Quienes cobran la mínima perdieron 29% de su poder de compra y acumulan una perdida equivalente a 7 jubilaciones de 2023.

Pocas expectativas 

El 42% de las personas consideró que su situación económica empeoró el último año y el 16% indicó que sigue siendo igual de mala que en 2024. Mientras que el 56% señaló que debió hacer ajustes en alimentos por falta de recursos. Seis de cada diez respondieron que debieron cubrir con desahorro, crédito formal o familiar o, incluso, con un trabajo extra y el 32% tiene más de un empleo. Así se despende del último documento sobre “La Cocina de los Cuidados” del CELS desde donde mostraron también que “creció el subgrupo que asiste a un comedor o recibe mercadería (14% vs 8%), y la mayoría dentro de este grupo (un 60%) identifica que hay menos disponibilidad de alimentos que antes”. 

En este panorama, la principal preocupación económica personal ronda entre la dificultad para encontrar trabajo (28%), la suba de precios (26%) y las dudas o créditos (22%), según los números de QMonitor.

Sobre la preocupación por la inflación, acompaña el rebote inflacionario de los últimos meses, y “se ha duplicado desde el registro de octubre a hoy, pasando de un 7,4% al 15,9% de este mes”, de acuerdo con Ecolatina. En consecuencia, “la problemática se siente muy lejos de estar resuelta”. De hecho, como contó El Destape en esta nota, la inflación se disparó en la primera semana de marzo, impulsada principalmente por fuertes aumentos en la carne y el rubro educativo, en un contexto en el que los precios regulados también presionaron al alza.

Por último, de cara a los próximos meses, desde el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) alertaron que “el dato clave es que los niveles de inflación persisten por encima del 2% mensual (más cercanos al 3%) consolidando un piso de inflación estructural. El primer bimestre de 2026 acumula, según nuestros registros, un 5,7%, lo que torna improbable (sino imposible) alcanzar una inflación anual total en torno al 10%, según el objetivo trazado en el Presupuesto Nacional 2026; incluso, antes de considerar los efectos colaterales económicos que a nivel global, puede acarrear el conflicto bélico recientemente iniciado entre EE.UU – Israel vs Irán”, plantearon.