La desesperación detrás de la crisis: más de 3 millones de personas tienen "deudas irrecuperables"

La mora en créditos familiares alcanzó los niveles más altos de las últimas décadas. En monto, equivale a más de $39 billones. El endeudamiento promedio por hogar ronda los $5,7 millones. El plan del Gobierno es una política agresiva de endeudamiento como único instrumento para tratar de reactivar la economía.

28 de mayo, 2026 | 15.42

Caída del poder adquisitivo, una inflación que no para de crecer, una política agresiva de endeudamiento como único instrumento para tratar de reactivar la economía, tasas usureras para frenar la dolarización y la ausencia total del Estado para amortiguar el impacto negativo en los hogares es un combo que solo puede tener un final: el peor de todos, una crisis bancaria que derramará en financiera. El crédito, instrumento utilizado por las familias para gastos en bienes durables (casas, autos, electrodomésticos o prendas de alta costura) que exceden su capacidad de pago, mutó en un canal para comprar comida todos los meses. El salario no se mueve y las necesidades de comer, generalmente, tampoco. El resultado es que la cuota de la tarjeta se hace impagable y se entra en la reestructuración constante del préstamo que no se paga. Los bancos hacen lobby para que la cadena usurera se mantenga y las personas solo pueden pagar el mínimo. "Sabemos cómo solucionarlo", dijo días atrás el CEO del Santander, y el gobierno de Milei aceptó la premisa. 

La cantidad de personas que no logra sostener el pago de sus deudas volvió a crecer en los últimos meses y dejó al descubierto un deterioro extendido en la capacidad de pago de los hogares. Los datos del sistema financiero muestran que el aumento de la morosidad ya no aparece como un fenómeno aislado de algunos segmentos --que podría especularse con los deciles de menores ingresos-- sino como un proceso que atraviesa a buena parte del crédito al consumo, con especial impacto en quienes toman préstamos pequeños y en quienes recurren a entidades no bancarias para financiar gastos corrientes.

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Un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) señaló que en marzo había 3.384.299 personas humanas con deudas que acumulaban atrasos de un año o más, categoría que el sistema financiero clasifica como “deudor irrecuperable”. La cifra representa un aumento interanual del 93 por ciento: son 1,6 millones de personas más que hace un año en la peor situación crediticia posible. Según el relevamiento, el sistema financiero y no financiero reúne actualmente a 20,6 millones de personas endeudadas. De ese total, el 16 por ciento se encuentra en situación 5 ("deudores irrecuperables", el escalón más crítico de mora. Un año atrás, ese porcentaje era del 9 por ciento.

El trabajo remarcó que el deterioro no se explica por un aumento masivo de nuevos tomadores de deuda sino por un empeoramiento de los perfiles crediticios. “El aumento de la cantidad de los deudores en situación 5 no se debe a un aumento de la cantidad de deudores, se debe a un empeoramiento de los perfiles de deuda”, indicó el informe. En paralelo, también cayó la cantidad de personas que todavía logran mantenerse al día con sus pagos: hay 785.307 menos en la categoría de “deudores situación 1” (que pagan a término) respecto de marzo del año pasado. La radiografía por montos adeudados muestra además que las dificultades para pagar se concentran con mayor fuerza entre quienes tienen deudas más bajas. El informe del Instituto Argentina Grande señaló que el decil más bajo de endeudamiento —personas que deben hasta 83.000 pesos— presenta una tasa de morosidad del 35 por ciento. El segundo decil, integrado por quienes adeudan entre 83.001 y 206.000 pesos, exhibe exactamente el mismo porcentaje.

La conclusión del estudio apunta a que los niveles de incumplimiento más altos se registran entre personas que utilizan el crédito para cubrir consumos cotidianos y que cuentan con menor capacidad de absorber aumentos de tarifas, alimentos y servicios financieros. “3,5 de cada 10 pesos que adeudan tienen más de tres meses de retraso en su pago”, detalló el informe al describir la situación de esos segmentos. La expansión de la mora también se refleja en el sistema financiero tradicional. El último informe del Banco Central indicó que el índice general de irregularidad ascendió al 7% en marzo, con una suba de 0,3 puntos porcentuales respecto del mes anterior. Dentro de ese promedio, la mora de las familias alcanzó el 11,5%, también con una suba mensual de 0,3 puntos.

Crisis al alcance del celular

El problema se volvió especialmente visible en el crédito de consumo y en las financiaciones otorgadas por fintech y billeteras virtuales. Un informe de la consultora EcoGo, elaborado sobre datos oficiales, sostuvo que el 27,5 por ciento de las carteras de entidades no bancarias presenta irregularidades y que el 10,8 por ciento de los préstamos otorgados por ese segmento acumula más de un año de atraso en los pagos. El trabajo calculó que esos créditos irregulares equivalen a aproximadamente 1,5 billones de pesos. Un año atrás, la proporción de deudores irrecuperables dentro de las fintech era de apenas 2,6 por ciento. “La mayor parte del deterioro se concentra justamente en los deudores con mora prolongada”, señaló el informe de la consultora que conduce Marina Dal Poggetto. 

Las entidades financieras tecnológicas aparecen desde hace meses como uno de los focos principales del problema. Las tasas de interés más elevadas, la facilidad para otorgar préstamos inmediatos y la utilización del crédito para cubrir gastos corrientes terminaron ampliando el nivel de exposición de millones de hogares. Según distintos estudios privados, la mora en fintech ya supera el 20 por ciento y se ubica muy por encima de la registrada por los bancos tradicionales. El crecimiento de la deuda también modificó la relación entre ingresos y compromisos financieros de las familias.

EcoGo estimó que en octubre del año pasado el endeudamiento familiar equivalía al 155 por ciento de los salarios y que en marzo descendió al 145 por ciento, aunque todavía en niveles elevados. Para la consultora, esa desaceleración podría anticipar cierta estabilización futura de la morosidad, aunque el escenario continúa condicionado por el deterioro de los ingresos reales y el aumento de los costos financieros. En términos agregados, la deuda total en situación de mora asciende a 39 billones de pesos. De ese total, 32,1 billones de pesos corresponden a compromisos bancarios y otros 6,9 billones a deudas contraídas por fuera del sistema financiero formal.

Si se toman las distintas categorías de morosidad --por plazos de atraso en los pagos-- estimaciones bancarias y consultoras privadas coinciden en que más de 5 millones de argentinos enfrentan problemas de mora. El endeudamiento promedio por hogar ronda los 5,7 millones de pesos en el sistema bancario y otros 1,1 millones en compromisos tomados fuera de ese circuito.

Un primer salvavidas

Los bancos comenzaron a responder con nuevas estrategias comerciales frente al aumento de incumplimientos, pero siempre capitalizando los intereses en nuevos empréstitos. El Banco Nación lanzó en los últimos días dos líneas de asistencia para deudores y presentó la iniciativa como un “kit de soluciones” destinado tanto a clientes propios como de otras entidades. Desde la entidad señalaron que uno de los objetivos es captar personas endeudadas en otros bancos y fintech mediante tasas más bajas y esquemas de consolidación de pasivos.

“Les ofrecemos consolidar todas sus deudas en un solo banco y convertirse en clientes nuestros”, explicaron desde la entidad al anunciar el programa. Mientras tanto, desde el Gobierno minimizaron el alcance de la situación. El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, sostuvo días atrás que el pico de la morosidad “se dio en el verano” y afirmó que la situación tendería a normalizarse sin necesidad de implementar medidas de rescate para los hogares endeudados. Sin embargo, los indicadores continúan mostrando un deterioro sostenido.

Los registros de mora bancaria ya se ubican entre los más altos de América Latina y los créditos familiares alcanzaron niveles de irregularidad que, según distintos relevamientos privados, no se observaban desde hace dos décadas. La expansión del endeudamiento en sectores de ingresos bajos, combinada con tasas elevadas y pérdida de capacidad de pago, consolidó un escenario en el que el crédito dejó de funcionar como herramienta de financiamiento del consumo para convertirse, en muchos casos, en un mecanismo de supervivencia cotidiana.