El consumo privado volvió a mostrar señales de debilidad durante abril y profundizó una tendencia que se arrastra desde mediados del año pasado, cuando hubo una leve recuperación desde el piso que tocó en 2024 tras la devaluación que aplicó el gobierno libertario apenas asumió. Según el Índice de Consumo Privado (ICP-UP), elaborado por la Facultad de Negocios de la Universidad de Palermo, el consumo registró una caída interanual de 0,6 por ciento en abril, mientras que el acumulado del primer cuatrimestre cerró con una contracción de 1,5 por ciento frente al mismo período de 2025.
El dato aparece en un contexto en el que el Gobierno insiste en mostrar señales de recuperación económica y sostiene que los cambios observados en algunos indicadores responden a una modificación en los patrones de consumo más que a una caída de la demanda. La explicación oficial apunta a que los hogares priorizan determinados bienes y servicios, aprovechan el financiamiento y desplazan consumos tradicionales hacia rubros vinculados a tecnología, importados o bienes durables. Sin embargo, los datos agregados siguen mostrando una dinámica general de estancamiento y retroceso.
El propio informe de la Universidad de Palermo señaló que, en términos desestacionalizados, el índice mostró estabilidad respecto de marzo y que “regresó a los niveles de octubre de 2025” luego de las caídas registradas desde mediados del año pasado. Pero aun con esa mejora relativa, el nivel de consumo continúa por debajo del registrado un año atrás.
“El ICP-UP de marzo de 2026 registró un alza de 0,7 por ciento respecto del mes anterior. Al comparar el índice con los datos de diciembre, también se observa una recuperación; en este caso, de 2,2 por ciento. Sin embargo, en la comparación interanual continúa cayendo”, indicó el trabajo. Según el relevamiento, durante el primer trimestre el índice acumuló una contracción de 2 por ciento frente al mismo período del año anterior.
El deterioro aparece reflejado especialmente en los indicadores de consumo masivo, que siguen siendo los más sensibles a la pérdida de ingresos reales y al impacto del ajuste sobre amplios sectores de la población. Aunque la desaceleración de la inflación permitió cierta recomposición nominal de salarios y jubilaciones, el poder adquisitivo todavía muestra un deterioro considerable respecto de los niveles previos al inicio del programa económico de Javier Milei.
Uno de los datos más significativos del informe es la persistencia de la caída en el consumo de alimentos básicos. “El consumo de carne vacuna volvió a caer, de manera que acumuló nueve meses consecutivos de caída”, destacó el estudio al registrar una baja interanual de 7,6 por ciento. En el relevamiento anterior, correspondiente a febrero, el retroceso había sido todavía mayor: 9,8 por ciento.
También se observaron señales de debilidad en el consumo de carne aviar y en las ventas de combustibles, indicadores que suelen utilizarse como termómetro de la dinámica cotidiana de los hogares y de la actividad económica general. La venta de combustible prácticamente no mostró crecimiento respecto del año pasado, después de haber tenido una recuperación parcial a fines de 2025.
En paralelo, otros segmentos asociados al gasto de sectores medios y altos muestran comportamientos más heterogéneos. El crédito al consumo todavía mantiene cierta expansión, aunque perdió fuerza respecto del impulso que había mostrado durante el año pasado. Las compras con tarjeta de crédito crecieron apenas 1,3 por ciento interanual en abril, muy lejos del aumento de 12 por ciento registrado en enero.
El semáforo de actividades
El “semáforo” elaborado por la Universidad de Palermo muestra una economía de consumo partida en velocidades diferentes, donde algunos segmentos vinculados al financiamiento o a consumos específicos logran recuperarse parcialmente mientras el núcleo del consumo masivo continúa debilitado. Entre los indicadores en verde aparecen las ventas de motos, que mantienen un crecimiento superior al 50 por ciento interanual, las jugueterías, con una mejora de 5,4 por ciento, y algunos rubros de indumentaria y calzado en centros comerciales, que registraron subas cercanas al 4 por ciento. También se observaron leves mejoras en restaurantes tradicionales durante febrero, aunque luego volvieron a caer en marzo.
En amarillo quedan las compras con tarjeta, que todavía muestran crecimiento, pero cada vez más desacelerado; el patentamiento de autos, que dejó de caer al ritmo de meses anteriores, y el crédito hipotecario, que continúa expandiéndose aunque con menor intensidad.
En rojo se ubican los indicadores más asociados al consumo cotidiano y masivo: carne vacuna, carne aviar, combustibles, espectáculos y entretenimiento, además de la recaudación de IVA medida en términos reales, que acumuló varias bajas consecutivas y refleja el debilitamiento general de las ventas.
Desde el Gobierno sostienen que la caída de algunos consumos tradicionales no necesariamente implica un deterioro social, sino una transformación de hábitos derivada de la apertura económica, de la mayor disponibilidad de bienes importados y de cambios culturales en las decisiones de gasto. Sin embargo, los datos del consumo masivo y de alimentos muestran que la explicación no alcanza para describir el cuadro general. La caída persistente en carne, combustibles y otros gastos corrientes aparece más vinculada a una restricción de ingresos que a una mera modificación cultural de las preferencias.
