El Superclásico dejó en claro dos puntos: 1) es increíble que River, habiendo realizado mercados millonarios, termine jugando su partido más importante del año con tantos pibes y 2) que Claudio Ubeda, objetado en Boca hasta hace pocos meses, está encontrando equipo, idea de juego y resultados.
No deja de sorprender que algunos, acaso desmemoriados, pongan foco en cambio en fallos arbitrales que un día favorecieron a uno y otro día a otro, inclusive con protagonistas repetidos en arbitraje y en VAR. Empujones como el de Lautaro Blanco a Lucas Martínez Quarta en el minuto final suceden sin sanciones en todos los partidos, incluso en jugadas previas ayer mismo en el Monumental. Tal vez deberían cobrarse. Tal vez los jugadores comiencen a cuidarse, especialmente si suceden dentro del área y en la última acción del partido (fue infantil la acción de Blanco, especialmente porque no entrañaba peligro la jugada).
El partido fue pobre y Boca ganó bien. Provocó más situaciones de gol, especialmente en el segundo tiempo, cuando River, obligado, adelantó líneas y dejó más espacio para el contragolpe. Y estuvo bien Leandro Paredes, el único “distinto” en el Monumental en cederle el premio a mejor jugador del partido al central Lautaro Di Lollo, segurísimo todo el cotejo. El gesto, además, marca otro cambio en Boca respecto de otros tiempos, cuando el líder era, por ejemplo, Marcos Rojo.
En River, la lesión rápida de Sebastián Driusi desnudó el déficit ofensivo del equipo, sin gol, pero también sin generación de juego para acercarse con peligro al arco de Boca, sin capacidad para explotar siquiera las ventajas que suele dar Marcelo Weigandt en el lateral derecho.
El Monumental se vistió de fiesta y terminó gritando “Chiqui Tapia botón” por la jugada final. Es cierto que River eligió semanas atrás tomar alguna distancia de la AFA y que Boca, en cambio, acercó posiciones, porque Juan Román Riquelme dejó de aislarse tanto. Puede sugerir algo y, al mismo tiempo, puede no querer decir nada. ¿No fueron campeones el Estudiantes de Juan Sebastián Verón y el Talleres de Andrés Fassi en tiempos de rebeldía con la AFA?
Más allá de ver factores externos, River, y también Boca, podrían verse tal vez a sí mismos para entender qué ha cambiado en ambos. River dejó de ganar y actuó algo ciego y apresurado en sus decisiones últimas. Y Boca, Paredes mediante, comenzó a apostar a un juego de más calidad en la zona clave del mediocampo (y eso que ayer no jugó bien el pibe Tomás Aranda). Tan sencillo como eso.
