Muchos hinchas del fútbol argentino se manifestaron en el Día de la Memoria en 2026, a 50 años del comienzo de la dictadura cívico-militar en el país. La gran mayoría de ellos se tomó el tren Roca y llegó a Constitución, a Retiro y a diferentes puntos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para trasladarse hacia Plaza de Mayo para la marcha.
Asistieron por esta iniciativa los fanáticos de distintos equipos, casi todos ellos fueron con las camisetas, entre las que aparecieron por ejemplo las de Boca Juniors, Independiente, Racing, Lanús, Banfield, Los Andes, Temperley, El Porvenir y Talleres de Remedios de Escalada. Además, hubo banderas de Argentina, pancartas vinculadas con la defensa de los Derechos Humanos y los pedidos permanentes de Memoria, Verdad y Justicia por los 30.000 desaparecidos.
El recorrido de los hinchas en la caravana por el Día de la Memoria 2026
Según informaron quienes organizaron la actividad, el punto de partida fue la estación Temperley a las 11:25, desde donde el tren fue sumando participantes en distintas paradas del recorrido, incluyendo Lomas de Zamora, Banfield, Remedios de Escalada, Lanús y Gerli hasta llegar a Constitución cerca del mediodía.
Desde allí, las y los fans se dirigieron en columna hacia el centro porteño para sumarse a la movilización general, integrando el espacio de la Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino. La propuesta buscó fortalecer la participación en una fecha clave, a 50 años del golpe genocida, reivindicando la memoria colectiva también desde las tribunas. La “Caravana del Tren Roca” se inscribió así en una tradición creciente de organización de hinchadas con compromiso social y político, que encuentran en el fútbol un espacio de identidad y también de lucha.
Las fotos de la marcha de los hinchas del fútbol argentino por el Día de la Memoria
El "Nunca más" en el fútbol, un orgullo que perdura en el tiempo (por Ezequiel Fernández Moores)
El número redondo, cincuenta años, da fuerza al recuerdo, es cierto. Pero los clubes argentinos sumaron este fin de semana solidaridad, emoción y creatividad notables para sumarse al reclamo de Memoria, Verdad y Justicia. Desde más carnés y homenajes a socios desaparecidos, a pañuelos en las camisetas, a comunicados de adhesión, lo que fuere. Aquí lo tomamos como algo casi natural. Pero no lo es. Colegas de diversas partes del mundo me aseguran que no existe una construcción similar con el fútbol en sus países. Que por supuesto hay gestos y pronunciamientos políticos y sociales en algunos casos, pero no un acto colectivo como el que sucede con nuestros clubes. Aún concientes de la obligatoriedad que sintieron muchos de ellos de darle lugar a sus departamentos o comisiones de derechos humanos. Acaso un pequeño grupo de socios que motoriza todo, muchas veces en soledad y con otros socios enojados por su actividad, pero a los que, por la razón que fuere, los clubes saben que deben darles cabida.
En esas charlas con colegas de otros países, además de la calidad de nuestro fútbol, siempre pude expresar orgullo por el trabajo de memoria de nuestro país, por los juicios a los genocidas, por la recuperación de los niños que fueron secuestrados, etcétera, etcétera. Pero es cierto que, mientras hoy tenemos a una selección campeona del mundo, esa jactancia de cierto liderato también en materia de derechos humanos está ahora jaqueado. Por primera vez desde la recuperación democrática, desde el propio Estado argentino se relativiza o directamente se niega el terrorismo de Estado que ejerció la dictadura que hace medio siglo ocupó el poder. Fue el cuarto golpe de Estado en veintidós años, tiempos en los que los militares tenían participación natural en nuestra democracia. La violencia previa al golpe, en plena democracia, la represión clandestina, la censura, la complicidad de los medios más poderosos, el miedo. Como sea, todo sumó para que aquel 24 de marzo el golpe se produjera como algo casi natural, con comunicados iniciales que prohibían todo, pero que (así lo expresó la excepción del comunicado número 23) también autorizaban: autorizaban a que la TV pública nos permitiera ver el partido que la selección argentina jugaba ese mismo día contra Polonia en Chorzow, parte de la preparación del equipo de César Menotti porque faltaban dos años para el Mundial 78.
Es el fútbol que ayer obligaba a los militares a establecer excepciones y que hoy se expresa en los clubes que piden memoria. El fútbol que, para bien y a veces para mal, cruza la vida en Argentina. Hace un año publiqué un libro sobre Menotti preguntándome qué habría pasado por la cabeza del DT (hombre de izquierda, con militancia inclusive en el Partido Comunista) cuando se produjo el golpe y advirtió que su sueño de ganar el Mundial con Argentina podía beneficiar y ser manipulado por la dictadura. Hablé con jugadores y amigos del DT. Y con sus críticos. Encontré que Menotti, esencialmente, era un hombre del fútbol y que amaba al fútbol y que, efectivamente, se sentía en condiciones de darle a nuestro fútbol su primera Copa Mundial. Y que, por mucha manipulación que hizo la dictadura de la conquista (saludos de rigor al plantel campeón incluídos), no hubo un solo miembro de aquel equipo que dedicara el triunfo a los dictadores. Ni que hiciera algo así como un saludo nazi desde un podio, como sí sucedió con los atletas alemanes en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, durante el nazismo.
Suelo recordar un episodio sucedido en Roma algunos años atrás, cuando fanáticos de Lazio exhibieron simbología fascista en el estadio Olímpico y muchos reprocharon al entonces alcalde socialista Walter Veltroni que permaneciera en su asiento y no se fuera de la cancha. Veltroni respondió exactamente como le pedía Menotti a sus jugadores que jugaran el Mundial. Diciéndoles que jugaban por la gente. Por sus viejos, sus parejas, sus hijos, sus vecinos. Porque el fútbol, decía Menotti, le pertenecía a la gente. Veltroni respondió que no podía dejar la fiesta popular del fútbol en manos de los bandidos. Sería extraordinario ver hoy a más jugadores (y no a las excepciones de siempre) pronunciándose en este aniversario número 50. La memoria es un trabajo difícil. Incómodo. Situaciones que creíamos resueltas, hoy, gobierno de Javier Milei mediante, están otra vez bajo discusión. Pero el reclamo permanece en la construcción colectiva. Allí están nuestros clubes que lo demuestran.
