17 años después, AC/DC volvió a River con una descarga brutal de clásicos

Tras más de una década, AC/DC volvió a River con un show potente y emotivo que reunió generaciones.

24 de marzo, 2026 | 11.51

AC/DC volvió a la Argentina diecisiete años después de su última visita, la banda australiana pisó una vez más el Estadio Monumental con un show que mezcló nostalgia, potencia y una emoción difícil de disimular en las tribunas.

Desde temprano, el barrio de Núñez se transformó en una peregrinación rockera. Lo llamativo no era solo la cantidad, unas 70 mil personas en un estadio agotado, sino la diversidad. Padres con hijos, grupos de amigos que esperaron décadas este momento, adolescentes que heredaron la música y fanáticos históricos con remeras gastadas de otras giras. AC/DC logró lo que pocas bandas, reunir generaciones enteras bajo un mismo riff.

La noche arrancó con la energía de Eruca Sativa y luego el show internacional de The Pretty Reckless, liderados por Taylor Momsen, que prepararon el terreno para lo inevitable. Cuando se apagaron las luces, el rugido fue inmediato. No hizo falta presentación, AC/DC salió a escena y River explotó.

Cómo se vivió el primer show de AC DC en River, tras 17 años de espera

El arranque con “If You Want Blood (You’ve Got It)” marcó el tono de una lista de temas pensada para no dar respiro. Clásicos como “Back in Black” y “Thunderstruck” sonaron con la precisión de una máquina que parece no oxidarse nunca. Sin embargo, hubo un detalle imposible de ignorar, la voz de Brian Johnson ya no tiene la misma fuerza de otras épocas. En algunos pasajes se lo notó exigido, apoyándose en el público, que respondió cantando cada palabra como si quisiera sostenerlo. Lejos de restar, eso terminó sumando un costado humano, casi entrañable.

Del otro lado, Angus Young fue todo lo contrario, una descarga eléctrica constante. Con su uniforme escolar intacto y esa energía inagotable, corrió, saltó y ejecutó sus clásicos pasos como si el tiempo no existiera. Cada solo fue celebrado como un gol, especialmente el de “Let There Be Rock”, donde estiró el momento hasta el delirio colectivo. Angus no solo toca, arrasa.

Angus Young se robó la noche con su energía y potencia para tocar la guitarra.

En la previa, además, el guitarrista había tenido gestos que alimentaron la mística, durante la semana firmó autógrafos y se mostró cercano con los fans, algo que muchos tomaron como una señal del vínculo especial que la banda mantiene con el público argentino.

El show tuvo todos los condimentos esperados, pirotecnia en “Highway to Hell”, una marea de cuernitos rojos iluminando el estadio y un cierre a pura épica con “T.N.T.” y “For Those About to Rock (We Salute You)”, acompañado por los clásicos cañones. Más de dos horas de un repertorio inoxidable que no buscó reinventarse, sino reafirmar su esencia.

Pero lo más fuerte no estuvo solo en el escenario. Estuvo en la gente. En las lágrimas de quienes los veían por primera vez, en los abrazos durante los estribillos, en esa sensación compartida de estar viviendo algo que tardó demasiado en llegar. Porque para muchos, AC/DC no era solo una banda, era una deuda pendiente.

La primera de las tres noches en River dejó claro que la espera valió la pena. Y que, incluso con el paso del tiempo marcando sus huellas, el ritual del rock sigue intacto cuando las canciones son eternas. Los próximos 27 y 31 de marzo, la legendaria banda se despedirá del público argentino en el marco de su Power Up Tour.