El riesgo de escribir sin privarse de nada: así es Obsolescencia programada, el último libro de Manuel Cantón

Manuel Cantón cruza historia, tecnología y géneros literarios en un volumen de cuentos tan ambicioso como exigente, capaz de suspender la rutina y capturar por completo al lector.

10 de febrero, 2026 | 18.49

Hay una forma muy concreta de explicar lo que este libro me hizo sentir: iba leyendo uno de sus cuentos en el tren y, cuando llegué a la estación destino, todavía no lo había terminado. En lugar de bajar apurada y seguir con la rutina, como quien va siempre a contrarreloj, me quedé parada en el andén, completamente entregada a la lectura, atrapada en las redes de la prosa de Manuel Cantón. La gente pasaba a mi alrededor y yo seguía ahí, inmóvil, sin poder salir del trance en el que el cuento me había metido hasta saber cómo terminaba. Eso es Obsolescencia programada (La Pollera): un libro que atrapa hasta el punto de inhabilitar cualquier otra cosa que no sea seguir leyendo.

Desde el vamos, el libro llama la atención por una decisión poco habitual: su extensión es inusualmente larga para tratarse de un volumen de cuentos. Sin embargo, lejos de dispersarse, esa amplitud se vuelve una de sus mayores fortalezas. Hay algo en su esencia que lo convierte en una presencia avasallante. Según contó el propio Cantón, la mayoría de las historias surgieron la misma noche, casi como un impulso único. Y esa energía inicial se percibe en la lectura: los cuentos avanzan como una ola que arrastra todo a su paso, lectores incluidos.

A grandes rasgos, los relatos recorren una línea temporal que va desde fines del siglo XIX hasta principios del 2000. No se trata de un capricho histórico, sino de una decisión estructural: cada cuento se articula en torno a una innovación tecnológica propia de su época. “Me pasó algo muy curioso en la escritura: yo terminaba un cuento sabiendo qué era lo que iba a escribir después. En el proceso me encontré queriendo saber cómo seguía y cómo iba a ser el siguiente cuento; y una forma de darle variedad al proceso era que cada cuento se camuflara un poco en la época donde ocurría”, reveló el autor en diálogo con El Destape.

Un hombre que realiza espectáculos de choques eléctricos con cadáveres, una mujer que le escribe una carta a Perón para advertirle sobre una plaga que invadió sus campos, un reality show que convoca a un representante por provincia: Obsolescencia programada se permite todos los desvíos. Algunos cuentos tienen la extensión de pequeñas nouvelles y el libro se mueve con soltura por distintos géneros, el gótico, el simbolismo, el futurismo, la ciencia ficción, sin perder cohesión. Nada parece estar puesto al azar: no hay personajes de relleno ni cabos sueltos. Todo influye en la trama sin necesidad de sobreexplicar. La lectura exige atención, pero recompensa ese esfuerzo con historias que se sostienen por su precisión interna.

Sobre esa libertad formal también habló Cantón: “Lo disfruté muchísimo porque me estaba dando todos los gustos. Es un libro donde no me privé de nada, ni del género, ni de la voz, ni del narrador, ni del estilo. Y eso lo hacía muy entretenido y liberador”. Esa decisión, sin embargo, no es solo caprichosa: detrás hay un trabajo consciente, metódico, casi artesanal.

En cada línea de Obsolescencia programada se percibe a un escritor perfeccionista y, sobre todo, curioso, que guía su prosa tanto por el instinto como por la teoría. “A mí siempre me divirtió un ejercicio de escritura recreativo: cuando leo algo que me gusta, trato de entender cómo está hecho y la mejor forma es desarmarlo y volverlo a armar. Entonces, leo una página de un escritor o una escritora y digo ‘esto está bueno, ¿cómo lo hace?’, y escribo una página que se le parezca”, confesó Cantón.

En una época en la que abundan los libros de cuentos encasillados en un solo género, Cantón decide romper esquemas. El resultado es una serie de relatos con cuerpo, vida y fuerza. No es sencillo sostener el ritmo a lo largo de un libro tan extenso, y menos aún lograr que las historias queden grabadas en la memoria del lector. Obsolescencia programada no es un libro complaciente: exige entrega, atención y tiempo. Pero quizá por eso mismo logra lo que pocos: detener la rutina, suspender el mundo por un rato y dejar al lector, como en un andén cualquiera, sin apuro por llegar a destino.

Sobre el autor

Manuel Cantón (Buenos Aires, 1980) es escritor y editor. Publicó cuentos en diversas revistas y antologías y ha desarrollado una obra centrada en las tensiones de la vida urbana y los vínculos contemporáneos. Obsolescencia programada recibió en premio “Todos los tiempos el tiempo” de la Fundación Proa, Fundación La nación y Fundación Bunge y Born.