Slavoj Žižek escribe para incomodar y sacudir el sentido común de la época. En el último compendio de escritos que publicaron recientemente la editorial Tinta Limón en coedición con la chilena Lom bajo el título En el claroscuro aparecen los monstruos, el autor esloveno discute sobre la deriva woke de la izquierda e indaga en la eficacia de los populismos de derecha. Insiste en que estamos obsesionados con la idea del fin del mundo pero nos advierte que quizás este evento podría decepcionarnos. A pesar de la amenaza siempre latente de una destrucción nuclear que haría que todo terminara en un parpadeo, éste puede estar siendo el fin del mundo.
La “locura”, o la demencia que fingimos, para decirlo en términos locales, se debe a la existencia en simultáneo de dos caminos radicalmente opuestos: “Es necesario que haya una catástrofe global, toda nuestra historia se dirige hacia ella, y es necesario que actuemos para prevenirla”, sostiene Žižek. La pulseada se da entre el aceleracionismo -el llamado a intensificar el tecnocapitalismo- y una fuerza contraria para frenarlo.
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Además de estos trazos más generales, Žižek teoriza sobre el trumpismo y el movimiento MAGA y desde la conjunción de sus dos disciplinas, el psicoanálisis y la filosofía, aventura que si Donald Trump despierta tantas pasiones es porque el proceso de identificación es exitoso. “Sus seguidores experimentan su obediencia a él como una forma de resistencia subversiva, uno puede apoyar al líder facista en ciernes y al mismo tiempo sentirse radical”, parafrasea Žižek una cita del filósofo estadounidense Todd McGowan.
Algo parecido podría decirse de Javier Milei. El punto en el que los líderes liberales y de extrema derecha se juntan (donde también le asigna un lugar destacado a Benjamin Netanyahu) es en la propuesta de construir nuevas naciones sobre la base de estos sentimientos negativos: resentimiento, envidia y actos de racismo, misoginia e intolerancia religiosa. “No hay nada de inherentemente facista en el patriotismo sino que lo que hace el nuevo populismo de derecha es darle al patriotismo un giro paranoico. En lugar de disfrutar con confianza de la propia comunidad, se centra en la envidia y el resentimiento dirigido a lo que percibe como amenazas”, dice Žižek.
Cuanto más burla hacen de las limitaciones de Trump, más gente de identifica con él, advierte el filósofo y sugiere -a “lo que queda de la izquierda” en Estados Unidos- deshacerse del miedo a perder votantes centristas si es percibida como demasiado radical, separarse del centro y asumir el riesgo. Basta de izquierda woke, dice el autor y los pincha: “Quienes se resisten a la nueva derecha populista deberían primero dirigir una mirada crítica hacia sí mismos, en tanto también están atrapados en una paradoja similar: la izquierda woke está efectivamente asediada tras imponer un régimen de superyó paralizante”.
El autor esloveno dedica la mitad de sus reflexiones a desarticular las lógicas ideológicas que permiten justificar o no decir nada sobre el genocidio en la Franja de Gaza. El caos que Žižek describe como “posideológico” es nuestro telón de fondo; el uso de la razón en la discusión pública ya casi no existe. La palabra terrrorismo no tiene ningún significado si no incluye los ataques de los colonos en la Cisjordania ocupada. “¿Y si figuras como Ben Gvir (ministro de seguridad de Israel) y Smotrich (ministro de Finanzas de Israel) no son fanáticos aislados y marginales? ¿Y si tan solo están expresando abiertamente la política real del Estado de Israel encubierta por un discurso liberal más aceptable para el mainstream?, se pregunta.
