Facundo Balta, o simplemente Balta, parece haber vivido varias vidas antes de sacar su primer gran disco. Es un músico que llega con una historia ya cargada, sabe perfectamente de dónde viene y entiende que está por cruzar una puerta importante. Acaba de sacar su quinto trabajo, Ayer dijiste mañana, aunque técnicamente no es su primer lanzamiento, él insiste en que sí lo siente como tal. “Es mi primer disco de estudio”, dice. Y lo dice con la convicción de alguien que estuvo esperando mucho tiempo para llegar hasta acá.
El 21 de mayo tendrá otro primer gran momento, su primer show propio en Argentina, en La Tangente, con su banda, cruzando el Río de la Plata para presentar su universo completo.
Balta es un pibe criado en Uruguay entre murgas y candombe. Nació en Montevideo, en una casa donde la música no era una elección sino una forma natural de existir. Hijo de padres carnavaleros, creció entre tambores, coros de murga y madrugadas en el Teatro de Verano.
Cuando recuerda el primer momento en que entendió que la música iba a ser su vida, no habla de una canción puntual ni de un artista famoso. Habla de una melodía. Tenía tres o cuatro años. Era de madrugada. Antes de que ensayara el conjunto de sus padres, una murga estaba haciendo prueba de sonido. En un momento llegó un acorde final, raro, enorme, lleno de voces superpuestas. Todavía se acuerda cómo sonaba. “Recuerdo el teatro, cómo se veía todo y ese acorde. Ahí entendí algo de la voz humana. Como si la voz fuera un puente hacia algo que ya existe y uno solamente tuviera que mostrarlo.”
Desde entonces, quedó obsesionado con la armonía, los coros y la voz humana como instrumento supremo. Estudió piano en conservatorio hasta los ocho años. Después cambió al piano por la trompeta y siguió hasta los dieciséis. Pasó por la sinfónica juvenil del Sodre, mientras al mismo tiempo hacía beats, practicaba beatbox, iba a plazas a tirar freestyle y se sumergía en el rap.
Su primer disco fue uno de Eminem comprado en una feria. Después llegaron 50 Cent, el dubstep de Skrillex, el jazz de Thelonious Monk, Gilberto Gil, Rubén Blades, Stevie Wonder, el candombe, el carnaval y todo lo demás.
"Ayer dijiste mañana", el disco que tardó años en existir
Ayer dijiste mañana se terminó en siete u ocho meses, pero en realidad empezó mucho antes. “Yo venía con este disco en la cabeza hace años. Con ganas de hacer esta música, de que existiera este universo. Pero no tenía las herramientas para hacerlo bien.” Cuando finalmente sintió que podía, no dudó.
Por primera vez dejó de producir completamente solo y sumó a Ramiro "Choko" Caruso como coproductor. También trabajó con Luis Lamadrid en uno de los tracks. El resultado es un disco que no se preocupa por entrar en una categoría clara. Hay soul, candombe, pop, texturas electrónicas, house, R&B y una libertad sonora que parece responder a una sola consigna: no limitarse.
“Antes había que entrar en una categoría para que tu disco se entendiera o para que pudiera venderse en una disquería. Hoy eso cambió. Este disco fue buscar exactamente lo contrario.” La canción más íntima, admite, es “Toda la vida”, una de las primeras que escribió y también una de las más difíciles de terminar. La produjo varias veces, la desarmó, la volvió a armar y recién después entendió que no necesitaba más. “Soy bastante vomitivo para componer. Llego y vomito data, después peino. Pero esa canción tuve que descifrarla.”
Balta logró reunir a tres de los nombres con los que soñaba colaborar desde hacía una década: Jorge Drexler, Rubén Rada y Chabela Ramírez. No habla de featuring como estrategia, sino como consecuencia natural de vínculos construidos con tiempo.
Con Rada hay años de tocar, conversar y compartir. Con Drexler, una relación que empezó de manera casi absurda con un mensaje inesperado en 2021 mientras Balta estaba en la facultad. “Yo estaba estudiando música, haciendo carnaval, en otra completamente, y Jorge me escribió. Fue una locura.” Desde entonces, se ven cada vez que pueden. Hablan, comparten música, intercambian ideas. Incluso Balta trabajó en el último disco de Drexler. “Él te enseña no tanto a dónde querés llegar, sino cómo y con quién.”
El disco también fue grabado en Elefante Blanco, el estudio de No Te Va Gustar, una banda con la que también construyó una relación cercana después de abrirles varios shows en 2022. “Yo sentía que nunca iba a poder lograr algo así en mi vida. Y pasó. Entonces lo vivo como un sueño total.”
Cruzar el charco: cómo será la presentación de Balta en La Tangente
Argentina no le resulta ajena, pero sí enorme. Buenos Aires le sigue pareciendo un monstruo fascinante, un desafío, una promesa y una posibilidad. Su vínculo con esta orilla se fue armando gracias a músicos como NAFTA, con quienes encontró una puerta de entrada. Ahora llega el momento de sostener eso con nombre propio.
El 21 de mayo tocará por primera vez solo en La Tangente, acompañado por su banda, presentando un show completo. “Es un nuevo comienzo. Me pone más nervioso que tocar en Montevideo. Hay algo distinto cuando alguien te ve por primera vez. Hay que romperla".
Por eso, entre los rituales previos al escenario, siempre aparece una pequeña ceremonia doméstica, un beso a una grapa con miel para suavizar la garganta, respirar un poco y hablar con los músicos antes de salir. Después, ya no queda otra que cantar y Balta parece haber entendido eso desde aquella madrugada de murga. Algunas cosas no se eligen, simplemente te encuentran.
