Los príncipes William y Kate decidieron que sus tres hijos, el príncipe George de 12 años, la princesa Charlotte de 10 y el príncipe Louis de 7, no tengan celulares. Así lo confirmó el propio heredero al trono del Reino Unido mientras grababa un episodio de The Reluctant Traveler en Apple TV, donde aseguró que "ninguno de sus hijos tiene teléfono" y que tanto él como su esposa son "muy estrictos al respecto".
Esta postura puede parecer anticuada en una era dominada por la tecnología, pero para Jo Frost, reconocida experta en paternidad, se trata de una "decisión de crianza moderna y consciente". Frost destacó que limitar el uso de dispositivos y la exposición a pantallas no es una tradición que se resiste al progreso, sino un enfoque informado y conectado con el bienestar infantil.
La especialista explicó que Guillermo y Kate están criando a sus hijos en un mundo saturado digitalmente, igual que millones de padres, pero eligieron liderar con una postura proactiva en lugar de ceder ante la presión social. "Han tomado esa decisión pensando únicamente en sus hijos y no en sí mismos", afirmó, resaltando que esta elección se basa en conocimientos sobre desarrollo infantil, regulación emocional, atención, sueño y conexión familiar.
La propia Princesa de Gales reconoció en un ensayo titulado El poder de la conexión humana en un mundo distraído, escrito junto al profesor Robert Waldinger, que aunque los dispositivos pueden acercarnos, "con frecuencia hacen lo contrario". Kate reflexionó sobre cómo los teléfonos inteligentes y tablets son fuentes constantes de distracción que fragmentan la atención y dificultan prestar atención plena a las relaciones personales.
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La princesa describió una escena común: "Nos sentamos juntos en la misma habitación mientras nuestras mentes están dispersas entre docenas de aplicaciones, notificaciones y feeds. Estamos físicamente presentes, pero mentalmente ausentes, incapaces de conectar plenamente con las personas que tenemos frente a nosotros".
Jo Frost añadió que diversas investigaciones confirman que el acceso precoz o excesivo a dispositivos puede afectar la capacidad de los niños para formar relaciones seguras, tolerar el aburrimiento, concentrarse y entender las sutilezas sociales. Por eso, retrasar el uso del teléfono no es un castigo, sino una forma de proteger a los más pequeños desde el nacimiento.
La experta señaló que es preocupante ver bebés con teléfonos en las manos y alertó sobre una crisis de salud pública relacionada con el uso temprano de tecnología, algo que la Princesa de Gales conoce bien gracias a su trabajo con la Royal Foundation Centre for Early Childhood.
La condición para que el príncipe George reciba un celular
A pesar de la estricta postura, William reconoció que el príncipe George podría recibir un teléfono este año al comenzar la secundaria, aunque sin acceso a internet. El príncipe explicó que "el problema es el acceso a internet", ya que los niños pueden encontrar contenido inapropiado. Por eso, considera que un "teléfono de ladrillo", sin conexión, podría ser la opción adecuada.
William admitió también que el tema genera tensión, pero que George entiende la razón detrás de la decisión. En ese sentido, muchos padres sienten la presión social de que "todos tienen uno" y temen que sus hijos queden excluidos, aunque cada vez más cuestionan si es mejor esperar para entregar un dispositivo.
Jo Frost concluyó que esperar no es un acto de miedo, sino de discernimiento. "Cuando los padres comprenden el impacto a largo plazo de la tecnología en el desarrollo del cerebro, el sistema nervioso y las relaciones, hacer una pausa se convierte en un poderoso acto de cuidado", afirmó.
