Las mascotas, lamentablemente, viven un tiempo considerablemente menor que sus dueños. El dolor de perder a un compañero fiel, ya sea gato o perro, es uno de los más grandes, y hay ciertas señales "premonitorias" que una veterinaria compartió para notar cuándo aquellos ya son ancianos.
La veterinaria María Vetican compartió cuáles son las señales para darse cuenta de que un perro o gato ya llegó a la vejez, con la finalidad de que sus dueños puedan notarlo y mejorar la calidad de vida de sus mascotas. Y es que en ese momento es fundamental prestar mayor atención a la alimentación, aumentar los chequeos veterinarios y tener más control sobre los paseos.
Antes de identificar los signos de vejez, es importante tener en cuenta cuándo entran en esta etapa. Los canes de 10kg suelen ser ancianos entre los 10 y 11 años; los de 10 a 25 kg a los 8 o 9 años; y los de entre 25 y 45 kg a los 7 u 8 años. Por su parte, los gatos entran en la etapa de vejez a los 9 o 10 años.
Qué cambios identificar para saber si una mascota es anciana
Uno de los cambios más comunes es la disminución de la energía. Los perros y gatos ancianos suelen dormir más horas y muestran menos interés en correr, jugar o realizar actividades que antes disfrutaban. También pueden moverse con mayor lentitud, tener dificultad para subir escaleras o saltar, e incluso presentar rigidez en las articulaciones, algo frecuente en la vejez.
Por otro lado, con el paso de los años también aparecen cambios visibles en el cuerpo. Es habitual que el pelaje pierda brillo o se vuelva más fino, y en muchos casos aparecen canas, sobre todo alrededor del hocico en los perros. Además, los ojos pueden verse más opacos o nublados y el animal puede perder masa muscular o, por el contrario, aumentar de peso debido a la menor actividad física.
Asimismo, algunos perros y gatos ancianos se vuelven más tranquilos y buscan pasar más tiempo descansando o cerca de sus dueños, mientras que otros pueden mostrarse más irritables o desorientados. También pueden aparecer alteraciones en los horarios de sueño, maullidos o ladridos nocturnos, o una menor tolerancia a ciertos estímulos.
Por último, en la vejez es más frecuente que aparezcan problemas de salud. Pueden presentarse dificultades para oír o ver, cambios en el apetito, mayor sed, problemas dentales o episodios de incontinencia.
