Cómo es la cantina de CABA de estilo que ofrece mollejas crocantes, empanadas y platos exquisitos

En pleno corazón de Villa Luro, una esquina clásica del barrio volvió a cobrar vida con una propuesta que combina tradición, técnica y espíritu porteño

13 de febrero, 2026 | 13.16

En una esquina emblemática de Villa Luro, frente a Plaza Ejército de los Andes, funciona una cantina moderna que redefine la gastronomía porteña con mollejas crocantes, empanadas y platos exquisitos. El espacio combina tradición, técnica y vida de barrio en una propuesta que se extiende del desayuno a la cena.

Cantina en Villa Luro con identidad barrial y propuesta integral de gastronomía

En el cruce celeste que mira de frente a Plaza Ejército de los Andes se instaló Puchero, un restaurante que logró integrarse al pulso cotidiano del barrio. El proyecto nació del impulso de un grupo de amigos y vecinos que decidieron transformar su vínculo con la zona en una propuesta sólida de gastronomía.

Los socios, con experiencia previa en otros conceptos -desde hamburgueserías hasta bares especializados y speakeasies- apostaron esta vez por un formato más emocional. La idea fue construir un espacio donde la comida remita a lo familiar, a la memoria afectiva y a las recetas compartidas, pero con una mirada actual.

Ubicado frente a Plaza Los Andes, el restaurante se integró rápidamente al pulso cotidiano de Villa Luro

El restaurante abre todos los días, desde el mediodía hasta la noche, y ofrece una experiencia continua. Durante la mañana y la tarde, la carta incluye desayunos y meriendas con medialunas XL rellenas de pasta de pistacho, frutos rojos o dulce de leche. Al mediodía aparecen platos reconfortantes, mientras que por la noche la propuesta invita a compartir al centro de la mesa. Mesas en la vereda, movimiento constante y un clima distendido consolidan a la esquina como un punto de encuentro.

Platos destacados: mollejas crocantes, empanadas y pastas caseras

La cocina está liderada por el chef Santiago Méndez, quien equilibra tradición porteña y técnica contemporánea. La carta se mueve con naturalidad entre clásicos de cantina y ejecuciones precisas que elevan cada preparación.

El recorrido culinario incluye pescados y mariscos -como cazuelas intensas, risottos de pulpo o pesca del día-, carnes con impronta tradicional, milanesas XL y cortes que dialogan con el espíritu del bodegón. Las pastas ocupan un lugar central: se elaboran de manera casera en el primer piso y varían según la jornada, con rellenos y salsas que homenajean la cocina hogareña con un tratamiento actual.

Entre las preparaciones que se volvieron virales se destaca el chipá relleno con mollejas crocantes y huevo poché. La combinación resume la identidad del restaurante: producto de calidad, contundencia y un guiño a los sabores de la infancia. También se suman provoletas en distintas versiones, empanadas, buñuelos y entradas pensadas para armar una mesa sin formalidades.

Vermut, eventos y postres con pistacho: el sello diferencial

Puchero apuesta por un formato emocional: cocina reconocible, ambiente relajado y una esquina que invita a quedarse.

La barra cumple un rol protagónico, especialmente por su trabajo con el vermut. Las tardes se desarrollan en clave de aperitivo, con copas servidas al aire libre y una carta que acompaña el ritual porteño. Hay cócteles clásicos bien ejecutados y opciones diseñadas para maridar con la propuesta culinaria.

El espacio interior amplía la experiencia con una cava destinada a eventos y encuentros culturales. Se organizan clases, catas de vino con tarot los viernes y propuestas como Casino & Cata los miércoles, siempre con reserva previa. La intención es consolidar el restaurante como un punto social y cultural, más allá de la mesa.

El capítulo dulce mantiene la misma coherencia conceptual. Los postres reinterpretan clásicos reconocibles con foco especial en el pistacho, presente en diferentes preparaciones. Entre ellos sobresalen el affogato de pistacho y la cheesecake de pistacho y maracuyá cubierta de chocolate, además de alternativas cremosas y heladas que funcionan tanto para cerrar una cena como para acompañar una merienda extendida.

Con estética cuidada, espíritu de barrio y una propuesta integral, Puchero se consolida como una cantina contemporánea con identidad propia en la escena de la gastronomía porteña.