América Latina no suele ser la primera región que viene a la mente cuando se habla de mercados digitales en expansión. Esa percepción está quedando vieja. La industria latinoamericana de medios y entretenimiento alcanzó los 55.000 millones de dólares en 2025, con un crecimiento del 9,4% respecto al año anterior. Ese número supera ampliamente al crecimiento del mercado estadounidense, que en el mismo período no llegó al 3,5%. La región no está siguiendo una tendencia global. La está liderando.
Entender por qué requiere mirar más allá de las cifras y prestar atención a lo que está cambiando en la vida cotidiana de millones de personas en países que, con todas sus diferencias, comparten una misma aceleración digital.
El celular como puerta de entrada
El motor detrás de este crecimiento no es un misterio. América Latina cuenta hoy con 413 millones de usuarios de internet móvil, lo que representa una penetración del 65% de la población. El smartphone dejó de ser un dispositivo de comunicación para convertirse en la principal herramienta de consumo cultural, informativo y de entretenimiento. Donde llega el celular, llega el entretenimiento digital.
Hay algo estructuralmente distinto en cómo América Latina se relaciona con internet respecto a los mercados más maduros. En Europa o Estados Unidos, la transición fue del escritorio al celular. Acá, para una enorme proporción de la población, el smartphone fue directamente la primera pantalla conectada. Eso define cómo se diseñan los productos, cómo se piensa la experiencia de usuario y, sobre todo, qué tipo de entretenimiento termina ganando terreno. Las plataformas que entendieron esa lógica mobile-first desde el inicio llevan una ventaja difícil de acortar.
Esa expansión no fue pareja. Brasil, México y Argentina concentran la mayor parte del volumen, pero los mercados medianos y más pequeños de la región están cerrando la brecha más rápido de lo que los analistas anticipaban. La mejora en infraestructura de conectividad, el abaratamiento de los datos móviles y la proliferación de plataformas localizadas en español y portugués fueron los factores que hicieron posible ese proceso.
Un mercado que se diversificó
Lo que se consume en ese tiempo conectado abarca cada vez más categorías. El streaming de video sigue siendo el segmento más grande, con proyecciones de 24.000 millones de dólares solo en video digital para 2025 en la región. Pero el gaming móvil creció de manera notable: hoy hay más de 170 millones de jugadores activos en América Latina. Y la región no solo consume esos títulos, también empieza a producirlos con proyección global, lo que habla de un ecosistema digital que ya tiene lógica propia.
Las plataformas de apuestas deportivas, los casinos online y los juegos de azar en línea también ganaron terreno, especialmente en los países donde los marcos regulatorios se fueron adaptando a la realidad del mercado digital. Perú es uno de esos casos. El país andino desarrolló en los últimos años un ecosistema de entretenimiento online que creció de la mano de una mayor penetración de internet y una oferta de plataformas que llegaron a operar en el mercado local con propuestas en español y métodos de pago regionales. El casino online en Perú forma parte de ese segmento que, lejos de ser marginal, representa una porción creciente del tiempo de ocio digital de los peruanos, al igual que ocurre en otros países de la región donde la oferta se diversificó más allá del streaming y las redes sociales.
La economía detrás del ocio
Lo que está en juego no es solo el tiempo libre de las personas. Es una reconfiguración de la economía del entretenimiento que tiene consecuencias concretas en términos de empleo, inversión y recaudación fiscal. Los ingresos por publicidad en internet en América Latina crecieron un 18,5% en 2024, muy por encima del promedio global. Ese dinamismo atrae inversión extranjera, genera demanda de talento local en tecnología y diseño, y presiona a los Estados para que actualicen sus marcos regulatorios y fiscales.
El impacto en el mercado laboral es uno de los aspectos menos discutidos pero más relevantes de este fenómeno. El crecimiento del entretenimiento digital genera demanda sostenida de programadores, diseñadores, especialistas en marketing digital y gestores de comunidades online. En varios países de la región, ese tipo de empleo viene creciendo a tasas muy superiores al promedio de la economía general, y empieza a generar trayectorias profesionales que antes no existían o que obligaban a emigrar para desarrollarse.
La discusión sobre cómo regular el entretenimiento digital, incluyendo los casinos online y las apuestas deportivas, es cada vez más relevante en varios países de la región. Algunos avanzaron en esquemas de licenciamiento que permiten operar a plataformas internacionales bajo condiciones específicas. Otros todavía debaten cómo abordar un mercado que creció más rápido que las leyes que deberían encuadrarlo.
Un cambio que no tiene vuelta atrás
El crecimiento del entretenimiento digital en América Latina no es una tendencia coyuntural. Tiene raíces estructurales: más conectividad, más smartphones, más personas que incorporaron el consumo online como parte de su rutina durante la pandemia y no volvieron a los hábitos anteriores. Lo que varía de país en país es la velocidad del proceso y la capacidad de las instituciones para acompañarlo.
Lo que no varía es la dirección. América Latina está construyendo, a su ritmo y con sus particularidades, una economía del ocio digital que empieza a tener peso propio en el mapa global. No como apéndice de lo que pasa en otras regiones, sino como un mercado con lógica propia, con consumidores exigentes y con una capacidad de crecimiento que todavía tiene mucho recorrido por delante.
