En las últimas semanas, el fenómeno de los therians, una moda juvenil hasta hace poco confinada a nichos sociales digitales, irrumpió con fuerza a la conversación y en las redes sociales llamativamente empujada por portales y medios conservadores, programas de streaming político y perfiles de famosos militantes y referentes libertarios. Estos jóvenes que expresan una identificación emocional y simbólica con animales pasaron, de pronto y rápidamente, de ser una subcultura marginal y contenido de color en TikTok, a un supuesto síntoma de “decadencia occidental”, una amenaza educativa y emblema del progresismo desquiciado.
La simultaneidad del fenómeno y la cobertura con los mismos encuadres alarmistas, que se replica en Argentina, México, Uruguay y otros países de la región, no parece responder a una excentricidad digital que se gestó espontáneamente en la opinión pública argentina, sino a la activación sincronizada de un dispositivo de batalla cultural de sectores de la ultraderecha que, frente a crisis políticas o judiciales incómodas y riesgosas, desplazan la agenda pública hacia escándalos morales, enemigos culturales, distracciones y chivos expiatorios fácilmente identificables.
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En el fondo a ninguno de los indignados les interesa profundizar o estudiar qué hay detrás de estos movimientos de adolescentes que se muestran con máscaras de perros o performance de zorro, sino simplemente trabajar en la administración de la atención pública y la mitigación de los daños políticos.
El laboratorio argentino: construcción de un enemigo funcional
Un ejemplo claro de cómo funciona este dispositivo conjunto a nivel internacional es La Derecha Diario, medio digital que en los últimos días lo único que hizo fue compartir memes, fotografías, infografías y videos especialmente elegidos sobre therians para encapsularlos, no como un fenómeno marginal, propio de la etapa de construcción de identidad juvenil, sino como expresión de una decadencia civilizatoria. En sus artículos y publicaciones, el encuadre que hace es sistemático: patologización, ridiculización y asociación directa con el progresismo, la agenda "woke” y las identidades de género. La subcultura aparece presentada como “trastorno mental”, “delirio identitario” o resultado de una supuesta ingeniería cultural que estaría desdibujando la identidad humana.
Personajes como Agustín Laje reforzaron ese marco al describir el fenómeno como una degeneración a consecuencia de una sociedad que produce “masas sin identidad”, moldeables por la agenda progresista. El referente antifeminista explotó en un vivo de Youtube contra lo que él define como la degeneración de los “therian trans animales” y “la germinación de masas sin identidad, absolutamente desorientadas y fácilmente manipulables”.
En ese marco los comparó con las identidades de género no normativas, reconocidas por la Ley 26.743 de Identidad de Género en Argentina desde 2012: "Cuando escala políticamente termina cooptando las políticas públicas y terminas teniendo a la identidad therian en material escolar para los chicos o terminas financiando los disfraces de los demás con tu trabajo a pesar de no ser un therian. Esto todavía no ha llegado a esa instancia pero es la escalada que se generó con la ideología de género: empezó siendo una movida de autopercepción individual y terminó siendo política pública en todos los estados de occidente".
El razonamiento replica la matriz discursiva utilizada previamente contra los feminismos, la educación sexual integral, la ley de interrupción voluntaria del embarazo y las identidades trans, que hoy forman parte del discurso político y la agenda oficial mileista. Primero se exagera un fenómeno minoritario y se lo descontextualiza, luego se lo convierte en prueba de decadencia cultural, finalmente se lo presenta como amenaza o peligro social que requiere restauración moral, justificando y dando pie a medidas políticas regresivas y eliminación de presupuestos y derechos adquiridos.
En la misma línea, el diputado provincial por Buenos Aires Agustín Romo reclamó la prohibición de supuestas “escuelas therian”, por la circulación de una serie de convocatorias en redes sociales, pese a que no existe evidencia de instituciones educativas formales con esa orientación. “Hay que prohibirla. No, no me importa, Prohibirla. Sí. Ningún país serio puede tolerar que se promueva este tipo de trastornos mentales”, dijo. El pedido en realidad es un acting, opera como amplificador de la indignación y gesto performativo para escenificar y materializar una batalla cultural que no existe.
La red regional: sincronización narrativa
El accionar de La Derecha Diario deja en evidencia lo grosero de la secuencia. Con ediciones en varios países y fuerte circulación en redes, este medio forma parte de las guerrillas digitales de la extrema derecha para intervenir en la agenda política, funciona como nodo regional de contenidos conservadores y como amplificador de consignas que luego son replicadas por el ejercito de trolls, influencers,, funcionarios y dirigentes. En esta operación parecieran ser uno de los principales agentes de la construcción del therian como amenaza. Y lo llamativo es que la batalla no se limita a un país sino que forma parte de un flujo transnacional con el objetivo de buscar ragebait y activar la indignación selectiva. Una de las estrategias es baitear, es decir ponerle señuelos a la oposición política, la izquierda y progres para que caigan indignados en una trampa comunicacional que busca, en palabras de Steve Bannon, “inundar la zona de mierda” . En el fondo con estos mensajes provocativos, ofensivos o fuera de lugar que boicotean o sabotean la racionalidad y el orden democratico, lo que se busca es expandir como ideas aceptables en el debate público lo que hasta hace poco era descabellado o considerado locura.
En México por ejemplo la operación fue casi calcada, con el agravante que instalaron una fake news para vincular el fenómeno de los therians al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Diferentes portales publicaron contenidos sugiriendo que libros y materiales escolares estarían promoviendo la identificación “trans-animal” a las infancias. Desde la cuenta de La Derecha Diario México denunciaron en X que los libros “comunistas” del “narcogobierno” incentivan a los niños y niñas a convertirse en therians.
Ese material, en el que se ven ilustraciones de niños con máscaras de animales, similares a la vestimenta therian son reales y aparecen entre las páginas 114 a las 127 del libro Proyectos Comunitarios de tercer grado, de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Pero el contenido pedagógico en realidad corresponde a proyectos de enseñanza de fauna y biodiversidad para las escuelas primarias cuyo mensaje apunta a trabajar la empatía, el cuidado y “ponerse en el lugar de otros”, incluyendo a los animales. Para ello incluye información, juegos colectivos y propuestas artísticas para hacer en clase.
No obstante esta información que es pública y fácil de chequear, desde la oposición mexicana aprovecharon la oportunidad para denunciar “tinte ideológico” y adoctrinamiento político en los libros que forman parte del sistema de educación pública, y acusaron al gobierno de fomentar la “confusión identitaria”. Es decir, material didáctico sobre solidaridad y cuidado del medio ambiente transformado en una conspiración ideológica y combustible del odio en las redes. En medio de la polémica, el diputado Raúl Torrer Guerrero, del Partido Acción Nacional (PAN) en el Congreso de la Ciudad de México, afirmó en su cuenta de X que los therians son el resultado de “Años de políticas públicas de izquierda que han confundido libertad con relativismo y han inyectado ideología en lugar de valores, ciencia y responsabilidad de nuestros jóvenes”.
Una vez más se observa cómo las redes de la ultraderecha en América Latina articulan agendas políticas con portales digitales, granjas de bots, declaraciones de referentes y una circulación coordinada de noticias falsas para instalar marcos culturales comunes en distintos países al mismo tiempo. La guerra cultural se exporta en paquetes narrativos cuya homogeneidad, forma de encuadre, y el uso de términos como degeneración, manipulación infantil, amenaza moral, revelan un guión compartido.
El timing internacional: cuando empiezan a caer los poderosos
La intensificación de esta agenda coincide con los primeros efectos políticos y judiciales a nivel internacional de la reapertura global del caso Jeffrey Epstein y la desclasificación de tres millones de documentos, incluidos 180.000 fotos y 2000 videos por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos que incluyen vínculos con figuras centrales de la política, las finanzas, el mundo académico, las grandes tech y los negocios como el fundador de Microsoft, Bill Gates, y el multimillonario tecnológico Elon Musk, entre otros.
El principal involucrado y a quién está protegiendo la derecha internacional de no caer es el Presidente Donald Trump que aparece nombrado miles de veces, incluyendo acusaciones de agresión sexual. Si bien el Departamento de Justicia ya terminó la revisión de los archivos, en el Capitolio la Cámara de Representantes tiene su propia investigación sobre Epstein, en la que por ejemplo el expresidente Bill Clinton buscará testificar. Al mismo tiempo, varios miembros del Congreso y las mujeres víctimas de Epstein siguen exigiendo justicia y la publicación de revelaciones mientras señalan documentos que, hasta ahora, han sido voluntariamente ocultas. Por todo esto fue el mismo Trump quien insinuó el último martes en un discurso en la Casa Blanca que cree que "ya es hora de que el país se ocupe de otra cosa".
El jueves fue el turno del ex príncipe Prince Andrew, quien aparece en una serie de correos electrónicos que comparte con el fallecido financista, acusado de tráfico sexual. En un hecho calificado como histórico para la monarquía británica contemporánea, fue arrestado e imputado formalmente. Si bien el ex duque de York quedó en “libertad bajo investigación” tras 11 horas detenido, podrá ser citado o arrestado nuevamente si surgen nuevas pruebas.
Al mismo tiempo esta semana se conoció que un panel de expertos independientes designado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, analizaron los documentos de Epstein y denuncian la existencia de una “organización criminal global” que incluye delitos cometidos en un contexto de supremacismo, racismo, corrupción y misoginia extrema, con una mercantilización y deshumanización sistemática de mujeres y niñas. “La magnitud, la naturaleza, el carácter sistemático y el alcance transnacional de estas atrocidades contra mujeres y niñas son tan graves que varias pueden cumplir razonablemente el umbral legal de crímenes contra la humanidad”, expresan. Y el caso volvió a salpicar al expresidente Donald Trump, cuya relación previa con Epstein reapareció en medios internacionales.
Cuando las elites financieras y políticas empiezan a enfrentar consecuencias judiciales, políticas y simbólicas, el ecosistema conservador reactiva un ciclo conocido para resguardarse: desplazar el debate hacia polémicas culturales que generen indignación inmediata y ocupan espacio informativo. No llama la atención entonces el anuncio de Trump del último jueves sobre una orden a las agencias federales para “identificar y liberar” archivos gubernamentales relacionados con ovnis, fenómenos aéreos no identificados y vida extraterrestre.
En el capitalismo digital, la operación de distracción es sumamente eficaz ya que el volumen de conversación en línea sobre un tema menor pero atractivo y viralizable puede eclipsar discusiones estructurales y gravísimas sobre redes de poder, explotación sexual, violaciones y abuso de menores, entre otras atrocidades cometidas con complicidad institucional. La indignación dirigida hacia jóvenes marginales desvía la atención pero también energía crítica, tiempo para informarse, organización colectiva y conflictividad social que podría dirigirse hacia actores o hechos con capacidad real de daño, y en el terreno local, hacia debates como la reforma laboral, la precarización, la represión que quedan desplazados. La discusión sobre temas sustanciales pierde centralidad frente a batallas culturales emocionalmente intensas y políticamente superficiales.
Manual de pasos: una tecnología de distracción
La sincronización regional, la repetición de marcos y el timing respecto de escándalos de poder permiten formular una hipótesis robusta: la instalación del tema therian forma parte de una estrategia internacional de la derecha para reordenar la agenda pública en momentos de vulnerabilidad política y crisis profundas. Portales, medios, canales, influencers y dirigentes replican contenidos que maximizan engagement, van directo al impacto emocional y consolidan identidades afines.
El manual de pasos es simple: Identificar un fenómeno no normativo marginal pero visualmente o simbólicamente impactante; vincularlo de alguna manera con el progresismo o la llamada agenda “woke”; amplificarlo y convertirlo en una amenaza para despertar miedo e indignación; producir contenido de fácil lectura, consumo y viralización como memes, humor, fake news; saturar la conversación y ocupar todos los espacios; y finalmente evitar y desplazar los debates estructurales; volver a repetir las veces que sea necesario para que nada perturbe el orden social y el proceso concentración de la riqueza .
