Mucho antes del trazado de rutas, del ferrocarril y del transporte que conocemos hoy, un extenso camino conectaba las principales ciudades del Virreinato del Río de la Plata y articulaba el comercio, la administración y las comunicaciones entre los distintos puntos del sur de América. Se trata del Camino Real al Alto Perú, una arteria que unía al puerto de Buenos Aires con Lima y que aún en la actualidad ofrece un recorrido ideal para los amantes del turismo histórico.
Con una extensión superior a los 4.500 kilómetros, esta ruta atravesaba el actual territorio argentino, el de Bolivia y el de Perú: las provincias de Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy conectaban con ciudades emblemáticas como Potosí, La Paz y Cusco hasta llegar a Lima. Durante más de dos siglos, fue el principal recorrido para el traslado de las mercancías, los metales preciosos, la correspondencia y los propios viajeros.
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La ruta que ayudó a construir el Estado Nación
Aunque el Camino Real fue oficializado por la corona española en el año 1663, gran parte de su trazado aprovechó antiguos senderos del Qhapaq Ñan, la extensa red vial que desarrolló en el territorio el Imperio Inca. Con el paso del tiempo, la ruta se convirtió en un eje estratégico para el desarrollo económico y político de la región y fue escenario del paso de importantes comerciantes, funcionarios, religiosos y protagonistas de las guerras por la independencia.
A lo largo del recorrido completo funcionaban alrededor de 170 postas donde los viajeros podían descansar, cambiar sus caballos o mulas y abastecerse antes de seguir viaje. Muchas de esas construcciones todavía permanecen en pie, especialmente en el norte cordobés, donde forman parte de circuitos patrimoniales abiertos al turismo.
Patrimonio y paisajes, la dupla del turismo histórico
En la actualidad, el Camino Real es una propuesta ideal para quienes buscan historia, naturaleza y cultura en una misma experiencia. El recorrido permite atravesar escenarios muy diversos como las llanuras pampeanas, las sierras cordobesas, la Quebrada de Humahuaca y el altiplano andino, donde la altura supera hasta los 3.900 metros sobre el nivel del mar.
Los especialistas recomiendan planificar este viaje entre los meses de abril y octubre, cuando las condiciones climáticas son más favorables, sobre todo en las zonas montañosas. También aconsejan utilizar autos aptos para los caminos de ripio y de alta montaña, ya que algunos tramos conservan las características del antiguo trazado colonial.
Además de sus increíbles paisajes, recorrer el Camino Real implica observar una parte esencial de la historia argentina y latinoamericana. Cada posta y cada pueblo conserva indicios de una ruta que durante siglos articuló el desarrollo de todo un continente.
