La hora en la que elegimos cenar no es un dato menor cuando se trata de la salud cardiovascular. Un nuevo estudio científico realizado por la Universidad Northwestern demostró que esta elección es determinante para la salud del corazón.
Según la investigación, cenar e irse a dormir inmediatamente tiene grandes riesgos cardiovasculares a largo plazo. Por esta razón, es muy importante dejar de comer aproximadamente tres horas antes de acostarse.
"Entre adultos de mediana edad y mayores con mayor riesgo de enfermedad cardiometabólica, extender el ayuno nocturno alrededor de dos horas, atenuar la luz y no comer durante las tres horas previas al sueño mejoró medidas de salud cardiovascular y metabólica durante el sueño y también durante el día”, señala el estudio.
La relación entre el horario de las comidas y la salud del corazón
Según el estudio, que fue recogido por el medio Real Simple, nuestro ciclo sueño-vigilia (ritmo circadiano) está directamente relacionado con la salud cardíaca y metabólica.
Esto significa que cuando comemos, el cuerpo inicia el tiempo de tránsito gastrointestinal, que permite digerir, descomponer y vaciar los alimentos mientras absorbe nutrientes esenciales.
Cuando los hábitos alimentarios se alinean con el ritmo natural del sueño, los sistemas del cuerpo pueden trabajar de forma más eficiente para regular procesos cardiovasculares y metabólicos, señalan los investigadores.
“No solo importa cuánto y qué comés, sino también cuándo comés en relación con el sueño para obtener los beneficios fisiológicos de la alimentación con tiempo restringido”, explica la Dra. Phyllis Zee, jefa de medicina del sueño en la Feinberg School of Medicine de Northwestern.
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Los resultados del estudio
En el estudio, que duró siete semanas, se vio que quienes terminaban de comer al menos tres horas antes de acostarse presentaban cambios positivos en distintos indicadores de salud frente a quienes cenaban más tarde.
Entre los principales efectos observados se encontraron una leve disminución de la presión arterial (alrededor del 3,5%), una reducción de la frecuencia cardíaca cercana al 5% y niveles de glucosa más estables durante el día, lo que sugiere una mejor respuesta del cuerpo en el manejo del azúcar y la insulina.
Además, los investigadores propusieron acompañar este hábito con una menor exposición a la luz por la noche. Bajar la intensidad lumínica al mismo tiempo que se deja de comer ayudaría a estimular la producción natural de melatonina.
A su vez, esto favorece un sueño de mejor calidad y una sensación de mayor energía al despertar. Por esta razón, los expertos recomiendan seguir todas estas pautas para proteger el corazón a largo plazo.
