En los vastos Esteros del Iberá, en Corrientes, dos cachorros de aguará guazú llamados Kuarahy y Jasy comenzaron una historia de supervivencia que hoy tiene un final esperanzador. Rescatados con apenas 45 días de vida, estos hermanos fueron abandonados y tuvieron que enfrentar el desafío de crecer sin el cuidado materno.
El aguará guazú, conocido como el cánido más grande de Sudamérica, no está en peligro de extinción, pero sí es una especie vulnerable, lo que hace que su preservación sea clave para el equilibrio ecológico de la región. Por eso, el rescate y rehabilitación de Kuarahy y Jasy tomó un valor especial para quienes trabajan en su conservación.
El proceso de rehabilitación en Temaikèn
Tras ser encontrados solos, ambos fueron llevados primero al Centro de Conservación Aguará en Corrientes, donde recibieron atención médica profesional durante un mes. Luego, fueron derivados a la Fundación Temaikèn, en Buenos Aires, que tiene amplia experiencia rehabilitando esta especie, incluyendo casos similares en la provincia de Córdoba.
En el Centro de Recuperación de Especies Temaikèn (CRET), los cachorros pasaron 45 días en un estricto aislamiento sin contacto humano. El objetivo era que desarrollaran sus habilidades naturales en un entorno muy parecido a su hábitat original, evitando que se acostumbraran a la presencia humana y asegurando una mejor adaptación al volver a la vida salvaje.
Guillermo Delfino, coordinador del Programa de Especies Amenazadas de Temaikèn, destacó que “el hecho de que sean dos hermanos fue un factor positivo: la compañía mutua hizo que la adaptación fuera menos traumática y que el vínculo entre ellos actuara como un sostén natural durante las primeras semanas”.
Cuando llegaron al centro, Kuarahy y Jasy pesaban apenas 1,2 kilogramos cada uno. Ahora, tras el proceso de rehabilitación, pesan cerca de 20 kilogramos y miden alrededor de 90 centímetros de altura, sin haber presentado problemas de salud en todo ese tiempo.
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El regreso a la libertad y el monitoreo satelital
Esta evolución permitió que en las últimas horas se decidiera su regreso a los Esteros del Iberá, donde podrán continuar su vida en libertad. Para seguir de cerca su adaptación y movimientos, ambos aguará guazú fueron equipados con collares satelitales con tecnología GPS, una herramienta fundamental para el monitoreo de especies vulnerables.
El aguará guazú enfrenta amenazas como la pérdida de su hábitat, atropellamientos en rutas rurales y la caza injustificada basada en mitos falsos sobre su comportamiento. Por eso, la historia de Kuarahy y Jasy no solo es un ejemplo de recuperación individual, sino también un símbolo del compromiso con la conservación de esta emblemática especie sudamericana.
