En Argentina abundan las marcas de galletitas pepas, pero pocas lograron convertirse en un clásico como Tía Maruca. Detrás de ese nombre hay una historia que comenzó como un pequeño emprendimiento familiar y que, con el paso de los años, llegó a disputar un lugar entre las principales empresas del rubro.
El creador de la marca fue Alejandro Ripani, quien desde muy chico aprendió el oficio en la fábrica Galletitas RC, ubicada en Ramos Mejía y propiedad de su padre. Allí conoció cada etapa del proceso de elaboración, desde las recetas hasta la distribución, una experiencia que terminaría siendo clave para lanzar su propio proyecto.
Corría 1998 cuando Ripani decidió fundar Tía Maruca. El nombre no fue elegido al azar, sino que era un homenaje a su tía Maruca y buscaba transmitir la idea de las recetas caseras y la cocina familiar. Antes de tomar esa decisión, el empresario había intentado adquirir la histórica marca Doña Petrona. Sin embargo, la operación nunca prosperó y eso lo llevó a crear una identidad completamente nueva. Así nacieron las primeras pepas y las tradicionales galletitas de hojaldre, elaboradas con una impronta artesanal y distribuidas inicialmente en kioscos, almacenes de barrio y pequeños comercios.
Si bien Tía Maruca logró crecer de manera sostenida desde su nacimiento, fue recién en 2017 cuando dio el salto más importante de su historia. Ese año adquirió la planta Dilexis, en Albardón, San Juan, donde anteriormente PepsiCo fabricaba las galletitas Toddy. La operación representó un antes y un después para la empresa: amplió considerablemente su capacidad industrial, alcanzando una producción cercana a las 15.000 toneladas anuales, y le permitió controlar alrededor del 5% del mercado nacional de galletitas.
Mileísmo, crisis y el cierre de las plantas de Tía Maruca
Sin embargo, el escenario cambió drásticamente en los últimos años. La caída del consumo, el aumento de los costos de producción y la crisis que atraviesa la industria alimenticia impactaron de lleno en la empresa, afectando el funcionamiento de sus plantas de San Juan y Chascomús.
En un intento por sostener el negocio, en 2024 la familia Ripani vendió el 50% de Tía Maruca al grupo Argensun Foods, propietario de la marca Pipas. La operación buscaba aportar capital y fortalecer la estructura financiera de la compañía, mientras Alejandro Ripani permanecía como socio minoritario. Sin embargo, las dificultades continuaron y finalmente la empresa decidió cerrar las puertas de sus fábricas propias. En la actualidad, Tía Maruca mantiene su presencia en las góndolas mediante un sistema de producción tercerizada.
