Un médico argentino fue premiado por una innovadora técnica quirúrgica

Se trata de un reconocimiento prestigioso que fue otorgado en la ciudad italiana de Florencia. El avance se desarrolló en un centro médico de Quilmes que permite minimizar los riesgos de las cirugías oculares.

31 de mayo, 2026 | 19.58

Un médico argentino fue galardonado con el premio Giglio d’Oro en la ciudad italiana de Florencia. Se trata de una distinción que reconoce la innovación dentro del ámbito de la salud.

El reconocimiento fue otorgado al doctor Roberto Albertazzi durante el tercer Congreso Mundial de Queratocono. El profesional es médico oftalmólogo, cofundador de la International Keratoconus Society y ex presidente de la World Keratoconus Society.

La innovación fue desarrollada en el Centro de Ojos Quilmes, en el sur del conurbano bonaerense, con la colaboración del doctor Roger Zaldívar. La creación de Albertazzi escaló hasta un escenario mundial, resaltando su profesionalismo y capacidad de la medicina argentina.

Una solución 

El queratocono es una afección ocular en la cual la córnea adelgaza progresivamente y se deforma, adquiriendo una silueta cónica que reemplaza su curvatura natural. Como consecuencia, los pacientes experimentan visión borrosa y distorsionada, halos lumínicos y serias dificultades para la visión nocturna.

La patología suele irrumpir con mayor frecuencia en adolescentes y adultos jóvenes, progresando por un lapso de entre 10 y 20 años antes de lograr estabilizarse.

Las causas de aparición combinan factores ambientales, genéticos y hormonales. También el acto de frotarse los ojos se ubica como uno de los desencadenantes más comunes y evitables.

Cómo es la técnica ganadora

Para frenar la deformación, desde hace más de 40 años se utilizan  anillos intracorneales, unos dispositivos biomédicos implantados para estabilizar la geometría de la córnea.

La innovación premiada consiste en un rediseño absoluto del procedimiento a través de la técnica denominada By-Limbic, que modifica la metodología tradicional aplicando al uso de tecnología de femto láser para realizar el implante directamente a través del limbo, la zona de transición entre la córnea y la parte blanca del ojo.

Al hacerse la incisión en el limbo y no sobre el techo de la córnea, el procedimiento mantiene el túnel corneal completamente cerrado y aleja los implantes de la herida quirúrgica. Esta variante otorga la flexibilidad de realizar modificaciones de segmentos, arcos, perfiles y volúmenes, permitiendo incluso colocar piezas de 360 grados.

Según los profesionales, la ventaja clínica más relevante es que reduce drásticamente el riesgo de que el anillo migre hacia la superficie o protruya, que es una de las complicaciones más temidas del método clásico.

Asimismo, el cierre definitivo de la herida se completa entre los 15 y 20 días posteriores a la operación, logrando una recuperación rápida, previsible, menos invasiva y sin dejar cicatrices visibles en el ojo del paciente.

La detección tardía de la enfermedad

El problema radicaba en la detección tardía de la enfermedad, ya que el abordaje convencional consistía en derivar de inmediato al paciente al uso de lentes de contacto, lo que permitía que la condición siguiera avanzando hacia estadios severos.

En una etapa inicial, los lentes lograban mejorar la calidad de la imagen, en casos avanzados los anteojos ya no lograban restituir una visión nítida, ubicando al trasplante de córnea como la única salida viable.

Actualmente, el equipo de profesionales trabaja en la optimización del método a través de planificaciones basadas en gráficos vectoriales para otorgar un mayor anclaje clínico. 

El manejo moderno de la enfermedad se estructura como un proceso continuo dividido en tres etapas independientes: el tratamiento de la superficie ocular que acompaña al paciente de por vida, la estabilización de la estructura corneal y la rehabilitación final de la visión. La técnica premiada opera de manera directa sobre la segunda fase, la más crítica para frenar el avance de la patología.