Detrás de algunas de las fachadas más imponentes de la Ciudad de Buenos Aires no hay mansiones aristocráticas ni sedes gubernamentales. En realidad, se trata de gigantescos depósitos de agua construidos entre fines del siglo XIX y mediados del XX para abastecer a la población porteña. Por su arquitectura monumental y su apariencia elegante, son conocidos como los “falsos palacios” de Buenos Aires.
El más famoso es el Palacio de las Aguas Corrientes, aunque existen otros tres edificios similares distribuidos en distintos barrios. Todos fueron concebidos como piezas clave del sistema sanitario argentino y reflejan la importancia que tuvo el desarrollo de obras públicas durante aquella época.
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El Palacio de las Aguas Corrientes, el más famoso
El edificio más emblemático es el Palacio de las Aguas Corrientes, ubicado en avenida Córdoba y Riobamba. Fue inaugurado en 1894 y declarado Monumento Histórico Nacional. Aunque parece un palacio europeo, en su interior alberga enormes tanques de agua sostenidos por una estructura metálica de hierro.
La construcción posee más de 170.000 piezas cerámicas esmaltadas importadas de Inglaterra y Bélgica, además de techos de pizarra francesa y ornamentaciones inspiradas en el renacimiento francés. Su capacidad original superaba los 72 millones de litros de agua potable.
Con el tiempo, el edificio también alimentó leyendas urbanas y teorías sobre supuestos túneles, fantasmas y secretos ocultos detrás de sus muros.
Los otros tres “palacios” ocultos
Además del histórico edificio de avenida Córdoba, Buenos Aires tiene otros tres depósitos monumentales.
Uno está en el barrio de Caballito, entre las calles Valle, Beauchef y Pedro Goyena, y comenzó a funcionar en 1915. Otro se encuentra en Villa Devoto y fue inaugurado en 1917. Ambos replican el estilo arquitectónico del Palacio de las Aguas Corrientes, aunque con fachadas menos ornamentadas.
El cuarto edificio es el Depósito Paitoví, ubicado entre San Cristóbal y Constitución. A diferencia de los anteriores, presenta un diseño racionalista y una estructura de hormigón armado inaugurada en 1957. También funciona como gran reservorio de agua potable.
Estos cuatro “falsos palacios” siguen siendo parte esencial de la infraestructura porteña y, al mismo tiempo, algunas de las construcciones más curiosas y desconocidas de la ciudad.
