En Brandeburgo, el Servicio de Eliminación de Municiones de Guerra (KMBD) ha recuperado cerca de Forst, tras varios días de preparación, un cañón del Ejército Rojo de la Segunda Guerra Mundial del río Neisse. Pese a las décadas en el agua, la pieza está sorprendentemente bien conservada y se usó en 1945 en la ofensiva hacia Berlín. El KMBD, que depende de la Policía de Brandeburgo, lleva años realizando este tipo de operaciones en la región, pero ningún hallazgo había llamado tanto la atención como este. En la frontera con Polonia, a unos 20 kilómetros de Cottbus, el arma fue descubierta durante trabajos en el cauce del río, cuando los operarios notaron la presencia de un objeto metálico de gran tamaño parcialmente enterrado en el lecho.
Según explicó al canal RBB Enrico Schnick, del KMBD, el cañón de infantería de 76 mm, modelo M1943 del Ejército Rojo, presenta mucho óxido pero está muy bien conservado. Incluso las ruedas, al parecer, todavía giraban durante la operación de izado. "Se debe a que quedó conservado en el barro y la arena del Neisse. No recuerdo un hallazgo similar en nuestra región", señaló el técnico en desactivación de explosivos. El proceso de extracción requirió varios días de preparación, ya que los especialistas debieron asegurarse de que el cañón no contuviera munición sin detonar que pudiera representar un peligro para el equipo de rescate.
El contexto histórico y los combates de 1945
La ciudad de Forst, en la Baja Lusacia, fue casi totalmente destruida durante los combates más duros entre la Wehrmacht alemana y el Ejército Rojo en abril de 1945. Hoy la localidad del distrito de Spree-Neisse tiene unos 17.000 habitantes, pero en aquellos días fue escenario de una de las batallas más feroces del avance soviético hacia el oeste. El cañón hallado formaba parte del arsenal que el Ejército Rojo utilizó para atravesar las defensas alemanas en su camino hacia Berlín, una ofensiva que selló el destino del Tercer Reich. La presencia de este tipo de armamento en los ríos de la región no es extraña, ya que durante los combates muchos vehículos y piezas de artillería fueron abandonados o hundidos para impedir que cayeran en manos enemigas.
El portal Niederlausitz Aktuell publicó vídeos del rescate del cañón de regimiento, donde se puede ver cómo los especialistas del KMBD utilizaron grúas y equipos de buceo para extraer la pieza del lecho del río. Según el diario Berliner Morgenpost, en la Unión Soviética se fabricaron, principalmente durante la Segunda Guerra Mundial, más de 5.000 cañones del tipo M1943, que se convirtieron en una de las piezas de artillería más utilizadas por el Ejército Rojo en el frente oriental. Su diseño robusto y su capacidad para disparar contra posiciones fortificadas los hicieron indispensables en las ofensivas soviéticas de los últimos años del conflicto.
El destino del cañón y otros hallazgos en Europa
Al parecer, la pieza no acabará en un museo. Según explicó Enrico Schnick, ahora se encuentra en la planta de desmantelamiento del KMBD en Kummersdorf y, con toda probabilidad, será después "eliminada de forma adecuada". Esta decisión ha generado cierta controversia entre los aficionados a la historia militar, que consideran que un hallazgo tan bien conservado merecería ser exhibido en algún centro de interpretación histórica. Sin embargo, desde el KMBD aseguran que el proceso de desmantelamiento es el protocolo habitual para este tipo de objetos, a menos que una institución museística solicite su cesión.
El hallazgo de armas de la Segunda Guerra Mundial no es inusual en Europa. En 2025, la desactivación de una bomba paralizó el tráfico ferroviario en París, mientras que en Alemania se tienen que neutralizar una y otra vez bombas sin detonar de la Segunda Guerra Mundial. A menudo son necesarias amplias evacuaciones, como ocurrió el año pasado en Colonia, donde más de 20.000 personas tuvieron que abandonar sus viviendas tras el hallazgo de una bomba sin explotar. El cañón de Forst, sin embargo, no representa un peligro explosivo, pero su valor histórico no será preservado, al menos por ahora. Su extracción del río Neisse cierra así una historia que permaneció oculta bajo el agua durante más de ocho décadas, a la espera de que la corriente o los trabajos de dragado la devolvieran a la superficie.
