Fue la primera latina en cruzar el Canal de la Mancha y la prohibieron por peronista: "Estaba luchando contra el mar"

Con el impulso decisivo de una revista inglesa, un vínculo familiar y el apoyo de Eva Perón, Enriqueta Corina Duarte Ibarra García  construyó una historia extraordinaria cuyo epílogo es tan singular como su recorrido: compitió hasta los 91 años y murió a los 95 en un convento de Liniers.

08 de mayo, 2026 | 05.00

Enriqueta Corina Duarte Ibarra García tuvo una vida de novela, pero no necesariamente por la extensión de su apellido que bien podría portar la protagonista de un culebrón televisivo. Tampoco solo por sus grandes hazañas en la natación, deporte al que llegó de casualidad por un consejo médico. Peronismo, amores frustrados, violencia de género, intento de asesinato, cancelación y exilio serían algunos de los tópicos destacados para contar su historia. 

Cómo epílogo: compitió hasta los 91 años y murió a los 95 en un convento de Liniers. Y en el núcleo de esa atractiva trama que fue su vida, se convirtió en la primera mujer que cruzó el Canal de la Mancha, incluso superando el récord de un hombre. Una revista inglesa, un pariente y Eva Perón fueron determinantes para que eso suceda.

Nacida en Recoleta, el 26 de febrero de 1929, Enriqueta descubrió su lugar en el mundo casi por accidente: en las piletas de Obras Sanitarias. Un consejo de un médico dictaminó que tanto ella como su hermano debían comer mejor y hacer deportes porque estaban “raquiticos”. Si bien su padre trabajaba en la parte administrativa de la empresa estatal, no fue hasta esta prescripción médica que se dedicó a la natación

Su relación con el agua no fue un amor a primera vista, se fue encariñando con los años y los logros. Y esa atracción comenzó tras un torneo interno del club en la categoría pecho, cuando el entrenador les consultó a sus padres si quería prepararla y aceptaron de inmediato. Y el ojo del profesional fue preciso ya que desde su debut oficial, el 14 de febrero de 1942, quedó claro que lo suyo era el alto rendimiento. 

Luego, continuaron otros tantos logros en el terreno nacional, donde ganó numerosos campeonatos. Llegó a competir en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 en tres pruebas. Si bien no fue su mejor performance, la experiencia fue de suma utilidad para su futuro cercano. En entrevistas cuestionó que hubo irregularidades y que a la delegación de mujeres no les ofrecían las mismas comidas que a los varones. También comentó que hubo integrantes de la comitiva que comercializaron la carne destinada a los atletas; muy valorada en la Europa de postguerra. 

Sin embargo, lo mejor aún no había llegado en la vida deportiva de Duarte. De hecho, faltaban tres años para su mayor hazaña: cruzar el Canal de la Mancha y superar un récord logrado por un hombre convirtiéndose en la primera mujer hacerlo y con la marca mayor de Sudamérica. 

Asado, peronismo y pasaje directo al Canal de la Mancha

“Una amiga me dice, Enriqueta, ¿sabés que Antonio Aberdón (un nadador argentino) cruzó El Canal de la Mancha?" recordó Duarte en un corto documental realizado por Racing Club, club que “Coca” representó con un escudo en su pecho durante la travesía. Ese día volvió y le dijo a sus padres que quería intentar cruzarlo.

La nadadora contó que su padre, periodista, llevó su proyecto al diario Buenos Aires Herald para buscar apoyo y visibilidad para competir en Gran Bretaña. Días después, logró una audiencia con el embajador argentino en Inglaterra, quien ya la conocía por vínculos familiares. El diplomático se comprometió a organizar un encuentro en la embajada con el medio que impulsaba la competencia para facilitar su participación.

En la publicación británica había 1500 inscriptos, pero el contacto ayudó a que Enriqueta quedara seleccionada. El próximo escollo era cómo solventar el viaje y los diversos costos que genería. En ese punto aparece Eva Duarte de Perón, quien había formado el Ateneo Deportivo Femenino con las atletas olímpicas y deportistas de todo el país. “La abanderada de los humildes” era la principal propulsora de que la nadadora de mismo apellido (pero no, pariente) lograra su cometido con todos los apoyos necesarios. 
 
“Ella sabía que yo había sido elegida. pero ahí le cuento que no habíamos conseguido la plata para viajar. Le dio un ataque y le ordenó a su secretario privado una audiencia para el día siguiente. Ella ya estaba enferma, pero nos dio todo para viajar. Quería que llevemos dos trofeos para los dos primeros ingleses que se clasifiquen en el Canal de la Mancha. Nosotros andábamos muy mal con Inglaterra, por los ferrocarriles y por la carne, entonces ella, que tenía una habilidad política tan increíble, me mandó los dos trofeos y me hizo así con el dedo ‘aunque ganen ustedes no son para ustedes, son para los ingleses’. ¡Vivísima!”, expresó en una entrevista realizada con Página/12 en 2011.

“La verdad que esos éxitos eran los éxitos de la Nación, por lo tanto, era muy habitual que sean recibidos en la Casa de Gobierno. Pero también lo que encuentro en distintas fuentes es que Perón y Eva se encargaban de fomentar estos lazos personales con los deportistas. Por ejemplo, si había un campeón en un pueblo de alguna provincia de un torneo local y le escribía al Gobierno, ellos le contestaban. Eso lo vi en las fuentes, pero infinidad de veces. No sé, ganaba un tal Pedro Pérez un torneo de lanzamiento de jabalina en el Club San Fernando en la competición menores de 12, mandaba un telegrama y ellos respondían. Entonces, por supuesto que con los grandes éxitos, como fue el de Enriqueta al cruzar el Canal de la Mancha, actuaban de la misma forma”, le explicó a El Destape Iván Pablo Orbuch, doctor en Educación recibido en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

La proeza, al otro lado del mar 

“Yo salí con la idea de que podía tardar 24 horas. En un momento dado de la carrera, me dicen que voy primera, porque no nos vemos, quedamos nada más con nuestras embarcaciones, el cielo y el mar. Igual a mí eso ni me preocupaba, porque yo no iba a competir, quería puramente cruzar el Canal de la Mancha: por eso digo que no fui preparada. En un momento, yo estoy luchando contra el agua y veo que no deslizo, que no agarro agua, que no estoy nadando bien; no sabía si era por un dolor o qué. Entonces le pregunto al entrenador que estaba en el barco grande, ¿qué pasaba? Me dice que estaba todo bien. Y estaba luchando contra el mar porque resulta que estábamos en una corriente equivocada”, iniciaba el relato que expresó durante toda su vida Enriqueta sobre el épico 16 de agosto de 1951.

Yo tenía allá a la izquierda como a 50 metros a un francés, a Durán. Me encamino, finalmente, pasa el tiempo, sigo nadando y de repente empiezo a ver los blancos Estrechos de Dover. ¡Ya veo Inglaterra! Veo la playa, gente, arriba de los acantilados, pastitos, autos y la ambulancia. Y en cada brazada veía algo más. Y a los gritos, todos, y yo también sobrepasada de alegría y felicidad. Mi mamá lloraba. Hice el récord latinoamericano para hombres y mujeres, en 13 horas y 26 minutos”. 

Su tío, el “inventor” del peronismo

Enriqueta Duarte siempre contaba que conoció a Eva y a Perón en su faceta como deportista, aunque su vínculo con el partido también provenía de su entorno familiar: su tío, Oscar Ibarra García, era subsecretario de Relaciones Exteriores. Asimismo, su padre era un periodista y cronista parlamentario que llegó a fundar el diario Nueva Argentina. Y la actividad de su progenitor la llevó a estar presente cada vez que Perón leía sus mensajes en el Congreso los 1º de mayo o en la presentación de los Planes Quinquenales. Además de que en esas visitas solía observar a Eva en el palco; hasta se sabía los juramentos de memoria.

Recuerda que, cuando Perón aún no era presidente, acostumbraba a saludar en una galería al costado del Salón Blanco. En una ocasión, se encontró allí con su tío, quien le dijo: “Qué peronista que sos”. Por eso ella consideraba que su tío inventó el término, ya que en ese entonces solo se hablaba de laborismo y sindicalismo. Por esta razón, se define como la peronista número uno. Aunque también se consideraba “evitista”. 

Más aún, dos meses después de la asunción de Perón en su primera presidencia, participó en el Sudamericano de Río de Janeiro y ella destacaba que fue la época de oro de la natación argentina, ya que tanto hombres como mujeres lograron un gran triunfo al vencer a Brasil. En esa ocasión, recibieron un telegrama de felicitación del primer mandatario y una vez que volvieron a Buenos Aires, el propio Perón fue a recibirlos.

“El deporte era muy importante para el peronismo. De hecho, en esos tiempos había algo que se llamaba la diplomacia deportiva. Entonces era realmente relevante que los atletas de todas las disciplinas puedan tener su oportunidad de ir y dejar bien parado su nombre y al país. En sintonía con ello, hubo varios discursos especialmente dedicados cada vez que se despedia a un atleta en la previa de la competencia. Y el mensaje de esos textos era dejar bien parado el nombre nacional, que lo más importante era competir, hacerse amigos, que ganar era accesorio, que el deporte serviría para formarlos como personas. Esta lógica del gobierno de Perón llega a un punto cúlmine con la participación de un montón de chicos, que compitieron en los Juegos Nacionales Evita, en Helsinki 52”, explica ante El Destape, Orbuch, especialista en la historia de la Educación, la Educación  Física y el deporte durante el peronismo. 

Además, Enriqueta fue de la partida en la concepción del Ateneo Deportivo Femenino “Evita”, fundado por la primera dama el 11 de julio de 1951. De hecho, la nadadora tenía el carnet número 27 que ostentaba y mostraba en las notas realizadas hasta sus últimos años de vida. Asimismo, estaba afiliada al Partido Peronista Femenino. 

“La presidenta del Ateneo, en tanto, era Elsa Irigoyen, que era una esgrimista. Después la vicepresidencia la ocupó Mary Terán de Weiss. Enriqueta llega a tener el cargo de protesorera, o sea, que estaba entre las tres o cuatro deportistas más cerca de Eva. Y precisamente, esa cercanía es la que de alguna manera le financia el cruce del Canal de la Mancha, que es como su presentación en sociedad, digamos, porque era como muy importante”, detalla Orbuch, quien también se desempeña como investigador de la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR).

Golpe, exilio y prohibición 

Con todo, el Golpe del 16 de septiembre de 1955 la censuró. De hecho, dentro del contexto del decreto 4161, que prohibía la utilización de imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrina, artículos y obras artísticas que representaran al peronismo, la Comisión 49 acusó de recibir prebendas a los deportistas afines al justicialismo o que sencillamente fueron recibidos por el presidente y los sancionó no permitiéndoles competir. A partir de entonces, Enriqueta Duarte fue a vivir a Londres, Inglaterra.

“Hubo un montón de deportistas a los que le destruyeron la carrera. La tenista Mary Terán de Weiss, el fondista Osvaldo Suárez que no pudo asistir a los Juegos Olímpicos de Melbourne 56, que venía batiendo todos los récords, el básquet también sufrió de un vacío de éxitos luego. Hay documentales al respecto e incluso hay mucho más escrito. Entonces, evidentemente, Enriqueta sufre los rigores de haber sido cercana al peronismo”, agregó Orbuch, autor de libros como La interna que paralizó un país, Peronismo y Educación Física, Peronismo y Cultura Física. 

Tras su retorno, Enriqueta sigue triunfando como nadadora. De hecho, el 2 de marzo de 1963 cruzó a nado el lago Nahuel Huapi, también hizo lo propio con el Lácar. La primera de las dos travesías la logró varias veces más e incluso desde 2006 comenzó a organizar ella la competencia de cruzar el lago patagónico. Y continuó ligada con la natación hasta poco antes de su muerte: nadó hasta los 91 años.

No obstante, aún le faltaba mucho por vivir. Y en ese sentido, su fallido casamiento merece un párrafo aparte. García Duarte conoció a su marido durante su travesía en el Canal de la Mancha, donde se presentó como médico aunque aún no estaba recibido (mentira corroborada por ella años después). No obstante, al principio la pareja no andaba mal. En consecuencia, sellaron su vínculo tanto por civil, como por iglesia. Asimismo tuvieron tres hijos. 

Pero luego, comenzó a advertir sus mentiras, sus infidelidades y sus malos tratos.  Intentó pedir la anulación del matrimonio religioso, pero no pudo concretarla. Con todo, ella sentía que se había casado para toda la vida y que debía aceptar las "malas cartas" que le habían tocado, a pesar de la violencia de género que sufría. Finalmente se separó, pero tras sufrir mucho. Encima con el agravante que ella no se animó a un verdadero gran amor. Él fue Enrique Kistenmajer, un decatleta argentino con quien mantuvo una relación intensa. “Yo misma rompí con él. Lo dejé libre para casarse con otra. Fue mi error y lo pagué. Me quedé con ese dolor”, confesó. 

En cuanto a su ex, Enriqueta detallaba que él era un caudillo de zona norte vinculado con jueces: no le pagaba la cuota alimentaria, intentó matarla (provocando una fuga de gas en la casa), la mandó presa y la acusó de robo. En pleno divorcio, ante la falta de dinero para alimentos, ella vendió los libros de medicina de él, por lo que terminó detenida 27 horas. En la celda, fue asistida por unas prostitutas que, al conocer la situación, la ayudaron con sábanas, ropa y comida. Con todo, se fue a vivir a Venezuela un poco antes del comienzo de la dictadura cívico militar. 

En el país caribeño comenzó otra vida. Ingresó a la compañía aérea Pan Am donde ascendió sistemáticamente hasta llegar a directora regional. En algunas de las tantas entrevistas que le realizaron desde que fue reivindicada durante el gobierno kirchnerista contaba que ganaba 25 mil dólares por mes. 

En Caracas también encontró otra faceta de su pasión: se destacó como nadadora máster, participando en competencias hasta una edad avanzada y fue campeona nacional e internacional. En 2005, regresó a la Argentina. Y al año siguiente comenzó a organizar  la “Prueba Internacional de cruce a nado del Lago Nahuel Huapi”, que aún se celebra.

Al fin, los reconocimientos

Las acusaciones de la llamada Revolución Libertadora, más la prohibición para la competencia y su exilio a Venezuela, hicieron que los reconocimientos llegaran tarde para Enrique García Duarte en Argentina. En 2007, fue distinguida con un premio del Senado argentino y recibió el Premio al Mérito Deportivo de la Cámara de Diputados. Asimismo, la nombraron “Personalidad Deportiva Destacada” en la ciudad de Buenos Aires y el municipio de Tigre en 2011. Mientras que, en 2022, Racing Club decretó que la pileta principal del estadio Presidente Perón pase a ser identificada con su nombre, en honor a que cruzó a nado el Canal de la Mancha en 1951 con el escudo académico en su pecho. 

Desde 2010, en adelante, se estima que los reconocimientos del Estado visibilizaron su figura, entonces los medios de comunicación se interesaron por su historia y- consecuentemente- concedió decenas de entrevistas. Un hecho que ella disfrutaba ya que en los espacios que le daban tiempo contaba todos los detalles de su travesía al Canal de la Mancha y otras tantas historias vinculadas con Evita. Se ufanaba de su memoria que validaba con precisiones casi fotográficas de anécdotas de sus años dorados.  

Murió el 3 de julio, tenía 96 años, tras padecer en el último tiempo varias internaciones. De hecho, por eso vivía en un convento, ya no caminaba, aunque su memoria estuvo intacta casi hasta el final. El Comité Olímpico Argentino se encargó de confirmar la noticia: “El Comité Olímpico Argentino lamenta el fallecimiento de Enriqueta Duarte, atleta olímpica y pionera de la natación argentina. Acompañamos a su familia, amigos y seres queridos en este doloroso momento”, decía el comunicado. 

Dejó este mundo en paz, aseguraba que ya había alcanzado todos sus sueños y se ilusionaba que su historia podría servir de ejemplo para otras mujeres.