La muerte de Alejandro Zalazar, un anestesista de 29 años que fue hallado sin vida en su departamento del barrio porteño de Palermo, desencadenó en una trama impensada. El caso comenzó como una investigación por presunto consumo problemático, pero derivó en una causa de desvío de medicamentos, denuncias en hospitales reconocidos y versiones sobre fiestas clandestinas impulsadas por drogas.
El pasado 20 de febrero, el joven anestesista que se desempeñaba en la guardia del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, fue encontrado muerto en su vivienda. Su cuerpo presentaba una vía en uno de sus pies y distintas marcas de catéter y a su alrededor había algunos elementos descartables para inyecciones.
La autopsia determinó que la causa de muerte fue una combinación de congestión y edemas, tanto pulmonares como cerebrales. Sin embargo, los investigadores sospechan que el cuadro podría estar vinculado a una sobredosis de sustancias como propofol y fentanilo, dos potentes fármacos de uso médico.
Una investigación en curso por faltantes de medicamentos
Pocos días después del hallazgo del cuerpo de Zalazar, el Hospital Italiano de Buenos Aires presentó una denuncia por faltante de anestésicos. A partir de allí, la investigación del caso emprendió un nuevo rumbo y quedó a cargo del juez Javier Sánchez Sarmiento.
El avance fue inmediato. Para el 12 de marzo, la Policía de la Ciudad realizó tres allanamientos que resultaron positivos. Según se pudo establecer, algunos de los medicamentos encontrados en el departamento del anestesista fallecido pertenecían al hospital denunciante.
Fue entonces que la causa se enfocó en un posible esquema de administración fraudulenta de fármacos dentro del sistema de salud. Hasta el momento, hay dos personas imputadas: Hernán Boveri, el exintegrante del área de Anestesiología del Hospital Italiano, y Delfina Lanusse, residente de tercer año, quien fue apartada del cargo.
Los dos imputados fueron indagados por el fiscal Lucio Herrera y enfrentan cargos vinculados al manejo irregular de medicamentos. Ahora la Justicia intenta determinar si existió un circuito organizado de desvío de estas sustancia.s
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Fiestas y audios que suman hipótesis
En paralelo a la investigación judicial, comenzaron a circular otras versiones en las redes sociales a partir de la viralización de un audio de WhatsApp. En dicho registro se podía escuchar a una chica que relataba la existencia de presuntas fiestas conocidas como “Propofest”, donde un grupo de anestesistas habrían utilizado recursos del trabajo con fines recreativos.
Si bien ese material no forma parte formal del expediente, los investigadores no descartan ninguna hipótesis. En ese contexto es que también surgió otra línea de análisis asociada a la posible oferta de “viajes controlados”. Según esta versión, se hablaría de supuestas experiencias pagas en las que una persona consume estas sustancias bajo la supervisión de alguien preparado para intervenir ante posibles emergencias.
La Justicia busca reconstruir el recorrido de los medicamentos para determinar las responsabilidades y, sobre todo, esclarecer la muerte de Zalazar, para entender si fue un hecho aislado o el hilo suelto de un entramado mucho más amplio.
