El Palo borracho es una de las especies de árboles más conocidas de la Ciudad de Buenos Aires. Su nombre científico es Ceiba speciosa, sin embargo, popularmente es reconocido de aquella manera. Este apodo es producto de su abultado tronco, el cual se asemeja a una botella o un odre de vino, conocidos antiguamente como "borrachas".
Cuál es el origen del Palo borracho y cómo es
El palo borracho es uno de los árboles más emblemáticos del paisaje porteño. Su nombre científico es Ceiba speciosa y es originario de las regiones tropicales y subtropicales de Sudamérica, especialmente del noreste argentino, Paraguay y el sur de Brasil.
El origen de su curioso nombre está relacionado con la forma de su tronco. A medida que crece, desarrolla una base ancha y abultada que recuerda a una botella o a una “panza”, motivo por el cual popularmente comenzó a llamárselo “palo borracho”. Pero en realidad, ese ensanchamiento funciona como reserva de agua, una forma de supervivencia que el árbol encontró para épocas de sequía.
El palo borracho se puede reconocer muy fácilmente, gracias a su gran porte y por su tronco verde cubierto de aguijones cónicos. Sus hojas son palmadas, con entre cinco y siete folíolos, y durante el verano y el otoño produce flores grandes y llamativas, generalmente rosadas aunque también pueden ser blancas o amarillentas según la especie. Cuando sus frutos se abren, liberan una fibra blanca parecida al algodón que suele verse flotando por las calles porteñas.
Cuántos ejemplares de Palo borracho hay en la Ciudad de Buenos Aires
En la Ciudad de Buenos Aires hay más de 5.000 ejemplares distribuidos entre plazas, parques y grandes avenidas. Es una de las especies más frecuentes dentro de los espacios verdes porteños y puede encontrarse en lugares emblemáticos como la Avenida 9 de Julio, Plaza San Martín, Parque Centenario, Parque Las Heras y el Jardín Botánico.
MÁS INFO
Además de su valor ornamental, el palo borracho forma parte de la identidad urbana de Buenos Aires desde hace más de un siglo. Los primeros ejemplares fueron introducidos en la ciudad hacia fines del siglo XIX y luego comenzaron a utilizarse masivamente en proyectos urbanos y parques diseñados por el paisajismo porteño. Hoy, este árbol es un emblema de la ciudad y sería muy extraño imaginarnos las calles de los barrios porteños sin su presencia tan imponente.
