Dos milenios atrás, Cicerón memorizaba sus discursos utilizando una técnica que hoy es recuperada para combatir el deterioro cognitivo, la depresión y otras enferemedades y lesiones cerebrales. Se trata del método de loci, el cual crea analogías entre espacios familiares y nuevos datos para poder recordarlos. A pesar de que resulta bastante obvia su fórmula, los científicos recién ahora descubrieron que funciona de manera complementaria al mecanismo natural del cerebro.
"Los fundamentos son sencillos: crear un mapa mental de un lugar conocido y luego crear asociaciones entre objetos y ubicaciones específicas a lo largo de una ruta", explican desde National Geographic, y se preguntan: "¿Pero es fácil? No necesariamente. La clave está en usar la imaginación para hacer que esas conexiones mentales sean memorables: cuanto más extrañas, vívidas e impactantes, mejor", detallan.
En lo que respecta a su aplicación en la salud cognitiva, desde NatGeo esbozan: "Estudios recientes de imágenes cerebrales muestran que el método de loci crea redes más robustas al conectar múltiples partes del cerebro involucradas en la memoria: la corteza prefrontal, el hipocampo y la corteza visual. Quienes practican el mismo están literalmente reconfigurando sus cerebros para mejorar su memoria. Y tras dominar la técnica, pueden desarrollar sistemas complejos de imágenes personalizadas para representar, por ejemplo, números, cartas individuales u otra información difícil de recordar".
De hecho, el programa del Instituto de la Memoria, cofundado por Michael Dottino y Catherine Hagan, se encargó de llevar adelante el método de loci y comprobar sus efectos. En este sentido, el equipo de profesionales se reune con los participantes dos veces por semana en sesiones de cuatro horas, durante las que combinan entrenamiento de la memoria con actividad física, interacción social y ejercicios cognitivos como la recuperada técnica milenaria.
Cuál es el origen del método de loci que utilizaba Cicerón
Cicerón no es el autor del método de loci, sino que se lo atribuye al poeta griego Simónides de Ceos. El mismo escapó del derrumbe de un edificio en el siglo V a. C., y para ayudar a identificar a las víctimas, Simónides fue recordando dónde se sentó cada una de ellas durante el banquete que tenía lugar antes de la desgracia. Sin embargo, muchos pueblos originarios utilizaban técnicas similares para recordar rutas, cantos, etc.
En este sentido, Robert Ajemian, neurocientífico del Instituto de Tecnología de Massachusetts, expresó sobre el método de loci: "Me resulta sorprendente que esto se haya estudiado tan poco cuando era la forma dominante de almacenamiento de información para literalmente toda la civilización, hasta la imprenta".
