El día que Buenos Aires tuvo su primer subte: así cambió para siempre la Ciudad

Cómo nació la primera línea en 1913, quién estuvo a cargo de su desarrollo y cómo evolucionó hasta la red actual.

01 de julio, 2026 | 18.27

Buenos Aires fue una de las primeras ciudades de América Latina en contar con un sistema de transporte subterráneo. Todo comenzó por la necesidad de ordenar la circulación urbana, en una ciudad que crecía rápidamente y que tenía calles cada vez más congestionadas. Fue así que se impulsó a comienzos del siglo XX uno de los primeros proyectos para construir una red de subterráneos que cambiaría para siempre la forma de moverse por la Ciudad.

Antes de la llegada del subte, los principales medios de transporte eran el ferrocarril y los tranvías. El primer transporte terrestre mecánico del país fue el ferrocarril, inaugurado en 1857, mientras que en 1863 apareció el tranvía de tracción a sangre. A partir de 1870, con la expansión de las líneas tranviarias urbanas, Buenos Aires comenzó a contar con una amplia red que, con el paso de los años, terminó generando importantes problemas de circulación en las calles porteñas.

La primera línea de subte de Buenos Aires fue la A.

Frente a ese crecimiento, comenzaron a surgir propuestas para construir sistemas de transporte elevados o subterráneos. Finalmente, en 1909, la compañía tranviaria Anglo-Argentina, que concentraba gran parte del servicio de tranvías de la Ciudad, inició la construcción de la primera línea de subterráneos.

Desde el nacimiento de la Línea A hasta la actualidad

El 1 de diciembre de 1913 Buenos Aires inauguró la Línea A, el primer subte de Argentina y de América Latina. El recorrido inicial unía las plazas de Mayo y 11 de Septiembre (actual plaza Miserere), y al año siguiente se extendió hasta Caballito.

La llegada del subterráneo permitió reducir la congestión en superficie y ofreció una alternativa de transporte más rápida para miles de pasajeros. Con el tiempo, la red continuó creciendo con nuevas líneas impulsadas por distintas compañías.

La segunda línea fue la B, construida por el grupo ferro-tranviario Lacroze, que comenzó a funcionar en 1930. Luego llegó la empresa CHADOPYF (Compañía Hispano-Argentina de Obras Públicas y Finanzas), que inició la construcción de una nueva red y dio origen a las líneas C, D y E.

En las décadas siguientes, la administración del sistema atravesó diferentes etapas. En 1936 se creó la Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires, un organismo que buscaba unificar los servicios de tranvías, ómnibus, colectivos y subterráneos. Tras su liquidación, el Estado nacional asumió la gestión mediante distintos organismos hasta la creación de Subterráneos de Buenos Aires (SBA) en 1963.

En 1977, SBA pasó a convertirse en Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (SBASE) y posteriormente su control fue transferido a la Municipalidad de Buenos Aires. Durante los últimos años, el sistema continuó incorporando extensiones y nuevas estaciones. En 1994, el Gobierno nacional otorgó la explotación del servicio a una concesión privada, que quedó a cargo de la empresa Metrovías hasta fines de 2017.

En 2012, la Ciudad de Buenos Aires asumió nuevamente el control del subte y, a partir de la Ley 4472, SBASE quedó como autoridad encargada del desarrollo, mantenimiento y administración de la infraestructura de la red.

Desde entonces se inauguraron nuevas estaciones que ampliaron la cobertura del servicio. En 2013 se habilitaron San José de Flores y San Pedrito de la Línea A, Hospitales de la Línea H y Echeverría y Juan Manuel de Rosas de la Línea B. Luego llegaron nuevas estaciones como Córdoba, Las Heras, Santa Fe y Facultad de Derecho en la Línea H, y Correo Central, Catalinas y Retiro en la Línea E.