El crudo testimonio de una trabajadora que vende su propia ropa para comer: "Vendo cosas usadas para poder llegar"

Otro testimonio callejero de gente que sobrevive a la crisis que provocó Javier Milei. "Siento angustia por mis hijos y mis nietos", confesó entre lágrimas al explicar que el salario ya no alcanza para subsistir.

16 de abril, 2026 | 10.39

La crisis económica provocada por el modelo y el gobierno de Javier Milei se traduce en las calles como en ningún otro lugar. En pleno centro de Buenos Aires, el móvil de C5N registró el momento en que una mujer le entregaba una prenda a un joven a cambio de dinero. La explicación de la protagonista no dejó lugar a dudas sobre la gravedad del presente: "Mirá, estoy vendiendo cosas usadas para poder llegar... como todo el mundo".

El testimonio echó luz sobre una realidad que el Gobierno intenta ignorar: el trabajo ya no es garantía de dignidad. "Exactamente, y vengo de trabajar", remarcó la mujer, subrayando que su presencia allí no era por falta de empleo, sino por la insuficiencia total de sus ingresos.

Ante la pregunta sobre qué piensa de la situación actual, intentó protegerse en un silencio que duró poco: "Prefiero no hablar", dijo primero, con la voz quebrada. Sin embargo, ante la insistencia sobre qué es lo que siente en este contexto, rompió en llanto: "Siento angustia. Pero no por mí, por los que vienen, por mis hijos, por mis nietos. Eso es lo que siento".

"Ayuda para poder subsistir"

La mujer detalló que lo que vendía en ese momento era "una campera", y que esta práctica de rematar el ropero propio es lo que hoy le permite seguir adelante. Al ser consultada sobre si ese dinero realmente hacía una diferencia, fue tajante: "Sí, ayuda para poder subsistir, por lo menos algo".

El joven que compraba la prenda, lejos de ser ajeno a la situación, se reconoció en el mismo espejo: "Yo estoy comprando cosas usadas, y la señora vendiendo", comentó, exponiendo un circuito de economía de supervivencia que se expande ante la caída del consumo formal.

Una degradación que no se detiene

La mujer reveló que este proceso de empobrecimiento no es una novedad de los últimos días, sino una herida que se profundiza mes a mes. "Empecé a vender ropa usada hace como dos años", explicó, dejando claro que el deterioro de su calidad de vida ha sido constante hasta llegar a este límite.

La nota termina con una imagen que resume el fracaso del modelo económico: una trabajadora que, tras cumplir su jornada, debe caminar la ciudad con una bolsa de ropa para poder completar el dinero del día. Ya no se trata de ahorrar, sino, como ella misma dijo, de "subsistir".