De la autoayuda a la manipulación: la trampa invisible de Instagram para transformar el malestar de los jóvenes en odio hacia las mujeres

Durante 45 días, una investigación a cargo del instituto De Machos a Hombres observó, sesión por sesión, las recomendaciones y sugerencias que Instagram realizaba a perfiles de varones. ¿El resultado? Un algoritmo capaz de promover la violencia hacia las mujeres en contenidos fitness, de couching y autoayuda. 

25 de junio, 2026 | 12.16

En los últimos años, a la par del avance de los discursos de ultra derecha y reaccionarios en el campo político, en las redes sociales y plataformas digitales observamos la expansión ilimitada de la Manósfera, es decir la esfera masculina digital.  Los discursos misóginos, antifeministas y de odio hacia las mujeres y la comunidad LGBTIQ+ que se distribuyen constantemente y desde diferentes perfiles están destinados principalmente a jóvenes varones cis heterosexuales que se sienten “oprimidos” por el avance de las mujeres y los feminismos, desesperanzados por la situación económico social, y confundidos por la crisis de masculinidad.

Si bien a corto plazo el objetivo de este tipo de contenidos es el ragebait (para provocar enojo o indignación), la viralización y su monetización, el fin último de este ecosistema global es el armado y consolidación de movimientos masculinistas dispuestos a dar la batalla cultural contra la cultura "woke", cuestionar la supuesta “discriminación a los hombres”, banalizar la lucha contra la inequidad y la violencia de género, deslegitimar las transformaciones socio culturales que recientemente se materializaron en materia política, legal e institucional, e incluso defender el modelo binario tradicional. La promesa es la posibilidad de restablecimiento de los privilegios, roles y libertades masculinas que fueron puestos en jaque por la “ideología de género”.

Lo paradójico de estos espacios es la audacia con la que logran disfrazarse, normalizar la violencia, y seducir con discursos de coaching para garantizar su llegada y capilaridad.  Hasta hace un tiempo se pensaba a la manósfera como un fenómeno propio de las profundidades oscuras y marginales de internet, al que llegaban voluntariamente hombres enojados, machistas, de alguna manera convencidos de que las mujeres eran las responsables de sus frustraciones. Aquella imagen resultaba tranquilizadora porque permitía pensar el problema como algo excepcional, ajeno al funcionamiento cotidiano de las plataformas que millones de personas utilizan y consumen todos los días. No obstante, una investigación reciente realizada por el Instituto De Machos A Hombres (IDMAH) identifica que la manósfera no se trata de un destino final, sino un recorrido dinámico, flexible, activo, donde los algoritmos tendrían un papel central, y por ende mucho más peligroso.

Los resultados de la investigación fueron publicados en el Diario El País por Nicko Nogués, director del instituto especializado en entrenamiento de alto liderazgo, transformación de masculinidades y cultura del cuidado con mayor escala e impacto en el mundo hispanohablante. Durante 45 días, el equipo a cargo observó, sesión por sesión, las recomendaciones y sugerencias que Instagram realizaba a seis perfiles vinculados directa o indirectamente a contenidos sobre masculinidad.

El hallazgo desafía algunas de las explicaciones más habituales sobre la radicalización digital masculina, ya que identifica que los usuarios no son conducidos de manera abrupta hacia discursos misóginos o violentos, sino que el algoritmo los va llevando por un proceso más lento y sofisticado que colabora con la tendencia: en principio se les propone contenidos aparentemente inocuos sobre fitness, disciplina, productividad, finanzas, coaching, liderazgo o desarrollo personal; luego aparecen mensajes vinculados a los roles tradicionales de género y los mandatos de masculinidad; en una tercera etapa surgen explicaciones que dan sentido al enojo, la frustración y encaminan el resentimiento masculino; y finalmente, las recomendaciones terminan articulando comunidades cada vez más homogéneas, hostiles, violentas y radicalizadas. En las trayectorias se van consolidando entonces, como propias, narrativas sobre pérdida de estatus masculino, victimización de los hombres y supuestas ventajas obtenidas por las mujeres gracias al feminismo, que terminan organizando comunidades enteras alrededor de esos agravios compartidos.

El trabajo evidencia que no son el odio y la radicalización las condiciones previas al consumo de este tipo de contenidos, sino y sobre todo la necesaria búsqueda de pertenencia, identidad, reconocimiento y resguardo. En una época marcada por la precarización laboral, la incertidumbre económica y la crisis de los vínculos tradicionales, millones de varones jóvenes buscan en estos lugares respuestas a problemas concretos y soluciones a padecimientos profundamente humanos y vinculares. La misoginia parece construirse de forma personalizada, paso a paso, para instalarse lentamente a través de una secuencia de recomendaciones que transforman el malestar individual en resentimiento colectivo.

El sociólogo estadounidense Michael Kimmel, director del Centro para el Estudio de los Hombres y las Masculinidades de la Universidad de Stony Brook, sostiene que buena parte de estos espacios reclutan jóvenes a partir de sentimientos de frustración, incertidumbre y pérdida de valor. A cambio les ofrece una identidad grupal y una explicación sencilla del mundo que coloca a las mujeres como chivo expiatorio de sus problemas económicos, afectivos o existenciales.

Ya no alcanza entonces con responsabilizar o desenmascarar la tarea de los influencers como Andrew Tate,  Myron Gaines o Harrison Sullivan, los grupos incel o los productores de contenido misógino. La conclusión obliga a desplazar la pregunta y el debate al rol de las plataformas que no sólo reflejan la cultura sino que también participan activamente en su producción y monetización. No porque exista necesariamente una conspiración tecnológica destinada a promoverla, pero sí porque los discursos que apelan al agravio, la humillación, el odio o la polarización suelen captura nuestra atención por más tiempo y producir altos niveles de interacción.

La importancia de la investigación de Nogués radica justamente en evidenciar y mostrar cómo opera ese proceso en tiempo real mientras cualquier joven usa sus redes sociales y está expuesto a contenidos que presentan a las mujeres como amenaza, competencia, enemigas o responsables de los problemas masculinos. La repetición permanente termina construyendo modelos de subjetividad y una visión del mundo donde la desigualdad aparece naturalizada y ciertas formas de violencia encuentran justificaciones cada vez más aceptables.