Asombro por el cultivo clave para un combustible sostenible y que produce avances en la agricultura

En Córdoba, INTA e INTI desarrollaron un calculador de huella de carbono para camelina, un cultivo clave para el combustible de aviación sostenible. Genera sorpresa el impacto que tiene en el suelo y la economía local.

07 de mayo, 2026 | 21.07

En Córdoba, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) junto con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) están desarrollando un innovador calculador de huella de carbono específico para la camelina. Este cultivo está ganando terreno en la rotación agrícola y se perfila como una materia prima fundamental para la producción de combustible sostenible de aviación.

La camelina es una oleaginosa que despierta interés en distintas regiones argentinas debido a sus múltiples ventajas: demanda baja de agua, resistencia a heladas, buena cobertura del suelo y bajo uso de insumos. Sin embargo, su mayor atractivo es que puede ser la base para el Sustainable Aviation Fuel (SAF), uno de los avances más prometedores en la transición hacia energías limpias a nivel mundial.

En la zona de Colonia Cocha, muy cerca del campo experimental del INTA en Manfredi, técnicos del INTA y del INTI trabajan junto a productores y empresas privadas como Bayer, Louis Dreyfus y Camelina Company. Su objetivo es medir la huella de carbono del cultivo y validar un protocolo internacional que podría abrir la puerta al mercado europeo para la producción argentina.

Rodolfo Bongiovanni, especialista en huellas ambientales del INTA Manfredi, explicó: “Desarrollamos junto al INTI un calculador específico de huella de carbono para camelina, basado en el método de análisis de ciclo de vida”. Añadió que esta herramienta abarca todo el proceso, desde la producción de insumos hasta la obtención del biocombustible final, y está validada con el protocolo europeo 2BSvs, que certifica la sostenibilidad del producto.

Este cultivo también entusiasma a productores que buscan intensificar la rotación sin afectar el agua ni la salud del suelo. Ezequiel Bigatton, ingeniero agrónomo y productor local, contó: “Esta campaña sembramos unas 130 hectáreas de camelina, que representa el 10% de nuestra superficie. Normalmente hacemos soja y maíz, pero queríamos mantener el suelo verde durante el invierno. La camelina vino a ocupar ese lugar: mantiene la vida del suelo, controla malezas y aprovecha el agua disponible”.

Argentina cuenta con unas 100.000 hectáreas sembradas de camelina.

Bigatton agregó que comenzó con las primeras siembras en 2023 buscando reemplazar los barbechos invernales por un cultivo que aporte cobertura y biomasa. Destacó que “en esta zona el agua es un recurso escaso, por eso buscamos alternativas que nos permitan sostener la actividad del suelo todo el año”.

El manejo del cultivo es sencillo, según Bigatton: “Requiere una buena siembra para lograr una emergencia uniforme y ajustar bien la cosechadora para evitar pérdidas. Es un cultivo rústico, con baja demanda de insumos y un ciclo corto. Además, tiene destino asegurado: la producción va directo al puerto de Dreyfus en Timbúes bajo contrato y con precio bonificado”.

Detalles del caso de la camelina

El desarrollo del calculador de huella de carbono para camelina forma parte del programa ProCarbono de Bayer, que promueve la descarbonización agrícola y la certificación ambiental de ocho cultivos estratégicos en alianza con el INTA. Bongiovanni señaló: “El objetivo es que los productores puedan cuantificar, reportar y certificar el impacto ambiental de sus prácticas, generando valor agregado y nuevas oportunidades comerciales”.

El especialista destacó que la camelina es un caso emblemático porque “reduce emisiones, mejora el suelo, intensifica la rotación y produce un grano que sirve para elaborar biocombustibles de alta demanda internacional”.

La herramienta calculadora considera tanto las emisiones como el secuestro de carbono en el suelo, lo que permite estimar la huella neta del sistema productivo. Los primeros resultados muestran que una tonelada de camelina puede secuestrar cerca de 100 kilos de dióxido de carbono, aunque se requiere un seguimiento mínimo de tres años para validar estos datos bajo los estándares europeos.

Actualmente, en Argentina hay unas 100.000 hectáreas sembradas con camelina, y el país se perfila como uno de los mayores potenciales para abastecer la creciente demanda de combustible sostenible de aviación, un segmento que busca reducir progresivamente la huella de carbono de la industria aérea. “La camelina tiene un perfil ambiental muy favorable”, concluyó Bongiovanni. “Permite avanzar hacia una agricultura circular y baja en emisiones, con beneficios para el productor, para el ambiente y para la competitividad del país”.