Milei trastabilla y el pueblo argentino empieza a ponerle límites

Hace demasiadas semanas que se acabaron las buenas noticias para el gobierno. Adorni en problemas, manejos estadísticos y encuestas complican a Milei.

02 de abril, 2026 | 09.20

Cada día que pasa y decide seguir sosteniendo a Manuel Adorni como jefe de Gabinete, a pesar de las cada vez más contundentes muestras de corrupción rampante, es un reconocimiento que la voracidad de ese funcionario no es una excepción sino la regla en un gobierno compuesto principalmente por arribistas, timberos, manolargas y forajidos, tanto que si le suelta la mano a uno corre el riesgo de que todo colapse en una última implosión de precariedad conceptual y operativa. Aún así es todo tan precario que nadie puede garantizar que Adorni siga en su cargo el lunes, o esta misma noche. La incertidumbre es quizás lo único que se ha democratizado en la Argentina de los Milei.

Hace demasiadas semanas que se acabaron las buenas noticias para el gobierno. Incluso las estadísticas manipuladas o imperfectas que todavía muestran cifras favorables ya no las cree nadie: el gobierno anunció una caída de la pobreza al 28 por ciento, un logro notable, si no fuera imaginario. Nadie, excepto comunicadores rentados y funcionarios con acceso a vivienda financiada por el Banco Nación, lo celebró. Por el contrario, muchos economistas insospechados de opositores tuvieron que salir a poner matices sobre ese número, y los opositores explicaron que directamente es mentira. Milei insiste en que hoy se vive mejor que en cualquier momento de los últimos diez años. Eso dice más de él que de cómo se vive.

Todas las encuestas coinciden en que las elecciones de octubre fueron el último changüí de una sociedad que ya no sabe dónde buscar soluciones, lo cual ensancha el margen de lo posible. Y que el presidente no lo supo aprovechar. El rechazo crece en toda la sociedad y principalmente entre los más jóvenes, que pasaron de ser el germen de una nueva base electoral a las víctimas más expuestas del experimento económico. La conflictividad laboral, contenida hasta cierto punto durante dos años, ya no tiene barreras, y la aceleración del deterioro traerá consigo renovadas necesidades y, con ellas, nuevos motivos para luchar. En esas luchas, también, se comenzará a escribir la historia de lo que viene después.

Pero no solamente la sociedad le está picando el boleto. El círculo rojo, que ya había evaluado y hasta elegido reemplazantes potenciales el año pasado, antes del rescate de Donald Trump, cuando todo parecía terminar demasiado pronto y demasiado mal, otra vez ojea sus cartas, espantado al mismo tiempo por las invectivas de Milei contra algunos de sus miembros más importantes, que no acostumbran a ser destratados, menos en público, menos por una autoridad, y por los resultados de sus políticas económicas, que no son los esperados. A no confundirse: es gente que ganó mucho con Milei, pero que preferiría que alguien más previsible cuide ese botín, para garantizarlo en el tiempo.

No pasa desapercibido en los pasillos y despachos del poder que el nombramiento de Juan Bautista Mahiques en el ministerio de Justicia no sólo no trajo el alivio que Karina Milei esperaba en las causas que más preocupan a los ocupantes de la Casa Rosada sino todo lo contrario: en pocas semanas se reactivaron algunos engranajes que habían juntado óxido durante el último año. El resultado salpica muy cerca a los hermanos. La investigación por Libra salió a la luz a pesar del celo del fiscal Eduardo Taiano, ahora denunciado por la demora. La causa contra Adorni por enriquecimiento ilícito avanza con un vértigo inesperado en manos de Ariel Lijo. El expediente por las coimas en ANDIS es una bomba de tiempo.

Los gobernadores ya no pueden tapar los huecos que deja el gobierno nacional directamente, retaceando partidas, o indirectamente, a partir de la caída de la recaudación. La colaboración en el Congreso de los legisladores que responden a las provincias puede tornarse más resbalosa y los pactos transaccionales más caros. Los supermercados advierten que la falta de consumo ya es un problema de fondo. Tuvieron una reunión con Toto Caputo, que les pidió “paciencia”. Pero todos saben, el propio Caputo también, porque no es boludo, que las cosas no van a mejorar con el tiempo. Ni el país ni el mundo dan razones para ser optimistas en el corto plazo. Nadie vive de rebotes estadísticos.

En ese contexto, una semana después de un 24 de marzo histórico, la vigilia de Malvinas también marcó un nuevo hito. Nunca desde 1983 fue tan masiva no sólo en Río Grande sino también en otras ciudades del país, desde Bariloche hasta Rosario. Hay muchas hipótesis que pueden explicar este renacimiento, que es totalmente telúrico, de abajo hacia arriba, desde los más profundos márgenes de la patria, y al que la dirigencia, afortunadamente está empezando a prestarle más atención. Probablemente juega el recambio generacional. Probablemente también hay que contemplar lo que pasa en el mundo. Pero sin dudas lo que queda claro es que el pueblo argentino no va a entregarse sin dar pelea. Y esa pelea ya empezó.