Milei en default y el peronismo encuentra candidato

El contrato electoral de Milei tenía sólo dos cláusulas. La primera establecía una tarea, terminar con la inflación; la segunda penalizaba los comportamientos de casta. Falta mucho tiempo para las elecciones y eso es un arma de doble filo.

18 de abril, 2026 | 21.35

El gobierno de Javier Milei defaulteó una deuda interna que es más grande que el último acuerdo con el FMI. El celebrado superávit fiscal del gobierno no se construye solamente con los recortes de la motosierra sino con partidas pisadas por la bota del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo. En menos de dos años y medio, Caputo incumplió o postergó indefinidamente obligaciones legales, contractuales y judiciales por el equivalente a más de veinte mil millones de dólares. La cifra emparda o supera el superávit primario acumulado entre 2024 y 2025.

Ese dinero falta en la caja de las provincias; en el PAMI, que está prácticamente paralizado por una ruptura en la cadena de pagos; en las universidades que atraviesan la peor crisis económica de su historia; en el sistema de transporte urbano de todo el país, que funciona cada vez peor; en el tratamiento de las personas con discapacidad, abandonadas por el Estado; entre otros ítems. La cuenta no contempla la obra pública paralizada ni el recorte en los salarios estatales ni la discontinuidad de planes sociales ni el congelamiento del bono a los jubilados.

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El pagadios como política de Estado

En el propio ministerio de Economía lo definen como el “pagadios como política de Estado”, según describen los cronistas que recorren esos pasillos. De acuerdo a una nota de Mariano Obarrio en iProfesional, que cita documentos internos, la deuda flotante pegó un salto de 3,9 billones de pesos en febrero a 5,6 billones en marzo. Un ritmo de aceleración que, si se mantiene, puede poner en peligro el entramado económico y social: detrás de cada partida congelada hay proveedores que no cobran, empleos que se pierden y obligaciones básicas incumplidas.

No es casualidad que el principal acreedor individual sea la provincia de Buenos Aires, con más de 15 billones de pesos entre deudas directas, inversiones incumplidas y programas discontinuados unilateralmente. Es prácticamente la mitad del total. El ajuste, antes que una herramienta de transferencia de riqueza de abajo hacia arriba, es siempre un mecanismo de disciplinamiento. Este ajuste en particular, que se ejecuta de forma ilegal, poniendo la austeridad por encima de la Constitución, es, también, un mecanismo de erosión democrática.

El ajuste sigue por los jubilados

El gobierno de Milei no es una dictadura, lejos está de serlo. Pero tampoco es un gobierno constitucional y difícilmente podamos llamarlo, a esta altura, democracia. Los mecanismos y poderes que establece la Constitución sirven únicamente para darle una pátina de legitimidad a decisiones que se dirimen en ámbitos ajenos a la voluntad popular. El cumplimiento de las leyes y los fallos judiciales es optativo para quienes detentan el poder, un puñado cada vez más chico de personas, mientras que para el resto lo que resulta optativo son las garantías y derechos básicos.

Como es un mecanismo de disciplinamiento y erosión democrática, el ajuste va a seguir, sin importar el resultado de la cuenta fiscal. Lo dice el propio Milei, que la última semana volvió a reivindicar a la motosierra. Cuando el pagadios como política de estado alcance su límite, el próximo paso es la reforma previsional. Es inevitable y además lo pide el FMI en su último documento, donde también pide bajar los impuestos (a los más ricos). Más plata para los ricos, menos para los jubilados. Es el único plan. Y ese plan está encontrando un límite.

La ruptura del contrato electoral

El contrato electoral de Milei tenía sólo dos cláusulas. La primera establecía una tarea, terminar con la inflación; la segunda penalizaba los comportamientos de casta. Esta semana, cuando el índice de precios del INDEC, que redondea para abajo, dio 3,4 por ciento para marzo tras diez meses sin bajar, récord absoluto como la racha alcista más larga desde 1940, y el presidente decidió sostener a su jefe de gabinete, Manuel Adorni, a pesar de las pruebas contundentes de enriquecimiento ilícito, el presidente defaulteó también ese contrato.

El gobierno entró nuevamente en dinámica de crisis, como en marzo de 2025, antes del rescate del FMI, y como en septiembre, cuando fue salvado por Donald Trump. Esta vez parece más difícil que encuentren una soga. La paciencia social está al límite, las relaciones con el círculo rojo están muy dañadas, el Poder Judicial no garantiza impunidad para delitos que ya son materia de público conocimiento, Patricia Bullrich juega su propio juego, como siempre, y la interna virtual amenaza con provocar el cisma más grande en la breve historia de este movimiento político.

Falta mucho tiempo para las elecciones y eso es un arma de doble filo. En condiciones normales, el plazo es más que suficiente para que el gobierno adopte medidas que se aparten de la ortodoxia ultracapitalista pero le permitan llegar a octubre de 2027 con cierta calma y un relativo alivio en los bolsillos. Si hoy existe la idea, entre personas poderosas e informadas, de que sus problemas no tienen vuelta atrás, es porque Milei ha dado sobradas muestras de preferir inmolarse como economista austríaco que salvarse como presidente de los argentinos.

Kicillof, el candidato que hace equilibrio

En ese contexto, el peronismo parece haber encontrado un candidato. Axel Kicillof supo capitalizar una seguidilla de éxitos que empezó el 24 de marzo con una manifestación de más de un millón de personas, siguió con el fallo sobre YPF, la histórica vigilia del 2 de abril, la protesta con más de cien intendentes ante la Casa Rosada y finalmente el encuentro mundial progresista en Barcelona, donde fue recibido como el adversario natural de Milei por Lula, Petro, Pedro Sánchez, Claudia Scheinbaum y otros jefes de Estado. En un mes se instaló como retador.

Los dirigentes que le bajan el precio convocando a un frente nacional anti-Milei que lo deja de lado en realidad acompañaron o fueron funcionales a Milei durante estos dos años y ahora escapan al retiro que aparece en el horizonte, por edad o decisiones políticas, buscando refugio en un espacio que ya existe, reúne a cientos de intendentes, media docena de gobernadores, más de veinte senadores y 93 diputados que podrían ser 94 en el mismo momento en el que algún legislador que convoca a la unidad decida sumarse al bloque en vez de seguir jugando por su cuenta.

Haciendo equilibrio entre los que le exigen subordinación estratégica a Cristina Fernández de Kirchner y quienes con igual intensidad lo impulsan a una fractura expuesta, el gobernador bonaerense supo hacer pie en un terreno resbaladizo. No es condición suficiente de nada, pero es necesaria y no abunda. Así como no se le puede exigir a CFK un paso al costado, porque la conducción se gana conduciendo y no por abandono, nadie puede pedirle a Kicillof que no compita para ganar. En política en general hay que ganar para tener razón.

Grabois, Uñac, Massa, Gebel: otros nombres

Hoy, además, es el único candidato real, competitivo, que tiene el peronismo. No es una apreciación sino la descripción de la realidad. El sanjuanino Sergio Uñac es un dirigente valioso, dos veces gobernador, pero no representa la posición mayoritaria del peronismo, como quedó en evidencia durante el debate por la ley de Glaciares. Pero hay algo más importante: no tiene los votos para ser candidato por el peronismo en 2027. Quizás los tenga, pero en 2027 no. Es algo que aceptan off the record los armadores de su candidatura. Se sube para posicionarse.

Juan Grabois, que lanzó su precandidatura esta semana en El Destape, sí tiene casi un millón y medio de votos propios que obtuvo en las PASO de 2023. Con ese antecedente, sumado al protagonismo que tuvo durante estos dos años, en los que fue uno de los más constantes opositores, nadie puede negarle méritos para competir. Pero él sabe que una parte sustancial de su electorado, si Kicillof se presenta con un programa con ciertas características, puede preferir al gobernador, y por eso está dispuesto a apoyar su candidatura si acuerdan algunos puntos.

Sergio Massa volvió al ruedo después de dos años, ahora que las encuestas muestran que si se volviera a hacer el ballotage de 2023 el resultado sería distinto. Juntó un grupo de intendentes en un partido de fútbol dominguero y al día siguiente fue a ver a Kicillof. Va a tener un rol importante en el próximo gobierno, incluso, quizás, lugar en alguna boleta, sin embargo su largo silencio le juega en contra a la hora de proyectar una candidatura presidencial, algo que por estas horas imaginan otros en su nombre antes que él mismo.

Dante Gebel es un multimillonario que no vive en la Argentina desde hace dieciocho años. La Constitución le permite ser candidato por haber nacido acá, así que le asiste todo el derecho de postularse, pero el peronismo no puede ser conducido por un multimillonario que vive en el extranjero. Sería la renuncia definitiva a una identidad nacional y popular. Tampoco por un banquero, o un gran empresario, como fantasean otros. ¿Pueden ser candidatos? Sí. ¿Pueden ser peronistas? El movimiento es amplio. Lo que no pueden ser es las dos cosas al mismo tiempo.

La conducción se juzga por resultados

A Kicillof, en cambio, lo respaldan la CGT, las dos CTA, otros gobernadores, una enorme cantidad de intendentes, tiene experiencia de gestión, ganó varias elecciones y mantiene niveles de aprobación relativamente altos para las circunstancias. La única verdad es la realidad. Los fundamentalistas que descubrieron de grandes el fervor por las internas no parecen caer en la cuenta que para bailar tango hacen falta dos. O, en otras palabras, para plantear “cualquier candidato menos Kicillof” hace falta un candidato. Cualquiera. Hoy no existe.

Pasaron dos años, cuatro meses y una semana desde que asumió Milei y en ese interín sucedieron dos cosas. La primera es que no apareció otro candidato en el peronismo que sea competitivo. La segunda es que Kicillof, que lidió con responsabilidades más complejas que el resto de los aspirantes, no se cayó, sí pudo mantenerse competitivo. De nuevo, no es una apreciación sino una descripción de lo que sucede. Eso no significa que todo vaya a seguir así de ahora en adelante: el desafío más importante, y su mejor campaña, es la gestión.

Tampoco significa que no pueda aparecer otro nombre que hoy esté fuera del radar. Deberá no solamente mostrar voluntad sino tracción. En la política nunca alcanza con querer, hay que poder también. Si sucede, será bienvenido. Lo mejor que puede tener en sus espaldas un candidato presidencial es una interna competitiva. También puede haber una interna de menor intensidad, que sirva para consolidar un armado más amplio, como fue el desafío de Grabois a Massa en 2023, y en esa interna puede incluso haber sorpresas. Nada está escrito.

Lo que no se puede hacer es esperar otra vez hasta dos horas o dos días antes del cierre de listas para ponerse a trabajar en una propuesta nítida y creíble asociada a un candidato creíble y con capacidad de ejecutarla. Hay que empezar ahora. Es con todos, pero hay un asiento para el conductor. Yo no hago las reglas. Así funciona, así funcionó siempre y así va a funcionar. Y aunque sea temporalmente hoy en ese asiento quedó sentado Kicillof. Cuánto dure en ese lugar dependerá de lo que haga y a dónde nos lleve. Debe entender también que desde ahora será juzgado con esa vara.

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Nicolás Lantos

Nací en 1983 y viví casi toda mi vida en la ciudad de Buenos Aires, donde nunca voté a un candidato ganador. Trabajo como periodista desde 2005 en diarios, revistas, publicaciones digitales, radio y tevé, aunque más de una vez estuve a punto de dejar todo y ponerme a atender un bar. Especializado en análisis político nacional e internacional, cubrí desde la primera línea tres campañas presidenciales en Argentina (2011, 2015, 2019) y una en los Estados Unidos (2016). Antes de sumarme a El Destape y a lo largo de quince años de carrera colaboré en medios y plataformas locales e internacionales, entre los que se destacan Página 12, Radio Nacional, América TV, revista Los Inrockuptibles, Rock & Pop, Radio América, Posta, Yahoo Argentina, Vice News (España) y La Diaria (Uruguay).

Highlights:
1) Hice que Reutemann “se recontrameta en el culo” su candidatura presidencial en 2009,
2) predije el triunfo de Trump,
3) una vez Chávez me dijo que me parecía al Che.

Mi apellido se pronuncia como se lee. Soy hincha de Boca. Toco en una banda que se llama Krupoviesa.