A las cuatro de la madrugada del 16 de abril de 1975, los vecinos de San Nicolás en Capital Federal despertaron con una fuerte explosión. Dos horas más tarde, en una playa de estacionamiento en calle Sarmiento 2040, actual sede del Sindicato de trabajadores y trabajadoras de edificios privados y horizontales, SUTERH, se producía el hallazgo de un cuerpo maniatado, con múltiples impactos de bala y una bomba detonada a la altura de su cuello.
Un DNI falso lo identificaba como David Silberman, ingeniero químico, militante del Partido Comunista y gerente general de Cobre Chuqui hasta el 11 de septiembre 1973, día del golpe de Estado en Chile. Silberman se había presentado a una repartición de ejército tras aparecer su nombre en un bando militar, quedó detenido y fue condenado a trece años de cárcel por un Consejo de Guerra de la época por infracción a la Ley de Seguridad del Estado. Desde la Penitenciaría de Santiago, en la capital chilena, fue secuestrado por agentes de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA) el 4 de octubre de 1974, perdiéndose totalmente su rastro.
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Los perpetradores de este macabro crimen dejaron un cartel junto al cuerpo señalando que habría sido “asesinado por el MIR”, sigla del Movimiento de Izquierda Revolucionario chileno. Buscando instalar la tesis de un ajuste de cuentas, por diferencias políticas, entre grupos partidarios del derrocado gobierno de Salvador Allende y generar conmoción pública para Pinochet, cuando arribara a Argentina dos días después para reunirse con María Estela Martínez de Perón, en la VII Brigada Aérea en Morón, fuera consultado por la prensa local.
Comenzaba así a urdirse la “Operación Colombo”, operativo y montaje comunicacional destinado a encubrir la desaparición forzada y crímenes de la dictadura chilena.
“Dos NN quemados, al parecer chilenos”
La mañana del 11 de julio de 1975, a la altura del km 45.600 de la Ruta Panamericana, sector La Lonja Partido de Pilar, fue abandonado en calle Chile un Peugeot 504 blanco íntegramente quemado con dos cuerpos calcinados en el asiento trasero. Ambos presentaban impactos de bala en el cráneo y a unos metros, envueltos en una servilleta, los DNI intactos y falsos de Jaime Robotham y Luis Guendelman, con una leyenda similar al primer cuerpo, una cruz y una calavera, firmada por una supuesta “Brigada negra”. Más aún, la fotografía usada para suplantar a Robotham, estudiante de sociología y militante del Partido Socialista, fue la entregada por su madre para su búsqueda tras denunciar su desaparición.
Ambos cuerpos habrían sido inhumados por orden policial el 23 de abril de 1975 y ubicados en el sector 13, sepultura 50, del cementerio municipal de Pilar, bajo la anotación “Dos NN quemados, al parecer chilenos”.
Así al menos fue declarado en la causa N.º 4955/12 que indaga hechos vinculados al Plan Cóndor, le informa el 2015 el Equipo Argentino de Antropología Forense, tras consultar a la Subsecretaria de Derechos Humanos, al hermano de Jaime, Jorge Robotham, quien ha buscado incansablemente que la justicia argentina establezca verdad sobre estos hechos y la real identidad de los cuerpos. Siendo su última acción, la presentación el 2018 de una querella patrocinada por el abogado de derechos humanos Pablo Llonto ante el Juzgado Criminal y Correccional Federal N° 3 de Capital Federal, que encabeza el reconocido juez Daniel Rafecas.
Sin embargo, tras visitar hace unas días los cementerios de Derqui y Pilar, pude constatar que ni el sector ni la sepultura indicados existen, así como tampoco ingreso alguno de personas NN, de Robotham o Guendelman ese 23 de abril ni en fechas contiguas a la aparición de los cuerpos suplantados. Por tanto, se trata de un testimonio falso.
Otro cuerpo en Pilar
El último cuerpo fue encontrado, en la misma calle Chile en Pilar, el 19 de julio de 1975 y correspondía, de acuerdo al documento de identidad falso, a Juan Carlos Perelman, detenido el 20 de febrero de ese año junto a su novia la periodista Gladys Díaz, desde el departamento que ambos compartían. Siguiendo el protocolo ya conocido, sus asesinos había dejado un mensaje de un supuesto ajusticiamiento.
Días antes, a través de informaciones provenientes de agencias de noticias internacionales, se había dado a conocer en Chile la aparición de dos listas con los nombres de 119 personas detenidas desparecidas chilenas que habrían muerto en enfrentamientos con la policía argentina o asesinadas entre ellas.
Se trató de dos publicaciones creadas para el efecto y que tuvieron una sola edición, piezas centrales del montaje comunicacional que formó parte de esta operación de inteligencia: Diario “Novo O´Dia” en Brasil y “Revista Lea” en Argentina. Esta última, bajo el titular “Los que callaron para siempre”, completaba una cifra que como la elección de apellidos judíos de las víctimas o la colocación vehículos en calle Chile, son trazas dejadas por mentes sórdidas que se sienten impunes. Día 11 del mes nueve, septiembre, golpe civil militar en Chile.
La justicia Argentina tiene hoy el deber que acabar con esa impunidad. Por lo pronto, espero contribuir con este artículo a desmontar este montaje y, de ser posible, como señala en su informe el fallecido fiscal Federico Delgado, avanzar un poco más hacia la verdad.
