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NOTAS

El Negro Blanco (parte 1)

En 1987, tras el recordado final de El Loco Chávez, Carlos Trillo se queda en la contratapa de Clarín con una nueva tira diaria, ahora en equipo con Ernesto García Seijas.
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Lunes 04 de mayo, 2026

"Cuando (Horacio) Altuna decidió abandonar el dibujo de la tira de El Loco Chávez -dijo alguna vez Carlos Trillo- en el diario me pidieron que presentara un proyecto con otro dibujante". Así, en Noviembre de 1987, la contratapa de Clarín presenta la primera tira de El Negro Blanco, una historieta que se va a publicar todos los días hasta Septiembre de 1993 y que -al igual que El Loco Chávez- va a tener una entrega doble, cada 15 días, a todo color, llamada "La Columna del Negro Blanco".

Ese "otro dibujante" resulta ser nada menos que Ernesto García Seijas (1941-2023), cuya primera colaboración con Trillo se remonta a 1979, cuando ambos trabajaban para Ediciones Record, sin conocerse personalmente. "Así se trabajaba por regla general en esos tiempos -recordaba Trillo.- Uno entregaba el guion, lo cobraba y se iba a casa". Así surgen la electrizante historieta unitaria "Extraño Acontecimiento en Colegio Inglés" (publicada en Skorpio muchos años después, en 1987), y una breve serie conocida en Argentina como "El Pequeño Rey" y en Europa como "Tahli Tyler".

Ambientada a fines de los años ´30, protagonizada por un grupo de adolescentes y dibujada como los dioses por García Seijas, El Pequeño Rey podría haber sido una larga e inolvidable saga de aventuras. Sin embargo, cuando los autores tenían realizados apenas cuatro episodios, el editor (Alfredo Scutti) decidió llevarse a García Seijas a otro proyecto y ordenó el final de la serie. Así, la misma llega a un final bastante abrupto en la quinta entrega y acumula apenas 60 páginas, recientemente recopiladas en libro por la editorial Deux. El procedimiento fue bastante turbio: "A mí me dijeron que se cortaba porque a García Seijas no le gustaba el guion -decía Trillo- y a Ernesto le dijeron que a mí la serie me parecía una porquería por el dibujo".  

Pero ahora la vida le daba revancha a los autores. En la ficción, el Negro llegaba a la redacción del diario para reemplazar al Loco Chávez, "una especie de continuidad -decía el guionista- a partir del trabajo de sucesor, con ese tipo de historias urbanas, cercanas geográficamente a los lectores, con pinceladas de actualidad y de aventura periodística". La apuesta dio resultado. A nivel comercial, El Negro Blanco fue (hasta la explosión de Cybersx) el mayor éxito de Carlos Trillo. Ni bien la tira se asentó en Clarín, los autores se encargaron de reformatearla para que se pareciera más a una historieta "de revista" y en 1988 se empezó a publicar con enorme repercusión en la revista italiana LancioStory, donde tanto Trillo como García Seijas eran próceres. Los italianos rebautizan a la serie "Bruno Bianco", lo cual por un lado está bueno, porque "bruno" en italiano significa "morocho", y conserva el juego entre Negro y Blanco; y por el otro lado no está bueno, porque el Negro se llamaba Roberto, no Bruno.

Lo cierto es que el público italiano se enamora de este personaje, del que aparecen 162 episodios, hasta principios de 1997 (o sea, tres años y pico después de la despedida de la tira en Clarín). Todo el trabajo de remontaje de las tiras se hacía en Argentina. Incluso las historias de media página de "La Columna del Negro Blanco" se convertían en historietas de dos páginas. Esta versión es la que publicó Ivrea en nuestro país, en 10 tomos (2006-2009). O sea que nos la presentaron como El Negro Blanco, pero en realidad era Bruno Bianco traducido al castellano y con la enorme ventaja de incluir el material que salió en LancioStory pero no en la contratapa de Clarín, un toque más picante en materia de erotismo.

En la tira reina un clima de libertad sexual al borde del frenesí, y la gracia (porque estamos ante una comedia) es ver cómo todos garchan con todos. En el universo del Negro Blanco los dos arquetipos mayoritarios son el tipo canchero, ganador con las minas, y la mina que está bárbara y no tiene mayor inconveniente en revolcarse casi con nadie. Hay feos y feas, hay algún tímido, pero en una proporción ínfima comparado con el mundo real. El sexo en sí no está demasiado explicitado (porque originalmente esto se publicaba en la contratapa de un diario, al alcance de los niños) pero es uno de los ejes principales (sino el principal) de la serie. Los cuernos, los celos, las estrategias de X para bajarle la caña a Y, los sueños húmedos de unos y otros son la verdadera locomotora que tira de este trencito, lindo, prolijo, aunque no siempre deslumbrante.

Como el Negro trabaja en los medios de comunicación, el elenco de secundarios es virtualmente infinito: además de periodistas, productores y ejecutivos de los medios, Trillo y García Seijas pueden sumar actores, deportistas, políticos y un largo etcétera, además de amigos y familiares (hay una saga larga con el papá del Negro en un rol importante). Entre los más destacados están Marcucci (basado en Carlos Marcucci, que existe en la realidad), Chispa, Susana, Cococha Valdivia y por supuesto Flopi Bach, la versión bidimensional de Araceli González de quien ya hablaremos más adelante. Una de las características más notables del inmenso García Seijas era su capacidad de darle plasticidad al retrato de gente real para convertirla sin inconvenientes en personajes de historieta, y así es como estas versiones de Marcucci, Araceli o más tarde un personaje basado en Alejandro Romay, se ensamblan sin hacer ruido al elenco de papel y tinta.

En realidad, todo el trabajo de García Seijas en la tira es monumental. El ídolo se mataba en cada fondo, en cada iluminación, cuidaba muchísimo los climas, las expresiones faciales, los detalles en la ropa, en el lenguaje corporal y hasta se daba el lujo de jugar con algunas convenciones de ese otro lenguaje que maneja de taquito, que es el de la narrativa secuencial. Desde las chicas super-sensuales hasta los freaks más trastornados, todos los personajes de García Seijas podrían existir en la realidad y, de hecho, lo más probable es que existan y que este maestro del dibujo realista los haya convertido en criaturas de papel y tinta. Impresionante de verdad, sobre todo si pensamos que esto está dibujado de a tres o cuatro viñetas por día.

(el lunes, la segunda parte)