El Mundial de Fútbol 2026 encendió el fervor de millones de argentinos, pero esa emoción tiene un límite preciso: las fronteras de la política. Según una encuesta nacional de la consultora Explanans realizada entre el 28 de mayo y el 3 de junio de 2026, con 7.015 casos y un margen de error del 1,17%, el 83,7% de la población no cree que una victoria de la Selección Argentina se traduzca en un beneficio político para el presidente Javier Milei.
El dato surge de una pregunta directa: ¿qué relación tiene el Mundial con la actualidad del país? Las respuestas trazaron un mapa claro. El 39,7% respondió que el Mundial y la actualidad política no tienen ninguna relación. Otro 44% reconoció que existe algún vínculo, pero aclaró que no es significativo y que no beneficia a nadie en particular. Solo el 16,3% sostuvo que hay mucha relación y que, si Argentina gana, eso favorecería a Milei.
La cancha y la política, dos mundos separados
La lectura ciudadana es contundente: los argentinos disfrutan del fútbol, pero no le transfieren ese disfrute al Gobierno. La hipótesis del "efecto mundialista" —la idea de que un campeonato podría mejorar el humor social y, con él, la imagen del oficialismo— choca contra una mayoría que no compra ese razonamiento.
El desacople es transversal. Entre los varones, el 41,2% afirmó que Mundial y política no tienen ningún vínculo, y el 43,1% minimizó esa relación. Entre las mujeres, los números son similares: 38,4% para ninguna relación y 44,7% para una relación menor. La diferencia de género es mínima: hombres y mujeres coinciden en no regalarle el triunfo deportivo al Presidente.
Por franja etaria, el grupo más escéptico sobre ese vínculo es el de adultos de entre 30 y 50 años: el 45% de ese segmento considera que el Mundial no tiene ninguna relación con la coyuntura política, el porcentaje más alto de todos los grupos. Los jóvenes menores de 30 son, en cambio, quienes más perciben una conexión: el 19,4% de ese segmento cree que un campeonato beneficiaría a Milei.
Cómo sigue el Mundial en la Argentina
Más allá de la lectura política, la encuesta también midió el nivel de seguimiento del torneo. El 90,8% de los argentinos verá al menos algunos partidos de la Selección. De ese total, el 20,2% declaró que le interesa mucho y seguirá todos los partidos que pueda, mientras que el 36,3% —la franja más numerosa— dijo que le gusta, ve los partidos de Argentina y alguno más. El 34,3% aclaró que no le interesa demasiado el fútbol pero igual sigue algo de la Selección. Solo el 9,2% afirmó que no le gusta el fútbol ni el Mundial y que no verá nada.
La segmentación por género muestra diferencias relevantes. Entre los varones, el 65% tiene un interés alto o medio-alto (24,4% mucho interés + 40,6% ve Argentina y algo más). Entre las mujeres, ese porcentaje cae al 48,7%, con un 40,1% que declara poco interés y un 11,2% de total desconexión con el torneo.
Los jóvenes, los que más miran pero también los más desencantados
Por edad, los mayores de 50 son quienes en mayor proporción eligen la opción intermedia: el 39,9% dijo que ve los partidos de Argentina y alguno más, el porcentaje más alto entre los tres grupos. Los jóvenes menores de 30, en cambio, muestran más polarización: son el grupo con mayor proporción de fanáticos declarados (23,7%) pero también el que más se desconecta por completo (10,3%). El adulto de mediana edad es el perfil más mundialero en términos relativos: combina interés moderado con constancia en el seguimiento, sin los picos de los jóvenes.
Qué dicen los números en contexto
El informe de Explanans llega en un momento en que el Gobierno nacional atraviesa un escenario de aprobación estable pero frágil, y en el que el oficialismo no ha disimulado su interés en capitalizar el clima festivo del Mundial. La encuesta sugiere que esa estrategia tiene un techo bajo: los argentinos separan con claridad el orgullo futbolístico de la evaluación política.
Que el 83,7% no vea al Mundial como un trampolín para Milei no implica que ese 16,3% restante sea irrelevante, pero sí indica que el efecto "fiesta nacional" no alcanza para modificar por sí solo las percepciones sobre la gestión. El partido más difícil para el Gobierno, según estos datos, no se juega en el campo de fútbol.
