“Only in America” era la frase favorita de Don King, aquel famoso promotor negro de boxeo. Lo decía para enaltecer a Estados Unidos. Porque “only in America”, decía King, un hombre como él, que había estado encarcelado por homicida, podía convertirse años después en un organizador de veladas millonarias que incluían a Muhammad Alí y a Mike Tyson (quien terminó despreciándolo). Only in America, efectivamente, el presidente del país celebra su cumpleaños número 80, en pleno Mundial de fútbol, y con su selección nacional en momento dorado, ignorando a la pelota y regalando los jardines de la Casa Blanca al salvaje espectáculo de la lucha, peleadores tirándose puños y patadas dentro de una jaula de seiscientas toneladas de acero, en una fiesta de 60 millones de dólares que simbolizó como pocas el momento que atraviesa el país que es sede central de la Copa de la FIFA. El “deporte” elegido por Trump.
Washington fue anoche centro de ese espectáculo por momentos surrealista mientras Suecia aplastaba a Túnez en el partido que cerraba la jornada de un Mundial de inicio desparejo, pero que anota goles en todos sus partidos y que espera para este jueves el debut de Argentina, tras las presentaciones hoy de España y mañana de Francia, acaso los tres favoritos de los especialistas. En Nueva York, donde terminará la Copa con la final del 19 de julio, el gran espectáculo la noche previa había sido la coronación de los New York Knicks como campeones de la NBA luego de 53 años, una celebración que cerrará este jueves con paseo por Manhattan. Todo sucede mientras el país acuerda una posible paz con Irán, otro debutante en el Mundial, al que Estados Unidos recibe en la Copa tras asesinar a su líder y bombardear a buena parte del país. El escenario, sí, suena surrealista. Lo más paradójico es que todo puede trascurrir mientras el Mundial sigue su curso, vemos bonitos goles y estadios mayoritariamente llenos. La FIFA de Gianni Infantino podrá luego burlarse acaso de los escépticos que cuestionan este Mundial. Podrá acaso afirmar que el fútbol une al mundo y supera todos los problemas. La guerra y la paz. Y felicitar, claro, Estados Unidos. Muchos países dentro de uno. Y cada uno con su espectáculo propio. Y con su negocio asegurado.
La prensa crítica de Trump denosta hoy el espectáculo de sangre, patadas y trompadas ofrecido en los jardines de la Casa Blanca. Organizado por el promotor Dana White, que pasó de las artes marciales mixtas a personaje superinfluyente en el Mundo Trump. Los negocios cada vez más amplios de la familia Trump (un caso expuesto de enriquecimiento y conflicto de intereses a la vista de todos) incluyen ahora al negocio de la lucha. Es decir, el espectáculo que promovió el cumpleaños número 80 de Trump significó también un negocio para la economía familiar, usando Casa Blanca, jardines, uso y abuso del poder. ¿Cómo no entender entonces las arbitrariedades del propio Infantino, incluída la de enero pasado, cuando regaló a su amigo Trump un insólito Premio de la Paz? La piñata de cumpleaños de la FIFA incluyó luego decenas de regalos más, vista gorda para maltratar a selecciones visitantes y hasta enviar a casa al mejor árbitro africano que había convocado Infantino para dirigir en el Mundial. El regalo principal, claro, es la Copa misma, la sede del torneo que convive con el espanto y los goles.
Generoso, como siempre, el fútbol le está enviando su propio mensaje a Trump. La selección que dirige el argentino Mauricio Pochettino sigue siendo hasta hoy lunes mediodía la que ofreció el mejor espectáculo en lo que va del Mundial, una notable goleada 4-1 al decepcionante Paraguay de Gustavo Alfaro (también golearon Alemania y Suecia, es cierto, pero lo de Estados Unidos fue más inesperado). Unos veinticinco millones de hinchas vieron por TV el juego dentro de Estados Unidos, un millón más que la coronación de los Knicks en la final de la NBA ante San Antonio Spurs. El fútbol, de los pocos deportes que apenas modificaron reglamentos y esencia desde su mismo origen, comunica que no precisa de shows extras cuando su juego funciona a pleno. Es el juguete no solo que Infantino regaló a Trump. Es el juguete global.
