Ni un partido más ni once contra once: lo que verdaderamente se juega en Argentina vs. Inglaterra

La Selección Argentina enfrentará en las semifinales del Mundial 2026 a Inglaterra, en un partido de fútbol que es mucho más que un partido de fútbol.

14 de julio, 2026 | 22.00

Desde los días previos al sorteo de la fase de grupos ya se podía vislumbrar este escenario. Y es que la FIFA decidió adoptar para este Mundial un sistema de “bracket protegido”, como el que se implementa en otros deportes como el tenis, para que las mejores selecciones de su ranking no se crucen en instancias tempranas siempre y cuando lideren sus respectivos grupos. Y así ocurrió. Francia, número dos, enfrentó ayer a España, la número tres. Y a Argentina, que se metió en este torneo como la número uno, le tocará jugar hoy con la número cuatro: Inglaterra.

Con tantos partidos por delante, en un deporte con tantas sorpresas como es el fútbol, nadie se animaba a pensar más allá. Un eventual choque con los europeos quedaba muy lejos, pero las rondas fueron pasando. Atrás quedaron Argelia; Austria; Jordania; Cabo Verde; Egipto y Suiza. Atrás quedaron, para ellos, Ghana; Croacia; Panamá; República Democrática del Congo; México y Noruega. Y así, nuestro destino y el de ellos se vuelve a cruzar. Otra vez.

Ni bien se escuchó el silbatazo de João Pinheiro, que decretó el triunfo ante los helvéticos por los cuartos de final, un mismo pensamiento invadió a todos: ahora toca jugar contra ellos. Contra los ingleses. Las redes sociales, campo siempre fértil de las mejores ocurrencias y formas de sentir populares, se llenaron de posteos alusivos. Algunos remarcando la importancia histórica del cruce. Otros, en tanto, marcando que era “tan solo un partido más de fútbol”.

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Argentina vs. Inglaterra: más que un partido de fútbol

Diego festeja dándole la espalda a los hinchas ingleses.

Si hay algo que define no solo al fútbol, sino al deporte en general, es su riqueza simbólica y su dialéctica con otros campos de la vida. No son solo 90 minutos, 12 rounds, 18 hoyos o cualesquiera fueran los límites temporales de cada práctica. Y pensarlo así es, francamente, al menos una inocentada.

Y no es la intención criticar a Lionel Scaloni, quien en conferencia de prensa procuró quitarle peso al partido. Hizo lo éticamente esperable. Lo moralmente correcto. Lo deportivamente sensato. La intención es criticar a quienes ven en este choque un once contra once, donde unos ganan y otros pierden. Bajo esa lógica, la pérdida de un ser querido es tan solo el fin de la función biológica y un casamiento es tan solo un evento social. Cualquier aspecto de la vida, analizado por fuera de sus múltiples capas de significado, carece de razón de ser.

Este encuentro también tiene múltiples capas de significado. El principal, el intrínseco al deporte: su esencia agonística. Aún desde el plano más subjetivo, siempre entran en juego dos voluntades; dos formas de hacer las cosas; dos historias que pueden ser tan parecidas como diferentes. Podemos quedarnos en lo deportivo y hablar de la dinámica de lo impensado contra la mecánica de lo trabajado; el fútbol bonito contra el pragmático; la escuela de Menotti contra la de Bilardo. Y así podríamos seguir largo y tendido. Pero también podemos ir a otros planos. Más específicamente, en lo que a Argentina-Inglaterra respecta, la fuerza imperialista contra la resistencia a ella. La idiosincrasia europea contra la sudamericana. La presunta ética inglesa (que no los privó de mancharse las manos de sangre en cada conquista) contra la picardía argenta.

Esos binomios tan dicotómicos, al margen de lo estrictamente deportivo, fueron de hecho piedra angular para algunas de las rivalidades más grandes. Un ejemplo es el Old Firm, el clásico escocés entre Rangers y Celtic: mientras Rangers se erigió como un club protestante y afín al unionismo británico, Celtic en cambio responde al catolicismo y hay una mayor simpatía por el nacionalismo escocés. ¿Otro ejemplo? El derbi de El Cairo entre Al Ahly, un equipo fundado por dirigentes nacionalistas egipcios y que nació como un lugar de encuentro para estudiantes que se oponían al dominio británico (qué casualidad) y el Zamalek, tradicionalmente vinculado con la aristocracia. Para ninguno de ellos ganar es solo ganar, ni perder es solo perder. Es reafirmar sus cimientos y, en el campo de lo simbólico, imponerse ante su antónimo por antonomasia.

Las implicancias propias de Argentina e Inglaterra

Antonio Ubaldo Rattín estrujando el banderín con la Union Jack.

Volviendo al caso de Argentina e Inglaterra, también hay un contexto histórico que refuerza las animosidades. Después de todo, la bandera que flameará en las gradas de Atlanta este miércoles es la misma que flameaba en los barcos que invadieron Buenos Aires en 1806 y 1807; la misma que flameaba en el bando contrario durante la Batalla de Vuelta de Obligado y la que hasta hoy en día flamea, con todo el dolor que eso nos genera, en nuestras Islas Malvinas. Es por eso que hay una necesidad tan grande de, al menos en el verde césped y con la pelota en los pies, no ser doblegados por esa fuerza tan acostumbrada a doblegar.

Lo regional también juega su papel. La historia siempre se contó desde un eje eurocéntrico y eso reverbera hasta nuestros días. Sin ir más lejos, Kylian Mbappé expuso que un Mundial no era más que “una Eurocopa con Brasil y Argentina”. El propio futbolista del Real Madrid mencionó, luego de la sufrida victoria ante Paraguay en octavos de final, que ellos también podían “jugar sucio”. Cristiano Ronaldo se jactó en numerosas oportunidades de que una Eurocopa era igual de válida que un Mundial, esto aún cuando Portugal en 2014 fue eliminada por no poder superar a Estados Unidos; en 2018 por caer ante Uruguay y en 2022 por perder ante Marruecos. No extraña esta forma de percibir el mundo por fuera del viejo continente. Contra eso también jugará Argentina.

La Scaloneta tiene ante sus ojos la posibilidad de meterse en una nueva final, la segunda consecutiva. Para ello tendrá que vencer a la Inglaterra de Harry Kane; de Jude Bellingham; de Declan Rice y tantos otros grandes futbolistas. Tendrá que vencer a una de las más preponderantes naciones del Reino Unido, alcanzada por esa Union Jack que alguna vez supo estrujar Antonio Ubaldo Rattín (que en paz descanse). Entrarán en juego todo ese cúmulo de experiencias históricas y cargas simbólicas, en este partido de fútbol que no es tan solo un partido de fútbol.