En el mundo del automovilismo de alta gama, donde el margen de error es nulo y el valor de los vehículos se mide en millones de dólares, un nombre argentino empezó a resonar con fuerza propia: Agustín Lantaron. Oriundo de Martínez, este piloto y mecánico de élite logró lo que pocos: transformar el legado familiar en una marca de exportación que hoy es codiciada por coleccionistas y marcas líderes en Estados Unidos y Europa.
Hijo del histórico Javier Lantaron, Agustín no solo heredó un apellido; heredó una filosofía. Desde los 12 años, entre motores y chasis, entendió que un auto no se maneja, se comprende desde sus entrañas. Esa formación artesanal, llevada a niveles de excelencia global, le permite hoy ostentar un diferencial que lo separa del resto: "Prepara como piloto y corre como mecánico".
Un palmarés perfecto
Lo que posiciona a Lantaron en una categoría aparte es su efectividad absoluta. No solo prepara los vehículos; los lleva a la victoria. Con un récord del 100% de efectividad en las competencias disputadas, su vitrina luce trofeos de citas emblemáticas como las 11.000 Millas Sport de Bariloche, el Rally de España, el Tour Bugatti en Portugal y la exclusiva Gumball Rally.
Su capacidad para dominar tanto la regularidad como la resistencia lo convirtió en el especialista de confianza para marcas de la talla de Ferrari, Bugatti, Mercedes-Benz y Chrysler. Actualmente, bajo estándares de estricta confidencialidad, su estructura atiende a más de 200 autos de lujo por mes, brindando soluciones a empresarios y coleccionistas que buscan precisión técnica quirúrgica.
Talento de exportación
La proyección de Lantaron ya trasciende las fronteras locales. Su reputación lo llevó a ser solicitado frecuentemente desde Estados Unidos para asesorar proyectos de restauración premium y desarrollos de alta performance. En un contexto donde el talento argentino es valorado por su resiliencia y creatividad, Agustín le suma una rigurosidad técnica que lo alinea con los principales polos automotrices del mundo.
Agustín Lantaron representa esa nueva élite del automovilismo donde la tradición no es un ancla, sino un motor. Es el ejemplo del "made in Argentina" que no solo compite, sino que gana y se impone en los mercados más exigentes del globo, manteniendo intacta la esencia de aquel chico que, en un taller de Martínez, decidió que su destino estaba marcado por el rugir de los motores.
