La política británica selló un drástico cambio de rumbo. Andy Burnham se convertirá en el próximo primer ministro del Reino Unido tras cosechar una victoria aplastante y por aclamación en las elecciones internas del gobernante Partido Laborista. La obtención de 27 apoyos adicionales de legisladores en las últimas horas elevó su total a 349 respaldos, una cifra que clausura de forma matemática cualquier posibilidad de que surja un rival, ya que ningún competidor podrá alcanzar el piso mínimo de 81 avales requeridos para postularse antes de que expire el plazo este jueves.
La consagración de Burnham, de 56 años, marca el fin de la era de Keir Starmer al frente de Downing Street. Starmer se vio forzado a anunciar su dimisión el pasado junio cercado por las presiones de su propio bloque legislativo, tras encadenar un severo declive en las encuestas, derrotas en elecciones locales y una serie de feroces polémicas políticas, entre ellas el cuestionado nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Washington. Con el mapa interno resuelto, se espera que Starmer formalice su renuncia en los próximos días y que Burnham asuma la jefatura del Ejecutivo británico el lunes 20 de julio, tras la tradicional audiencia con el rey Carlos III.
"El vapor, la electricidad y los computadores dieron a las sociedades décadas para adaptarse. La IA quizás solo nos dé unos pocos años. No podemos improvisar nuestra estrategia en medio de la transformación", había advertido la semana pasada el economista Anton Korinek, una de las tantas alertas globales sobre el mercado laboral que ahora figuran en la carpeta de prioridades del nuevo líder británico.
El plan del "Rey del Norte" para descentralizar Westminster
Conocido popularmente en el escenario británico como el "Rey del Norte" por su gestión de casi una década en la alcaldía de Gran Mánchester, Burnham emerge como la figura elegida por el laborismo para intentar revertir el desgaste del Gobierno central. Asociado históricamente a la izquierda moderada del partido, el futuro mandatario cosechó el apoyo de casi el 80% de los parlamentarios, incluyendo a ministros clave de la actual administración como Rachel Reeves y David Lammy.
En sus primeras líneas programáticas, Burnham adelantó que su prioridad será aplicar una profunda agenda de descentralización que redistribuya los recursos y el poder político de Westminster hacia las distintas regiones británicas. El plan incluye la ambiciosa creación de una estructura denominada "Número 10 Norte" en Mánchester, diseñada para coordinar el desarrollo económico en "todos los códigos postales" del territorio, enfrentar la crisis del costo de vida y reabsorber servicios esenciales bajo el control público.
Con información de EuropaPress.
