Ciudad de México se ha teñido de verde. Por toda la capital de nueve millones de habitantes se agolpan las multitudes, la tensión va en aumento y la ilusión crece ante uno de los partidos más esperados del Mundial: México contra Inglaterra en el estadio Azteca.
En la avenida central de la ciudad se ha cortado el tráfico, a la espera de que cientos de miles de aficionados vean el partido en las pantallas gigantes que salpican el Paseo de la Reforma.
En los alrededores del emblemático Azteca, todo el mundo habla de historia.
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"Este partido significa todo”, afirma Adriana Martínez, de 28 años, que lleva unas botas de vaquero blancas atadas con cintas en los colores verde, rojo y blanco de la bandera mexicana. “(Los jugadores locales) van a hacer historia hoy”.
El peso del pasado se hace sentir tanto para Inglaterra como para México. Para los británicos, el recuerdo de la derrota ante la pícara genialidad de Diego Maradona en el Azteca en 1986. Para los latinoamericanos, la maldición que ha impedido al equipo alcanzar los cuartos de final de un Mundial durante 40 años. Ambos equipos esperan acabar con esos fantasmas este domingo.
"Quien marque hoy se convertirá en una leyenda para siempre", dijo Noa, de 12 años, que asistía al partido con su padre.
En las callejuelas que rodean el estadio, la policía antidisturbios tiene los zapatos lustrados, fuera de la vista pero a la espera de intervenir. Un solitario grupo de Testigos de Jehová intenta convertir a los transeúntes, pero el mar de camisetas verdes ya sabe por qué reza.
La fe aquí ha ido creciendo con cada partido que ha disputado México. Multitudes cada vez más numerosas han salido a las calles para celebrar cada triunfo; tras la victoria sobre Ecuador, más de un millón de personas se congregaron en toda la capital. Acompañando a ese optimismo contagioso ha estado el mantra "¿Y si sí?"
Se trata de un cambio de rumbo extraordinario para un equipo considerado tan falto de estrellas antes del torneo que los anunciantes optaron por recurrir a antiguas leyendas para sus campañas.
Axel Villarreal, un aficionado de 23 años de la ciudad norteña de Tampico, llegó a Ciudad de México antes del amanecer del domingo tras un viaje nocturno en autobús de seis horas. No tiene entrada, pero estaba decidido a vivir el partido en la capital.
"Queremos vivir una experiencia, la de tener el Mundial aquí en casa", dijo Villarreal, cerca del monumento del Ángel, donde los mexicanos siempre se reúnen en los momentos cruciales de su historia. "Yo, la verdad, estoy con la ilusión de que (el equipo) sí pueda pasar".
TODO SOBRE LA ALTITUD
Los preparativos para el partido han estado dominados por el análisis de la altitud, ya que el Azteca se eleva muy por encima de la mayoría de los estadios internacionales de fútbol, a más de 2,200 metros —aproximadamente a la misma altura que una estación de esquí alpina media—.
México solo ha perdido dos partidos oficiales en el Azteca desde que el estadio se inauguró en 1966. La selección mexicana lleva semanas entrenando en la ciudad, mientras que la inglesa no llegó hasta el viernes.
Los aficionados ingleses se quejaron en las redes sociales de la ventaja injusta que supone la altitud, lo que llevó a los mexicanos a bromear diciendo que quizá deberían haber cavado un agujero gigante para bajar el famoso estadio a un nivel más adecuado.
A Inglaterra se le proporcionó seguridad adicional en los alrededores de su hotel después de que Ecuador se quejara ante la FIFA por el ruido que hacían los aficionados frente al suyo antes del partido de dieciseisavos de final contra México de esta semana. Los vídeos difundidos el domingo en las redes sociales mostraban a aficionados mexicanos lanzando fuegos artificiales y tocando trompetas y tambores, aunque parecían estar bastante lejos del perímetro de seguridad que rodeaba el hotel de Inglaterra.
Las principales marcas de México se sumaron a una divertida campaña viral en la que instaban a los aficionados a evitar los nombres y expresiones en inglés. Bajo la etiqueta "Operativo no inglés", las empresas prohibieron ciertos términos habituales. Pizza Hut sugirió sustituir la salsa Worcester, conocida en México como "salsa inglesa", por un condimento a base de chile. Mitsubishi bromeó diciendo que sus mecánicos evitarían utilizar la herramienta conocida como "llave inglesa", mientras la selección nacional estuviera en el campo.
De vuelta en Gran Bretaña, la cadena de panaderías Greggs afirmó que había retirado sus sándwiches mexicanos del menú.
Tim Allen, un aficionado inglés de 56 años de Southend, afirmó que la ventaja de jugar en casa de México podría resultar decisiva.
"El factor clave es que cuentan con 80,000 aficionados en su estadio", señaló. "Son todos fanáticos".
"Va a ser una locura", añadió con entusiasmo.
Con información de Reuters
