El debate en torno a la planta de procesamiento de uranio de la empresa estatal Dioxitek en Formosa volvió a intensificarse en el ámbito científico y técnico, en un contexto marcado por la paralización de la obra por falta de financiamiento nacional y por la discusión sobre el rumbo estratégico del sector nuclear argentino. Desde ese espacio, referentes del área afirmaron que la planta formoseña debe concluirse y advirtieron que su detención implica un retroceso en una política industrial y tecnológica de carácter federal.
La posición fue expresada por el físico Rolando Granada, profesor emérito del Instituto Balseiro e investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), quien defendió el proyecto nuclear en Formosa y señaló que la paralización no responde a fallas técnicas ni de diseño, sino a decisiones políticas vinculadas al desfinanciamiento de la ciencia y la tecnología. Según explicó, la obra avanzó de manera sostenida hasta quedar frenada por la interrupción del flujo de fondos nacionales, una situación que se arrastra desde gestiones anteriores y que aún no fue revertida.
Granada subrayó que la nueva planta de procesamiento de uranio en Formosa no es un emprendimiento provincial aislado, sino parte de una política nuclear nacional de interés estratégico. En ese sentido, remarcó que su detención constituye una señal preocupante para el desarrollo federal, ya que posterga una infraestructura pensada para ampliar la capacidad productiva del país y reducir la dependencia de proveedores externos en un sector clave como el nuclear.
La situación de la planta volvió a ganar visibilidad en septiembre de 2025, tras la firma de un memorando de entendimiento entre Dioxitek y la firma estadounidense NANO Nuclear Energy, que manifestó su interés en realizar inversiones estratégicas en la Argentina. En ese acuerdo se destacó que el país tiene una oportunidad concreta para desarrollar capacidades de conversión de uranio y posicionarse en un mercado internacional donde escasean insumos críticos del ciclo nuclear. Sin embargo, pese a esas proyecciones, la realidad en Formosa sigue siendo la de una obra paralizada.
Actualmente, Dioxitek concentra su actividad en la planta de Córdoba, donde convierte el concentrado de uranio en dióxido de uranio que luego utiliza Conuar para la fabricación de elementos combustibles destinados a las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse. Allí, la empresa logró en 2024 una recomposición económica tras renegociar la tarifa que le abona Nucleoeléctrica Argentina, lo que permitió avanzar con un plan de inversiones para modernizar la instalación y elevar su capacidad productiva.
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En contraste, la planta de Formosa permanece detenida y solo se realizan tareas mínimas de conservación para evitar el deterioro de la infraestructura ya construida. Esta instalación fue concebida para producir dióxido de uranio y eventualmente hexafluoruro de uranio (UF6), un insumo indispensable para los procesos de enriquecimiento y de alto valor agregado en el mercado internacional. Su puesta en marcha permitiría diversificar la matriz industrial nuclear del país y generar nuevas oportunidades productivas en el norte argentino.
Desde el sector técnico advierten que mantener la planta inactiva no solo implica desaprovechar una inversión ya realizada, sino también resignar capacidades estratégicas en un contexto global complejo. Granada explicó que los cuestionamientos ambientales suelen basarse en información incorrecta y recordó que el proceso está diseñado para minimizar pérdidas de uranio y que los residuos no son altamente contaminantes. Además, señaló que el proyecto cumplió con instancias de participación ciudadana y cuenta con respaldo judicial.
En noviembre de 2025, la Corte Suprema de Justicia de la Nación se expidió sobre el caso y sostuvo que no se había demostrado la existencia de un daño ambiental actual o inminente, además de reconocer que la actividad de Dioxitek se enmarca en una política nuclear federal de interés público. Para los especialistas, este fallo despejó uno de los principales argumentos utilizados para frenar la obra.
En paralelo, desde la CNEA se planteó como objetivo estratégico retomar el enriquecimiento de uranio en el país mediante tecnología de centrífugas en el Complejo Pilcaniyeu, en Río Negro. En ese esquema, la planta de Formosa estaba llamada a cumplir un rol complementario central. Sin embargo, mientras no se destrabe el financiamiento y no exista una decisión política clara para reactivar las obras, ese potencial continúa en pausa.
