La arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, pidió perdón el jueves por el papel que desempeñó la Iglesia de Inglaterra al separar por la fuerza a 185.000 niños de sus madres solteras y darlos en adopción en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.
En aquella época, las iglesias cristianas y el Estado británico crearon un sistema en el que se avergonzaba a las jóvenes con hijos fuera del matrimonio y se las coaccionaba para que entregaran a sus bebés, con el fin de cumplir con lo que, según ellos, eran las normas sociales imperantes.
El papel de la Iglesia de Inglaterra en esta práctica se materializó a través de los denominados "hogares para madres y bebés", a los que se enviaba a las mujeres solteras, a menudo en contra de su voluntad, durante el embarazo o tras dar a luz, y donde se las separaba de sus bebés, un sistema similar al que llevaba a cabo la Iglesia católica en Irlanda.
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"Lamentamos profundamente el dolor, el trauma y el estigma que sufrieron —y que aún padecen— muchas personas a causa de las prácticas históricas de adopción en los hogares afiliados a la Iglesia de Inglaterra", declaró Mullally, según se cita en un comunicado de la Iglesia de Inglaterra.
También se espera que el Gobierno pida perdón en nombre del Estado por esta práctica. Otros países, entre ellos Irlanda y Australia, han emitido en los últimos años disculpas similares.
El Movimiento de Adultos Adoptados, que representa a las personas que fueron adoptadas a la fuerza, criticó el comunicado de la Iglesia de Inglaterra por lo que calificó de "lenguaje minimizador, pasivo y distanciador", añadiendo que no había reconocido los daños concretos causados.
Un informe publicado por la Iglesia el jueves indicó, junto con la disculpa, que podría haber habido hasta 200 hogares para madres y bebés entre 1949 y 1976. El informe señaló que la vida en dichos centros, donde algunas mujeres se vieron obligadas a vivir durante varios años, se "caracterizaba por las tareas domésticas, la oración y la penitencia".
Otro informe gubernamental publicado en marzo calificó de "inhumano" el trato que recibieron las futuras madres, muchas de ellas menores de 18 años, durante el embarazo y el parto, e indicó que las personas adoptadas sufrieron consecuencias que les acompañaron toda la vida a raíz de las separaciones.
(Editado en español por Carlos Serrano)
