El periodismo perdió a una de sus firmas más influyentes. Mark Singer, histórico cronista y perfilador de The New Yorker, murió este viernes en la ciudad de Nueva York a los 75 años.
Según confirmó su hijo Tim, el periodista falleció en un hospital a causa de un cáncer de glándula salival. La noticia generó conmoción en el ámbito periodístico y cultural de Estados Unidos, donde Singer era considerado una referencia por su estilo agudo, su humor refinado y su capacidad para retratar personajes singulares.
Singer ingresó a The New Yorker con apenas 23 años y desarrolló gran parte de su carrera dentro de la prestigiosa publicación. A lo largo de décadas escribió artículos para la tradicional sección "Talk of the Town", analizó temas de relevancia nacional y recorrió Estados Unidos como cronista de la columna "U.S. Journal". Sin embargo, fue especialmente reconocido por sus perfiles periodísticos, dedicados a personajes tan diversos como el ilusionista Ricky Jay, grupos de excéntricos neoyorquinos y el empresario Donald Trump, mucho antes de que llegara a la política.
David Remnick, actual editor de la revista, destacó su legado: “Él provenía de la tradición de A.J. Liebling, Joseph Mitchell y Calvin Trillin, combinando un reporteo meticuloso con una voz cómica muy particular, algo extremadamente raro”.
Un maestro de la no ficción
Nacido el 19 de octubre de 1950 en Tulsa, Oklahoma, Singer estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Yale, donde tuvo como mentor al reconocido escritor William Zinsser. Además de sus trabajos periodísticos, publicó libros como Funny Money, Citizen K: The Deeply Weird American Journey of Brett Kimberlin y Somewhere in America, consolidando una obra caracterizada por la observación minuciosa y el retrato de personajes tan complejos como fascinantes.
