La madre del cantante estadounidense Oliver Tree rompió el silencio a un mes y medio de la tragedia que le costó la vida a su hijo, al youtuber argentino Gaspi y a otras cuatro personas en un choque de helicópteros ocurrido en Río de Janeiro. Christine Begin Nickell reconstruyó, en una entrevista, los últimos días de vida del artista y reveló detalles hasta ahora desconocidos sobre el plan que tenían para esa jornada fatal.
Una charla que quedó grabada para siempre
El accidente se produjo el domingo 14 de junio, alrededor de las 9 de la mañana, cuando dos helicópteros colisionaron en pleno vuelo y cayeron sobre un estacionamiento en la zona de Recreio dos Bandeirantes. Además de Oliver Tree y Gaspi, murieron el director de cine Lucas Vignale, el productor musical Lucas Frota y los dos pilotos de las aeronaves.
Según relató Christine, la última vez que habló con su hijo fue el día previo al siniestro. Le había escrito para preguntarle cómo le iba con dejar de fumar, algo que Oliver le había prometido apenas arrancara la gira. La respuesta llegó de inmediato: la mujer contó, entre risas, que el cantante la llamó por FaceTime y le pegó una pitada bien grande frente a la cámara. Lo describió feliz, con ganas de todo.
El plan secreto para el domingo
Fue en esa misma conversación donde Oliver le adelantó lo que tenía pensado hacer al día siguiente: subirse a un helicóptero junto a Gaspi y Vignale para llegar hasta una casa en la cima de una montaña, con la idea de componer música y grabar contenido para TikTok junto a sus amigos.
Christine también se refirió a la personalidad de su hijo. Dijo que vivía obsesionado con los "días épicos" y que cada uno le parecía más memorable que el anterior, una definición que hoy se lee de otra manera. Según su testimonio, el músico atravesaba un presente artístico y personal muy positivo.
El homenaje en su ciudad natal
La revelación se conoció días después del homenaje que organizaron familiares y amigos en un anfiteatro de Santa Cruz, California, ciudad donde nació Oliver Tree. Allí se armó una puesta particular: tres maniquíes vestidos con los cortavientos, lentes y sombreros de cowboy que identificaban al artista, colocados dentro de ataúdes como parte de la ceremonia. El encuentro reunió a su círculo más cercano en el lugar donde creció, lejos del estacionamiento carioca donde todo terminó.
