El salario dejó de garantizar un techo: cada vez hacen falta más ingresos para alquilar

Hace diez años un salario mínimo alcanzaba, en términos generales, para cubrir el alquiler de un monoambiente, pero hoy hacen falta casi dos. La brecha entre ingresos y vivienda obliga a millones de hogares a endeudarse, sumar empleos o recortar gastos esenciales para no quedar en la calle.

09 de julio, 2026 | 00.05

Tener trabajo ya no garantiza poder alquilar una vivienda. La combinación entre salarios cada vez más rezagados y alquileres que avanzan por encima de los ingresos quebró una relación que durante décadas funcionó como una referencia básica para millones de trabajadores. En concreto, si hace diez años atrás un salario mínimo alcanzaba, en términos generales, para cubrir el alquiler de un monoambiente, hoy hacen falta casi dos para afrontar ese mismo gasto.

Lejos de tratarse únicamente de una suba de precios, el fenómeno refleja un deterioro más profundo. Mientras los alquileres avanzaron muy por encima de los ingresos y la desregulación impulsada por el actual Gobierno nacional modificó las condiciones del mercado, el salario perdió una de sus funciones esenciales: permitir el acceso a un techo.

Las consecuencias son más que evidentes en el día a día en la medida en que el alquiler pasó de ser un gasto importante dentro del presupuesto familiar a convertirse en un factor de endeudamiento, pluriempleo y recorte de consumos básicos.

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Trabajar ya no garantiza un techo

En Argentina, más del 20% de los hogares vive en una vivienda alquilada, esto representa una suba del 70,4% desde 2010. Sin embargo, ese crecimiento se da en un contexto de fuerte deterioro en la accesibilidad: desde fines de 2023, los precios de los alquileres aumentan por encima de la inflación y, sobre todo, de los salarios, al punto de que alquilar se vuelve inaccesible incluso para sectores con empleo formal.

Tras la derogación de la Ley Nacional de Alquileres (N°27.551) en diciembre de 2023, lo cierto es que los precios continuaron creciendo a un ritmo acelerado, dejando en evidencia la cada vez mayor dificultad para sostener el pago de una vivienda en Argentina. Si se analizan las aperturas del Índice de Precios al Consumidor (IPC-INDEC), se observa que el alquiler fue uno de los componentes que más aumentó en términos acumulados entre diciembre 2023 -inicio del Gobierno de Javier Milei- e igual mes del 2025. En consecuencia, en los primeros dos años de gestión libertaria, la suba del alquiler resultó superior al 500% en todas las regiones del país (mientras la inflación oficial en el periodo se ubicó en torno al 230%).

La mayor parte de los contratos firmados desde entonces tiene una duración de un año (con la ley anterior era de tres años) a la vez que con mayor frecuencia se imponen actualizaciones trimestrales o cuatrimestrales para los ajustes de precios. La situación se agrava al considerar que el cobro de comisiones inmobiliarias al inquilino, incluso por fuera de la ley, sigue siendo una práctica extendida. 

Por su lado, el alza del precio del alquiler tuvo lugar a la par de una sostenida pulverización del poder adquisitivo de los ingresos. En concreto, el salario mínimo de referencia perdió capacidad de compra y acumuló una caída real de 39,7% desde noviembre de 2023, según un informe elaborado por la Universidad de Buenos Aires (UBA-CONICET). De acuerdo con la casa de estudios, para recuperar lo perdido el ingreso debería ubicarse en torno a 1.800.000 pesos. No obstante, en el escenario actual, más del 20,0% de los trabajadores en nuestro país gana menos que el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVyM) y al menos dos de cada diez trabajadores son pobres.

Considerando ambos factores, la comparación histórica muestra con claridad cómo se deterioró la relación entre trabajo y acceso a la vivienda. Hace diez años un salario mínimo alcanzaba, en términos generales, para cubrir el alquiler de un monoambiente. Hoy esa ecuación se quebró y hacen falta 1,7 salarios mínimos para afrontar ese mismo gasto, sin incluir expensas ni servicios.

Si se pone la lupa sobre lo sucedido en lo que va de la gestión de La Libertad Avanza (LLA) se aprecia que, para noviembre de 2023, el salario mínimo ($146.000) cubría el 65% de un alquiler ($225.000), pero dos años y medio después ya perdió cinco puntos y cubre apenas el 60% del valor de un monoambiente ($600.000) sin contemplar el gasto de expensas, que pasó de representar del 10% al 22% de los ingresos.

A su vez, los jubilados que tienen un ingreso de $463.000 deben gastar el 80% del mismo en el alquiler de un departamento monoambiente medio, de nuevo, sin incluir expensas ni servicios. De esta manera, pagar un techo donde vivir demanda casi todo el ingreso y expone una nueva barrera para trabajadores y jubilados al momento de acceder a derecho básico.

Deuda para pagar un techo  

En la coyuntura actual, el cada vez mayor esfuerzo salarial de las familias para hacer frente a este gasto mensual se tradujo en más horas de trabajo y más en endeudamiento del hogar.

Por un lado, en la actualidad, el 46% de los inquilinos se vio obligado a buscar más de un trabajo para intentar cubrir los gastos de subsistencia cotidiana. Así se desprendió de la Encuesta Nacional Inquilina del cierre de año previo donde además quedó en evidencia que, pese a intentar sumar más fuentes de ingresos, otro factor de la vida inquilina tiene que ver con los recortes en consumos diarios: 91,7% recortó salidas y 86,3% gastos e vestimenta, en tanto que el 60,3% se vio en la necesidad de ajustar compras de alimentos y el 52,3% hizo recortes en la atención de salud.

Por otra parte, casi el 80% de los hogares que se endeudaron lo hicieron puntualmente para pagar el alquiler ante el inminente riesgo de desalojo, aunque a costa de que se acumulen deudas con prestamistas y en el pago de otro tipo de servicios. Así lo reflejó el relevamiento nacional, donde se destacó que “a la hora de tomar decisiones económicas, los hogares inquilinos tienden a endeudarse (incluso con instituciones financieras que les cobran altas tasas de interés), trabajar más horas o dejar de ahorrar antes que suspender el pago del alquiler”. 

De esta manera, en un país donde cada vez más hogares dependen del mercado de alquileres para acceder a un techo, la creciente distancia entre los ingresos y el costo de la vivienda redefine las condiciones de vida de millones de personas. La dificultad ya no pasa sólo por encontrar un alquiler disponible, sino por contar con un salario capaz de sostenerlo. Dicho de otro modo, el problema ya no es sólo que alquilar sea más caro sino que trabajar dejó de garantizar el acceso a una vivienda digna.